Un científico reflexiona sobre la creencia religiosa

Dr. Allan Sandage

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El Dr. Allan Sandage, astrónomo, obtuvo el premio Crafoord, equivalente al premio Nobel en astronomía. En sus inicios trabajó bajo Edwin Hubble, llamado "el padre de la cosmología observacional" y luego de su muerte en 1953 siguió estudiando la expansión del universo. En gran medida gracias a sus esfuerzos incansables, los astrónomos hoy conocen la fecha del evento de la creación en forma mucho más exacta que unas décadas atrás.

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P. ¿Puede probarse la existencia de Dios?

Yo diría que no con el mismo tipo de certeza que atribuimos a afirmaciones como "la Tierra está en una órbita alrededor del sol, a una distancia media de 150 millones de kilómetros, y hace un recorrido completo en 365,25 días," o "la información genética está codificada en largas cadenas de proteínas de ADN que se reproducen durante la mitosis, en las células de un individuo específico, y al reproducirse se unen con el ADN de otro individuo para producir la similitud hereditaria de la progenie con sus padres, etc." Es innegable el tremendo éxito de la ciencia moderna en producir este tipo de datos, que tienen una fuerte sensación de certeza, y este éxito simplemente no puede ser ignorado.

Las pruebas de la existencia de Dios siempre han sido de otro tipo, y este es un punto crítico que deben entender aquellos científicos que sólo quieren aceptar los resultados que pueden ser obtenidos a través del método científico. Dios nunca puede ser probado para ellos por esta razón. (Quienes niegan a Dios de entrada, por algún tipo de razonamiento circular, nunca encontrarán a Dios.) La ciencia ilumina fuertemente, pero sólo una parte de la realidad.

Las pruebas clásicas de Dios de Anselmo y Santo Tomás de Aquino mediante la teología natural no ofrecen el mismo tipo de satisfacción que las pruebas de proposiciones obtenidas por el método de la ciencia. Para la mente moderna, parecen forzadas. No obstante, fueron suficientes para que Pascal llegara finalmente a su certeza de la existencia de Dios, porque preparó su mente para la necesidad de Dios, si el mundo habría de tener algún sentido final. Después de esta preparación, pudo entonces simplemente abandonar al Dios de la teología natural y de los filósofos, y finalmente pudo llegar a la fe saltando el abismo desde el borde de la razón de este lado de la sima. Yo diría que, para quienes han experimentado este camino a Dios, la existencia de Dios ha sido probada fuera de toda duda.

P. ¿Debe haber necesariamente un conflicto entre la ciencia y la religión?

En mi opinión, no, si entendemos que cada uno trata con diferentes aspectos de la realidad. La Biblia indudablemente no es un libro científico. Uno no la estudia para encontrar las intensidades y las longitudes de onda de las líneas espectrales de Balmer del hidrógeno. Pero tampoco se ocupa la ciencia de las propiedades espirituales últimas del mundo, que son también reales.

La ciencia pone en evidencia el increíble orden natural, las interconexiones en muchos niveles entre las leyes de la física, las reacciones químicas de los procesos biológicos de la vida, etc. Pero la ciencia sólo puede contestar ciertas preguntas fijas. Le interesa el qué, el cuándo y el cómo. No contesta (ni puede hacerlo) dentro de su método, por más poderoso que sea, el por qué.

¿Por qué existe algo en vez de nada? ¿Por qué todos los electrones tienen la misma carga y masa? ¿Por qué el diseño que vemos en todas partes es tan verdaderamente milagroso? ¿Por qué hay tantos procesos tan profundamente interconectados?

Pero debemos admitir que aquellos científicos que quieran ver el diseño lo verán. Quienes se conforman con vivir en cada parte de su vida como reduccionistas materialistas (algo que debemos hacer todos los científicos en el laboratorio, que es el lugar donde practicamos nuestro oficio) nunca reconocerán el misterio del diseño que ven, y siempre estarán avanzando de a un paso, esperando una explicación reduccionista para lo que actualmente se desconoce. Sin embargo, llevar esta creencia reduccionista al nivel más profundo y a un tiempo indefinido en el futuro (que siempre seguirá siendo indefinido), cuando "la ciencia lo sabrá todo," es en sí mismo un acto de fe que niega que pueda haber algo desconocido para la ciencia, aun en teoría. Pero las cosas del espíritu no son cosas de la ciencia.

No tiene que haber ningún conflicto entre la ciencia y la religión, si cada uno reconoce sus propios límites y cada uno toma en serio las afirmaciones del otro. El éxito comprobado de la ciencia no puede ser ignorado simplemente por la iglesia. Pero tampoco puede ser descartada la pretensión de la iglesia de explicar el mundo en su nivel más profundo. Si Dios no existiera, la ciencia tendría que inventar el concepto (de hecho, ha ocurrido) para explicar lo que está descubriendo en sus raíces. La afirmación de Abelardo en el siglo XII, "La verdad no puede ser contraria a la verdad. Los hallazgos de la razón deben concordar con las verdades de las Escrituras, porque si no el Dios que nos ha dado ambas nos ha engañado en una o en la otra," sigue siendo cierta.

