Espada & Mortero

 

Los Últimos Tiempos

 

Ignacio García

 

 

Introducción

 

El envío de un correo a mi buzón de e-mail (Noviembre 30, 2004) ha sido el que me ha impulsado a la escritura de este artículo El correo recibido es una propaganda de la organización Left Behind Prophecy, un ministerio dedicado al estudio de la profecía a cargo de Tim LaHaye & Jerry Jenkins,  quienes han realizado, además de algunos best-sellers,  algunas cintas famosas como  “Dejados atrás” y “Código Secreto”, con tendencia aparentemente cristiana-evangélica. Si bien, tanto los libros como películas de este ministerio han tenido un gran éxito de ventas, me parece que su intento por interpretar los “últimos tiempos” es uno más de todos los que se han dado a lo largo de casi 2000 años de cristianismo. Aclaro, no creo que tenga nada de malo el tratar de interpretar las “señales” que parecen preceder la Segunda Venida de Cristo, pero sí que se tome este fenómeno como instrumento de manipulación, la cual tiene propósitos totalmente ajenos a la doctrina cristiana: hablo de los cientos de “profetas” que manipulando “los últimos tiempos” llevan a sus creyentes a prácticas realmente bizarras, a humillarlos en su vida espiritual y estafar sus ya de por sí empobrecidos bolsillos.

En este artículo trataré de mostrar por qué considero que el cristiano evangélico debe tener mucho cuidado de cualquier individuo  que se aparezca clamando que estos son “los últimos tiempos”. Como botón de muestra, de la forma en que se “interpretan” las Escrituras cuando se les liga a ciertos acontecimientos que parecerían delatar el inminente retorno de Cristo, analizo, groso modo, la propaganda que se me ha enviado, la que por otro lado considero es valioso por tratarse de  material de “ultima hora”.

El término “profecía” que se rebate aquí, es el que tiene sentido de “predecir” hechos futuros de la actualidad por boca de profetas falsos. Para nada aludo a la materia de Profecía que se estudia en la iglesia y que tiene que ver con el examen del oficio de profeta en el Antiguo Testamento como instrumento de Dios para exhortar, redargüir, fortalecer y, claro, ver de antemano sucesos históricos que tendrían lugar, como lo es el caso del nacimiento del Mesías.

 

La única e innegable Verdad

 

En todo este asunto de la moderna profecía acerca de los últimos tiempos existe una verdad innegable: el tiempo de la segunda venida del Señor, sólo Dios lo sabe (Mateo 24:36,42) Esto no implica que debamos dejar a un lado, olvidarnos, de este acontecimiento el cual  es parte vertebral de nuestra esperanza; de tal forma que, por ello mismo, celebramos la comunión como recordatorio de que Cristo vendrá en su Gloria. Nadie se ha olvidado de eso ni lo tiene por tardanza. El sacramento mismo de la Santa Cena (la cual celebraremos hasta que Él regrese) da constancia de que no hemos apostatado en cuanto al advenimiento del Señor. Pero ésta, es la única práctica bíblica explícita dada a los creyentes en las Escrituras. Todo lo demás son, en realidad, puras especulaciones, algunas realmente ridículas y extravagantes.

Ahora, si el único que sabe día y hora  del regreso de Cristo es Dios, ¿por qué algunos que se auto-nombran profetas le buscan tres colas al gato y tratan de fijar sus propios tiempos? ¡Ah!, dicen algunos,  porque Jesús autorizó interpretar los tiempos. Esto, efectivamente, es totalmente bíblico. El discernimiento de las cosas presentes y por venir es incluso un don que el Espíritu Santo reparte a un número de creyentes. Sólo que no se ha entendido que la “interpretación” jamás va a estar, ni puede estar  sobre la autoridad bíblica: debe haber un equilibrio entre ambas cosas...Lo cual dejan de hacer la mayoría de los lanzados para “profetas”. Éstos no toman en cuenta un hecho de lógica y método de investigación incuestionable, y que dice:

 

Dado que sólo Dios conoce este hecho concreto, todo lo demás resultará en especulación.

 

Afirmar lo contrario a este enunciado, es decir: que el hombre, cualquiera aunque se llame profeta, también conoce del día del regreso del Señor, es contradecir a Dios y a la Escritura. Así de fácil.

 

Interpretación versus Señal

 

El problema de la interpretación profética, como se ve, es de metodología: se da más importancia a la Interpretación que a la Señal; se da por sentado que las señales (guerras, pestes, inundaciones, aumento de la ciencia) son iguales(y a veces superiores) a la interpretación. Como esto naturalmente es falsísimo,  el resultado es una larga cadena de inexactitudes, estafas y mentiras a lo largo de los tiempos; la lista de señales dada por Jesús, en los evangelios, es traída de aquí para allá a través de los siglos como “prueba” de que ahora sí Él ya viene... Y no viene.

Cuando se comienza a torcer la Biblia, a exprimirla para que cuadre con el escenario de interpretación de  cada “profeta” en lo individual, entonces ya no es la Biblia sino el profeta quien  viene a ser la Autoridad prácticamente hablando; la Biblia pasa a un segundo plano pues vale más, por ejemplo,  el cálculo dizque matemático de las semanas de Daniel, que el misterio sugerido por el mismo Daniel. Tan  falso llega a ser el tal “intérprete-profeta” que pasa a ocupar el escenario y centro de atención, sustituyendo a la Palabra; el profeta comienza a hacerse de miles de seguidores que creen en sus predicciones, en vez de que la Biblia se haga de miles de lectores.

Finalmente,  si se deja que el profeta le siga echando leña a su costal de mentiras,  antes de lo esperado  éste se hallará hablando una serie de tonterías para defender su interpretación; los ajustes que luego hará (puesto que sus predicciones invariablemente le fallan) no son menos ridículos. Porque, obviamente y lógicamente, las señales que ellos consideran como definitivas de los “últimos tiempos”, llegan a no cuadrarles, a no cumplirse. Entonces vienen los parches ─como los que la Sra. White, de los adventistas, aplicó a los malos cálculos de William Millar y su pretendido fin del mundo en 1843─. Lo más trágico de todo en el universo de los creyentes es que, ingenua y fanáticamente, ¡llegan también a creer en los remiendos que hace el tal profeta! Y uno se pregunta: ¿Por qué no simplemente los equivocados “ministros” de la “profecía”  aceptan que se equivocaron? Es difícil. Para cuando ellos andan remendando sus predicciones, ya se han echado encima algunos compromisos económicos, tienen circulando miles de ejemplares de sus libros, ya ocupan un alto puesto en la jerarquía de  su organización, o simplemente (y de acuerdo a los estudiosos de la psicología) ya su protagonismo en el escenario es tal que son incapaces de renunciar a la alabanza y el culto personal.

Y surge otra pregunta: Si la historia de la segunda venida de Cristo ha sido una cadena de especulaciones ¿Por qué ahora sí habríamos de creer que los últimos tiempos son éstos? (Yo no lo niego, no lo sé, sólo Dios lo sabe)

Por cerca de 2000 años estas “interpretaciones”  de los últimos tiempos han sido engañosas, falsas, inexactas, torcidas; en ocasiones, manipuladoras, y no pocas veces, trágicas. ¿Por qué habríamos ahora de creer a los divulgadores de profecía que estos sí, ahora sí, son los últimos tiempos?

 

La contundencia del apóstol Juan

 

En los Evangelios existe un pasaje hermoso, Juan 21:20-23;  tremendamente ilustrativo de lo que trato de decir a lo largo de todo este artículo. La situación es ésta: Cristo había ya resucitado de entre los muertos, se había aparecido a los discípulos y ahora estaba por despedirse de ellos. Antes, había hablado ya con Pedro y hecho aquella famosa pregunta triple de “Pedro ¿me amas?”. Lo que tal vez infló un poco el ego de este apóstol, de tal forma que cuando vio que otro discípulo, Juan,  trataba de unirse a Jesús y él para hacer grupo, Pedro, en un arranque propio de su carácter, pregunta: “¿Y qué de éste?”. La respuesta de Jesús parece cortante, con el filo necesario para calmar a Pedro:

 

Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú?”

 

Esta respuesta de Jesús, tan clara y contundente, generó, sin embargo, una serie de especulaciones entre los demás discípulos y la otra gente que había seguido a Jesús . La declaración de Jesús citaba de refilón el asunto concerniente a su regreso a la tierra; , luego entonces comenzaron las “interpretaciones” de la gente. Una de las versiones surgidas fue esta:

 

“Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría”. 

 

¿Ve usted como desde el principio las interpretaciones comenzaron a ser inexactas? No sé cuántas versiones más habría del dicho de Jesús; pero una era clara: que el Señor vendría cuando Juan aún estuviera vivo, es decir, en no más de 30 años, si se calcula que el alto promedio de vida era de unos 50 años, y Juan tendría unos 20 (aunque según cálculos bien hechos, se estima que el apóstol llegó casi a los 100 años de vida).

Lo importante aquí es esto: a una declaración de Jesús, se le endilga una interpretación, y dicha interpretación es inexacta. ¿Cuántas personas habrían creído a esto y establecido un criterio en el cual se sobreponía la opinión de la gente a lo dicho por Jesús? ¡Pero esto es lo que realmente ocurre hoy en nuestros días con tanto profeta-merolico  que hace lo mismo!

Lo más hermoso de este pasaje no es la inexactitud con que los hermanos interpretaron lo dicho por Jesús, sino la forma apabullante en que Juan desmiente esos rumores. ¿Cómo lo hace? El método parece tautológico, y sin embargo es absolutamente eficaz y no deja lugar a la duda; Juan simplemente aclara este asunto diciendo que:  lo que Jesús quiso decir es lo que quiso decir. A esto se le llama tautología (que da vueltas, que se repite). ¿No es maravillosa la respuesta? Juan la pone así:

 

“Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?”