Si no existe Dios, nada tiene sentido. El caso del ateo está basado en un autoengaño que surge de su premisa inicial. Y, si existe Dios, debe ser verdadero tanto para la ciencia como para la religión. Si esto no parece ser así, entonces la hermenéutica de alguno de los dos (ya sea del pastor o del científico) debe estar errada.

Yo creo que hay una responsabilidad clara, seria e inmediata para que la iglesia comprenda y crea los resultados y afirmaciones extraordinarios de la ciencia. Su éxito es simplemente demasiado evidente y visible como para ser ignorado. Además, les corresponde a los científicos entender que la ciencia es incapaz, debido a las limitaciones de su método que sólo usa la razón, de explicar y entender todo acerca de la realidad. Si el mundo debe ser entendido simplemente mediante un nihilismo reduccionista y materialista, no tendría ningún sentido. Ante esto, Romanos 1:19-21 parece sumamente profundo. Y, cuando más a fondo impulsa su trabajo un científico, ciertamente se vuelve más profundo.

P. ¿Tienen significación teológica los descubrimientos astronómicos recientes?

Yo diría que no, si bien el descubrimiento de la expansión del universo, con sus consecuencias relacionadas con la posibilidad de que los astrónomos hayan identificado el evento de la creación, ciertamente acerca a la cosmología al tipo de teología natural que intentaba encontrar a Dios identificando la primera causa. Los astrónomos pueden haber encontrado el primer efecto, pero no necesariamente la primera causa que buscaban Anselmo y Santo Tomás de Aquino.

No obstante, hay artículos científicos serios que discuten los sucesos que ocurrieron justo después del evento de creación del Big Bang (¿ex nihilo?) a partir del cual todos los tipos de materia que conocemos (bariones, electrones, fotones, etc.) fueron hechos, y la cantidad de esta materia. Hoy se dice que podemos entender aun la creación de la materia. Las observaciones astronómicas han sugerido también que este evento de la creación, señalado por la expansión del universo, ha ocurrido sólo una vez. La expansión continuará para siempre, el universo no colapsará sobre sí mismo y, por lo tanto, este tipo de creación no volverá a ocurrir.

Pero el conocimiento de la creación no es conocimiento acerca del creador, ni nos dicen ningún hallazgo astronómico por qué ocurrió el evento. Es ciertamente sobrenatural (es decir, fuera de nuestra comprensión del orden natural de las cosas) y, según esta definición, un milagro. Pero no encontraremos la naturaleza de Dios dentro de ninguna parte de estos hallazgos de la ciencia. Para esto, uno debe dirigirse a las Escrituras, si buscamos tener una respuesta dentro de nuestra comprensión humana finita.

P. ¿Puede una persona ser un científico y también un cristiano?

Sí. Como dije antes, el mundo es demasiado complicado en todas sus partes e interconexiones como para ser el resultado sólo del azar. Estoy convencido de que la existencia de la vida, con todo el orden que muestra en cada uno de los organismos, muestra que simplemente está demasiado bien construida. Cada parte de una célula viva depende de otras partes para funcionar. ¿Cómo sabe cada parte? ¿Cómo se especifica cada parte en la concepción? Cuando más aprende uno sobre la bioquímica, mas increíble se vuelve, a menos que exista algún principio organizador-un arquitecto, para los creyentes-un misterio a ser resuelto por la ciencia para los reduccionistas materialistas (aun en cuanto al por qué) en algún punto del futuro indefinido.

Esta cuestión de la complicación y el orden que necesita un organismo para funcionar, donde la suma es más que las partes (es decir, tiene un orden superior), se vuelve más asombroso cada año, a medida que los resultados científicos se vuelven más detallados. Debido a esto, muchos científicos están siendo llevados a la fe por su mismo trabajo. Simplemente no creo ahora que la filosofía reduccionista, tan necesaria para el método científico-y, repito, el método que todos los científicos deben dominar y practicar con todas sus fuerzas y capacidad en sus laboratorios-pueda explicarlo todo.

En consecuencia, habiendo sido forzados por la ruta de Pascal y de Kierkegaard, en su necesidad de propósito, a llegar al borde del abismo de la razón, los científicos pueden, como Anselmo, "creer a fin de entender" lo que ven, en vez de "entender a fin de creer." Impulsados por la fe a saltar al otro lado, pueden inicialmente tender una pequeñísima hebra sobe el abismo, la que tirará a su vez una soga más robusta, hasta que finalmente logren construir un puente que cruza en sentido inverso la sima que conecta los dos lados de la vida, la razón y la fe. Por lo tanto, es por la fe que el científico puede hacerse cristiano, sin dejar de ser un científico que cree en alguna forma de la declaración de Abelardo.

Sin esa fe, entonces, no hay propósito, y sin propósito todos los argumentos a favor de su necesidad lo impulsan a uno, una vez más, a construir el puente de Pascal.-

 

Traducción: Alejandro Field

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Actualizado: 14/04/2004