 

¿Se da cuenta el lector de la dimensión de la respuesta? Juan no se pone a desglosar e “interpretar” lo dicho por Jesús... simplemente remarca que lo dicho por Jesús es lo que es; no le den vuelta al texto, no anden inventando situaciones, no busquen adquirir autoridad de revelación por encima de lo que Él dijo; no pretendan saber más de lo que tan claramente se ha dicho.

La cita de Juan que afirma “Pero Jesús no le dijo...que no moriría”, es un instrumento necesario de nuestros días para rebatir a tanto charlatán que anda por ahí y dice: “Jesús me dijo que...”; y se arranca con una sarta de predicciones falsas.

 

Un breve recuento de los que fallaron

 

En el Nuevo Testamento observamos que los apóstoles se alineaban en el grupo equilibrado: respetaban lo dicho por el Señor acerca de que sólo Dios sabe los tiempos, sopesaban las señales, pero (y aquí está el pero) jamás  pasaron sobre la soberanía de Dios y se pusieron a dar, de forma soberbia,  fechas acerca del advenimiento, ni a forzar señales de que ya el Señor venía. Es imposible que ellos (y todos nosotros) no tuvieran la esperanza de que en su tiempo, ocurriera el acontecimiento: todo mundo quiere eso;  pero una cosa sabían: A pesar de la evidencia, del aparente cumplimiento de ciertas señales, y de la supuesta presencia del Anticristo en la tierra –a pesar de todo esto: DIOS SIGUE SIENDO EL ÚNICO QUE SABE EL DIA Y LA HORA. No hay de otra. Dios no necesita de “ayudas” que le indiquen que “ya es la hora”; por mucho que las “señales” parezcan claras y contundentes, éstas no están por encima de la voluntad de Dios... No obstante, la historia de la profecía y la escatología dentro de los ámbitos cristianos muestra que la práctica de la mayoría de los  “profetas”  ha sido la contraria.

Sería largo aquí nombrar la cadena de profetas mesiánicos que intentaron en el pasado hacer creer a la gente que la venida de Cristo era inminente. Por interés de los evangélicos,  me limito a enfocar una parte de nuestra historia central: la Reforma Protestante. Es claro que dicha Reforma trajo gran inquietud acerca del tema, y que, por su propia condición histórica de persecución y martirio, generó especulaciones acerca de si no fuese ese momento el bueno para que Cristo apareciera de nuevo. Así, en el siglo XV, por ejemplo, Melchor Müeller, de los Hermanos Suizos, en una visión apocalíptica que tuvo, enseñaba que la segunda venida de Cristo estaba a la puerta,  y se decía en nuevo Elías llamado a anunciar este advenimiento. Por su parte (y asómbrese el lector), en 1521 Martín Lutero anunció que el fin del mundo ocurriría en 1524, lo que le hizo apresurar la traducción de la Biblia, dando prioridad al libro de Daniel sobre cualquier otro. Juan Mathys (quien murió en 1534) también “predijo” el hecho; comenzó a enviar seguidores de dos en dos por los pueblos para que predicaran el fin del mundo; lo hizo basado en el mal y subyugante  gobierno que ejercía el rey de los Países Bajos sobre sus gobernados; esta forma de gobernar tan arbitraria daba al rey un perfil para Anticristo; además de que en esas épocas ocurrieron grandes inundaciones y pestes. Para no ser menos,  Bernardo Rothman azuzó a sus creyentes y los apresuró a pelear por lo que él creía sería el advenimiento del milenio y  que la Nueva Jerusalén estaría situada en Münster, población de la que él era oriundo. El asunto de su “profecía” terminó en una verdadera matanza de fieles por parte de los ejércitos del rey.

 

Al leer todo esto, tal vez nos dé risa y digamos: “¡Qué bárbaros! ¿Cómo pudieron hacer esto?” Lo lamentable es que hoy, en el año 2004, tenemos cosas aún más extravagantes que esas …y algunos las creen.; compran libros, videos, o simplemente siguen a predicadores con mensajes verdaderamente  jalados de los pelos… “¡Ah! –decimos para justificar nuestra falta de preparación bíblica— pero es que éstos sí (ahora sí) son los últimos tiempos.”  Y la gente sigue sin reparo alguno a “profetas” que hilan una larga cadena de fraudes. Ahí tienen a “profetas” de la “talla” de William Miller y a la Sra. White de los adventistas, a Carlos Russel de los testigos de Jehová, o al profeta David de los Hijos de Dios, o a los de la Puerta del Cielo, o a David Korsh, o… a Benny Hinn,  etcétera. Todos, milenialistas o no, con un costal de señales y evidencias “fuera de toda duda”, que luego resultan ser un verdadero fiasco a la hora de querer acertar la segunda venida de Cristo. A esta cadena (apenas esbozada) habría que añadir los cientos de “mensajeros” que cada domingo se paran en sus templos para asustar a la gente, “fortalecer” sus falsos ministerios, y darle vuelta a la charola de las ofrendas con la consigna:  “¿Para qué quieres el dinero, si la venida del Señor se acerca…?”

 

Cuadres y descuadres de los aventurados profetas

 

El problema de la profecía errada se ve muy claro; quienes la ejercieron y ejercen sufren del mismo mal: 

 

1)     No respetan la soberanía de Dios (sólo Él sabe los tiempos, y ya)

2)     Ejercen la especulación como método para resolver la interpretación.

3)     Acomodan los acontecimientos por encima de las señales y no las señales por encima de los acontecimientos (que no es lo mismo). En otras palabras, hacen cuadrar a fuerza las señales. 

4)     Son totalmente incapaces e inútiles para acertar, porque si hubieran acertado, ya no estaríamos aquí ¿O sí?.

 

El Anticristo

 

El subrayado se hace porque los “profetas” modernos continúan usando la especulación. Mire usted, tan mal andan las interpretaciones de los profetas  que el Anticristo ha cambiado de personaje unas 50 veces en los últimos 100 años; le han encarnado un sin fin de papeles y actores  de la historia;  desde los heresiarcas de la iglesia primitiva (como Arrio y Marción), hasta un rey perverso del siglo XV en los Países Bajos, pasando por Adolfo Hitler, y Benito Mussolini, recurriendo en Mohamed Kadafi,  hasta llegar al pobre de Saddam Hussein. Los autores de libros y púlpitos que afirmaron que alguno de ellos era el Anticristo, andan por allí, olvidados, obsoletos; ya nadie de los creyentes se acuerda de que algún día creyó en esa “profecía” y se quedó como Charlie Brown: chiflando en la loma. Pocos son los cristianos que, defendiendo la sana doctrina,  han puesto en evidencia esta literatura, que ha ido a la hemeroteca, a la biblioteca, y regresado a su iglesia o escrito un libro y dicho a sus hermanos: “Miren, aquí hay un montón de libros de profecía falsos, inexactos, mentirosos...Ya sus autores desaparecieron y gozan del dinero obtenido por la venta de sus mentiras: cuidado, entonces, con los que hoy en día hacen lo mismo”. Pocos, muy pocos se han parado a denunciar en sus iglesias a estos palabreros que nos mintieron.

Para colmo, debemos decir que esos “profetas” ni siquiera tenían que andar poniendo máscaras al Anticristo. Un examen cuidadoso de las Escrituras les hubiera, y les puede aún, ahorrar ese trabajo. Tratar de averiguar quién es el Anticristo es dar palos de ciego cuando se tienen los ojos bien abiertos, porque  2 Tesalonicense 2 hace ver lo obvio: que el Anticristo se va a manifestar ¡a sí mismo!. Él va a decir quién es, sin necesidad de algún “profeta” que ande adivinando su identidad... ¡Ah! pero si no se le hace así ─si no se especula con el santo y seña del Anticristo─ ¿cómo podrían los “profetas” del fracaso  vender tantos libros,  y la gente ser engañada con tan falsas predicciones, y ellos no ser parte de un protagonismo dañino?

Y la pregunta es: ¿Por qué los “estudiosos” de la profecía tienen que desacreditar una enseñanza tan obvia, tan clara como es esta de la identidad del  Anticristo, en nombre de un  dogmatismo muy personal que resulta de añadirle especulación a la Escritura? Aquí dejo la cuestión.

 

Otros descuadres no menos inexactos

 

De lo que no les cuadra a los “profetas” cuando profetizan, podríamos recoger un acervo que ocuparía un ala de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos: unos 25 mil ejemplares. Si se investiga allí el sistema que utilizó cada “profeta”, se verá que siempre es el de “refutar” y criticar a sus predecesores, y apostar entonces por otra interpretación que, ahora sí, dicen, es la verdadera. Generalmente utilizan un método que básicamente les falla: miran señales donde no las hay. El proceso del acierto se vuelve entonces adivinatorio. He aquí algunos ejemplos.

Desde el ascenso comunista de Lenin al poder de la Unión Soviética, ésta fue puesta en el ojo del huracán profético: se decía que de la URSS vendría el temido Anticristo… que posiblemente Lenin lo era. Pero Lenin murió, y su lugar fue ocupado por Stalin, quien inmediatamente pasó a ocupar el lugar de Anticristo y la URSS como evidencia clara de que satanás había tomado el poder del mundo. Pero se fue Stalin y vino Krushev. El argumento satánico bajó de tono. Aún así la URSS no dejó de interesar a los profetas. Según un famosísimo libro de Hal Lindsay de los años 70´s, la URSS era nada más y nada menos que la Gog y Magog a la que la Biblia hacía referencia. La conclusión de Lindsay incluía ciertas coordenadas geográficas, estudios genealógicos y “señales” de hombres blancos. Pura mentira. A Lindsay le falló el cálculo: Boris Yeltsin vino a desmentir su “profecía”, cuando desmanteló a la URSS. ¿Qué hizo Lindsay? ¿Se disculpó de su error? ¡No!... Ya para entonces tenía un montón de libros circulando, aún en los años ochenta. Así es que, para justificarse de su inexactitud 20 años atrás, comenzó a parchar sus teorías y a buscarse otras Gogs y Magogs (Israel entre ellas). Para cuando el “Oso” desapareció, los profetas (entre ellos Lindsay, por supuesto) tuvieron que buscarse un nuevo peligro que encarnara al demonio y suministrara material con señales de Anticristo. No fue difícil encontrar a este nuevo demonio: los árabes, el Talibán, Osama bin Laden.

El libro de Lindsay (el que ahora recuerdo y me ruborizo de la creencia que le tuve) de título en inglés The Late, Great, Planet Herat (La agonía del planeta Tierra),  incluía un atado enorme de inexactitudes que aquí sería largo procesar. A pesar de ello, tuvo un buen número de seguidores en las iglesias: líderes y pastores que se desgarraron las vestiduras y animaron a sus feligreses a honrar el texto de Lindsay. ¿Qué sucedió con esas que fueron las  profecías y el aliento,  e incluso,  el estilo de vivir de muchos creyentes? Se perdieron. El tiempo pasó, no sucedió nada, la gente se olvidó de ellas… Y se preparó a creerle a otro con la ilusión de que tal vez éste sí le diera al clavo...

Me he referido al libro de Lindsay por la tremenda influencia que tuvo. Como el de él, hay miles. Curiosamente, la mercadotecnia de esta literatura casi siempre sentencia al autor con que: “Este libro cambiará su modo de pensar… y de vivir”.

 

La Bestia

 

Otro tema de especulación a granel ha sido el de la Bestia del Apocalipsis, de la que hemos escuchado por lo menos tres versiones famosas –muy aparte de la versión que hablaba de que Rusia representaba a la temida bestia. De entre las Bestias modernas recuerdo aquel libro que hablaba de su inminente llegada; el pretexto fue la aparición en Bélgica de una enorme computadora a la que graciosamente apodaron así: “La Bestia”. La monstruosa computadora, se decía, podía almacenar información y conocer todo lo que pasaba con la vida de las personas (lo cual resulta cierto en algunos sistemas de cómputo complejos como los de Estados Unidos). En 1970 esto fue la locura y muchos vinieron a Cristo tras la “señal” que los últimos tiempos habían llegado. ¿Qué pasó realmente? Que los autores del libro-fraude se llenaron los bolsillos y jamás sucedió nada; la máquina aquella quedó totalmente fuera de servicio y enviada a un museo de la cibernética...Nada qué hacer en comparación con la pequeña máquina que hoy utilizamos y que es unas 50 veces más pequeña que aquella Bestia.

 

El aviso de “otra” posible Bestia me llegó por Internet; era una advertencia: se trata del experimento de la implantación de un chip de memoria en el brazo de las personas, y que sustituirá a las tarjetas de crédito. Aseguran los alarmados que sin ella no se podrá comprar ni vender (como afirma también el Apocalipsis). Pero esto ya sucedió en el pasado histórico con alarmas y pánico que denotaban la seguro implante del reino de la Bestia entre nosotros. Y se dio no  exactamente con los chips cibernéticos, sino, en algunas regiones del mundo, con los simples censos poblacionales: la gente creía que se anotaban sus datos para controlar sus vidas y saber sus secretos y disponer de sus economías y decisión de poder vender y/o comprar… Esto ocurría desde la Edad Media y fechas posteriores. No dudo para nada en el peligro que acarrea ese tipo de implantes, pero tampoco creo que deba especularse con su uso.

Recuerdo asimismo la reciente interpretación en la que se liga a la Comunidad Europea con la Gran Ramera, en un libro que dio pingüe ganancia a algunos “profetas”. Apareció en un libro en el que se aseguraba que la tal Ramera aparecería en Europa,  y que la evidencia estaba incluso estampada en el logotipo del euro: una mujer sentada sobre una bestia, exactamente igual a la descrita por el libro de Apocalipsis (17:3-5).

 

Un rosario de fechas probables

 

Si las bestias han sido socorridas por el favor de los profetas, las fechas no les van a la zaga. La numerología, desde los babilonios y egipcios ha sido una verdadera tentación para los agoreros. El cumplimiento de los años en la historia no han sido la excepción. Los libros registran “fines del mundo” en casi todos los años que cuadran con algún cálculo o señal ominosa. Así, ya en el año 100 (bajo el calendario juliano) se creía que ese año marcaría la hora del fin del mundo.. sólo porque era 100.. no había otra razón. Sin tomar en cuenta que ese 100 obedecía a un calendario caprichoso del emperador Julio César, y que el año bien pudo haber sido 4523 o algo así.

De ahí, cada múltiplo de 100 provocaba el surgimiento de profetas que voceaban el fin del mundo, aunque hubo excepciones “honrosas”, como por ejemplo el año 666 que se caracterizó por una explosión de psicosis colectiva y actos previsibles para la llegada del “fin del mundo”. Luego, el año 1000 ocupó la atención de cientos de agoreros que profetizaban la debacle (sin tomar en cuenta el los errores de cálculo del calendario juliano)  Ya bajo el calendario gregoriano, los años han seguido espantando a la gente con ese cuento. El más próximo a nosotros fue el año 2000, pretexto para el río revuelto y ganancia de falsos profetas. Puras inexactitudes, puros cálculos hechizos, porque ni era el año 2000 matemáticamente, ni allí, en año 0, comienza ningún nuevo milenio. 

 

Últimas novedades

 

Parece absurdo que se diga que “hay novedades” en el tema de la profecía; esto en gramática se llama un oxímoron: es como decir “líder cristiano corrupto”: o se es líder cristiano o se es corrupto, ambas cosas no pueden ser; la frase encierra dos conceptos que se contraponen; a eso se le llama con esa extraña palabra del castellano. Así, decir que hay algo nuevo en profecía denota que lo anterior falló y ahora se redefine: no puede haber nuevas noticias en cuanto a la profecía; no lo practicó ninguno de los profetas que predecían hechos en el Antiguo y Nuevo Testamento. Pero... Esto no les importa a los modernos profetas que cada vez nos sorprenden más con sus “novedades proféticas”.

El interés que despiertan los vaticinios entre la gente es  enorme, no sólo de profetas cristianos sino de otros famosos como Nostradamus y sus exegetas (tan torcidos e inexactos como todos). De esta forma podemos ver que la publicación de libros, videos y casets que tratan este asunto, no para. En un sitio de la red llamado Wonderful World  Tomorrow, en: http://www.wonderfulworldtomorrow.org/  se hallan varias cosas interesantes. Entre ellas un libro cuya sinopsis dice:

 

“La Biblia, entre otras cosas, es un libro de profecía. La historia del surgimiento de grandes imperios ha sido predicha en sus páginas. Pocos, sin embargo, están conscientes de lo que la Biblia tiene que decir acerca de dos de los mayores poderes dominantes en la historia del mundo, los Estados Unidos y la Gran Bretaña…”

 

Si usted baja el libro y lo lee (yo lo hice), se da cuenta de la intrincada y compleja interpretación que se requiere para hacer cuadrar a estos dos países con algunas referencias bíblicas… Lo cual hace que las especulaciones sean el centro del libro mismo. Con todo, este estudio resulta mucho más centrado que otros que he leído. Por fortuna el  libro es gratis.

En otra parte de la misma página,  se especula de si no la re-elección de George W. Bush  será una señal de una posible alianza de USA con Europa para la creación de un gran superpoder mundial. Y, otra vez, se juega con personajes y naciones cambiantes, efímeros y de dudosa cuadratura en el círculo de los profetas.

 

Un ejemplo clásico de la forma en que se propone una tesis de carácter puramente especulativo, es la sinopsis que sirve como propaganda desplegada por Left Behind Prophecy, sitio de Internet al que ya me referido al principio. El título del libro que se ofrece es muy sugestivo, e incide en las propuestas que están de moda: ¿Se levantará el anticristo en Europa? Y se presenta entonces el texto de entrada:

 

“Los recientes eventos desarrollados en Europa son  estrechamente similares a lo que la Biblia predice como Final de los Tiempos: el retorno del Imperio Romano. Muchos expertos bíblicos creen que el anticristo emergerá de este nuevo imperio europeo. El viernes, 29 de octubre, líderes de 25 naciones pertenecientes a la Unión Europea, firmaron una nueva constitución, en la Plaza del Capitolio, en Roma. Este escenario fue una vez el centro de la vida religiosa del imperio romano. La Unión Europea ha sido señalada por muchos como el nacimiento del nuevo imperio romano”.

 

Un análisis somero a  este breve texto nos lleva, primero a la duda razonable de la validez del enunciado, luego, al convencimiento de que se trata, una vez más, de puro contenido especulativo. Veamos.

 

1.     El texto aludido dice  que:  “Los recientes eventos desarrollados en Europa…”.

Y uno se pregunta ¿Cuándo los eventos, por recientes, comienzan a ser “señales” bíblicas, y, en todo caso, cuándo dejan de serlo? Ese es el cuento equívoco de todos los que se dicen profetas: Lo que sucede hoy en día, parece ser para ellos la “señal inequívoca”... Pero cuando pasan los meses y los años, la tal señal queda obsoleta y ellos muy campantes. Recordemos a la URSS en su papel de Gog y Magog;  a Estados Unidos en su rol de águila libertadora porque así “lo profetizan Isaías y Ezequiel”; o a Saddam Hussein haciendo el papel de Anticristo. Eventos que en su momento fueron “recientes” y material “incuestionable” de señales proféticas, ahora han pasado a ser la mentira que corrobora la falsedad de aquellos profetas.

 

2.     Sigue el texto, con cierta soberbia y carácter hiper especulativo:  “... (estos hechos) están estrechamente ligados a lo que la Biblia predice como final de los tiempos: el retorno del imperio romano...”

 

Vea usted la trampa de los interpretadores. Decir que los acontecimientos actuales en Europa “están estrechamente ligados a lo que la Biblia dice acerca del fin, es forzar al máximo ya no digamos la misma Biblia, sino su propio método de discurso: suena a especulación mal hecha.  Se nos trata de hacer creer que la Biblia, Dios, esta vez sí estrechó más la cuestión, se está acercando cada vez más a la verdad. A lo mejor me equivoco y no es esa la intención de esos profetas, en cuyo caso debo asumir que “suponen”;  en cuyo caso ¿qué interés podría representar para el lector  leer puras suposiciones? Las cosas de Dios no están “estrechamente ligadas a la Biblia”: O son o no son. Por muy poco estrecho que se esté, esa estrechez se traducirá inevitablemente en adivinación. Juan el Bautista no vino diciendo que las señales que profetizaban a Jesús como Mesías estaban “estrechamente ligadas” a lo que en ese momento pasaba dentro de la vida judía o el Imperio Romano. En todo caso la pregunta es: ¿Qué tan estrecho es ese margen del que hablan los profetas que anuncian este libro? Aún cuando se haga ese margen lo más estrecho que se pueda, la especulación sigue reinando: no se está seguro de nada.

 

3.     Como el método de interpretación y promoción sirve para que la gente compre el libro y/o membresía que  se ofrecen en el sitio, finalmente se cae en el juego de todos los demás, dicen:

 

“Muchos expertos bíblicos  (léase Tim LaHaye & Jerry Jenkins) creen que el Anticristo  emergerá de este nuevo imperio europeo (la Comunidad Europea)”.

 

¡Puras especulaciones! ¿A qué “expertos bíblicos se refieren si la experiencia de tales expertos es la pura inexactitud y error de cálculo? ¿Qué tan expertos van a ser que creen que el papa de Roma es el Anticristo, con tanta “razón” que hasta al VICARIVS FILII DEI ya le sacaron la cuenta del 666?  La especulación es tanta que ahora esta novedosa profecía acerca del Imperio Romano tendrá que iniciar negando y refutando (por los mismos expertos)  a quienes hacían al Anticristo en poder de Hitler o Hussein, y lo situaban no en Roma sino en Berlín, Rusia, Irak y hasta en la India. Los profetas de ahora, deben desmentir a los profetas de ayer (si no es que a sí mismos), y sobreponerles una nueva interpretación… Llamar “expertos” a gente que en 2000 años no ha dado una, me parece un elogio desmedido... Se trata, sin duda, de otro oxímoron. Pero, bueno: entre profetas te veas.

El maquillaje que ahora se quiere dar a la UE es más áspero, porque resulta que hace unos 15 o 20 años, las cosas cuadraban mejor para los agoreros. En aquel entonces se especulaba que el Mercomún Europea (ME),  recién en sus inicios,  era buen candidato para convertirse en los diez dedos de los pies de la estatua de la visión del libro de Daniel.

Un error común en el ámbito de la profecía es dar como bíblica y definitiva una interpretación que se repite cientos o miles de veces. Tal es el caso de la especulación con el Imperio Romano. Ya casi nadie se pone a pensar si la tal conclusión de los diez dedos en la estatua, representa “la resurrección del Imperio Romano”. En un hecho inusitado de falta de investigación y análisis serio, la mayoría de los cristianos asume aquella conclusión. Para cuando los intérpretes de la profecía arrancan con sus suposiciones lo hacen ya desde una base que nadie refuta, si bien la dicha base es digna de la duda razonable. 

En fin, que cuando la ME tenía sólo 8 miembros, recuerdo que los cristianos (yo entre ellos) nos tronábamos los dedos a la espera de que se añadieran los otros dos que completaran la decena... La decena completó… pero sólo por breves horas; al rato ya no fue decena sino docena. ¿Qué hacer ante estos miembros tan irrespetuosos que se pasaron de los diez dedos?... Hacer ajustes a la profecía.  Vinieron entonces los aprietes  y los make-up a lo hollywoodense. Esta versión reciente del Anticristo en Europa ha cambiado el sentido de los diez dedos de los pies. Como ahora son ya 25 los miembros de la CE, entonces todo cambia y se da un diálogo como el siguiente:

 

─Oye, ya no son 10 los miembros-dedos… ¿Qué va a pasar con la profecía de Daniel y nuestros libros en los que calculamos la decena de uñas?

─ No,  ya no, ya no…No te preocupes, siempre hay algo que se puede hacer:  Ya no son los diez dedos los importantes… Es el lugar. Estábamos equivocados… Nos falló hace treinta años… Pero, ahora sí: Mira ¿No acaso se ha firmado un acuerdo entre 25 líderes de la CE en el capitolio Romano? …

─¡Ajá! ¿Y eso qué? …

─¿Qué no ves que la Unión Europea ha sido señalada como el nacimiento del nuevo imperio romano?

─¡Ah! ¿sí? ¿Y señalada por quién? ¿Por la Biblia…?

 

Como tal afirmación ya está sacada también de otra especulación, y aquella especulación de otra más antigua, el profeta no tiene más que volver a especular

¿Se da cuenta el lector de la trampa? ¿Y la Biblia? Por ahí, bien, gracias.

 

Las preguntas: la Respuesta: Miren que nadie los engañe

 

Es claro, se ha dicho, que los discípulos tuvieran curiosidad de cuándo Jesús iba a retornar a la tierra para restaurar (en un sentido político más que celestial) a la nación de Israel. En varias ocasiones los discípulos debieron haber preguntado a Jesús acerca de esto. La Biblia registra algunas de ellas. La primera en Mateo 24:1

 

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”

 

Es muy interesante darse cuenta que en el cuerpo de toda la respuesta de Jesús a esta pregunta, existe un énfasis muy especial... Es con el que abre: Jesús no comienza con la respuesta, sino con una advertencia:

 

 “Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.”

 

El ponernos al tanto del engaño es, pues, prioridad de Jesús en su análisis sobre los últimos tiempos.

 

La otra escritura se halla en Hechos 1:6-7 en donde a la pregunta de los discípulos, Jesús contesta con lo que ya les había dicho antes, esto es:

 

“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;”

 

Y, entonces, el Señor remarca la prioridad del verdadero discípulo:


Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

 

En otras palabras Jesús estaba diciendo: “Ya les dije que acerca del fin del mundo y mi segunda venida, sólo Dios conoce la hora y el día: ustedes no. PERO (a cambio de no saber esto) van a recibir poder (para que) me sean testigos. Así de simple lo pone el Señor Jesús. Lo más importante para Él era y es –puesto que lo otro era pura y absoluta potestad de Dios y nadie más— que seamos sus testigos.

 

La advertencia sintomática

 

Pero volvamos a la advertencia acerca del Engaño. Es increíble que en la lista de señales que Jesús ofrece a sus discípulos, el 20% traten acerca del engaño y de los falsos profetas. Veamos, en el libro de Mateo:

24:4 Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe

24:5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 
24:11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 

24:23 Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo

creáis. 
24:24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 

24:25 Ya os lo he dicho antes. 

24:26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis

 

¿No parece sintomático el hecho de que Jesús advierte tan repetida y marcadamente acerca del engaño, el falso profeta, los falsos cristos y demás ministros que se dicen la “boca de Dios” y andan propalando por ahí puras sandeces sobre los últimos días? Curiosa y lamentablemente, a esta gente que anda profetizando por ahí, lo que de Jesús no mata, los envenena: porque si una señal es obvia, clara, definitiva, es precisamente la actividad de muchos de ellos; es decir: por cada inexactitud que estos profetas modernos aportan, por cada discurso erróneo que predican, por cada libro charlatán que publican, colaboran a que las señales de Jesús tengan una validez absoluta. Lindo ¿no?

 

Las señales no tan evidentes

 

Desde los primeros años del cristianismo, se buscó también hacer cazar la señal y convertirla en evidencia de los últimos días. Veamos cuáles son estas señales que hoy en día también se toman como “prueba” de que Jesús ya viene de acuerdo a:

 

(Mateo 24:3-14) Engaño mediante falsas doctrinas

(Mateo 24:11)  Aparecerán falsos cristos

(Mateo 24:24)  Habrá guerras

(Mateo 24:6)  Se extenderán hambrunas

(Mateo 24:7)  Persecución y odio

(Mateo 24:9-10)  Los hombres se rebelarán contra la ley y se evidenciará el enfriamiento del amor (Mateo 24:12),

(Mateo 24:14 El evangelio será predicado en toda la faz de la tierra

 

Siempre, pero siempre ha habido guerras, pestes, hambrunas, odios, falsos cristos y falsísimos profetas. Ponderar estas señales hoy, sólo porque estamos en el siglo XXI, no parece mejor método que el que tuvieron los cristianos que presenciaron la peste bubónica en Europa, o los que vivieron la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración nazi, o la generación que fue educada victorianamente o bajo el yugo de la Santa Inquisición. 

La única señal que aquí parece nueva, es la última: la expansión del evangelio; si bien, también resulta relativa pues ya en tiempos de John Wesley, ante el tremendo avivamiento que se dio en Inglaterra gracias a su ministerio, la gente creyó que se estaba cumpliendo esta señal... y de sobra.

Existen otras señales de carácter menos especulativo, si bien parten de interpretaciones a veces muy forzadas. La mención de la higuera que reverdece (Mateo 24: 32) ha sido interpretada como el renacimiento de la nación judía, cuyo retorno a Tierra Santa ocurrió en 1948. Otra más es la de la abominación desoladora (Mateo:15). Algunos estudiosos serios, deducen (no profetizan) que para que haya una abominación desoladora  ¾como el acto de Antíoco Epífanes quien sacrificó un puerco en el Templo de Jerusalén¾, entonces debe de haber un templo judío donde se repita el hecho. No hay templo aún, sólo la posibilidad muy cercana de que lo haya. Páginas de alguna sección de la comunidad judía en Internet hablan de que los planos y material del templo están ya listos; falta sólo un acuerdo con los árabes para que estos dejen que el edificio se construya a un lado de la mezquita de Omar, el santuario árabe.

 

La gran excusa

 

Cuando a uno de los miles de falsos profetas no les cuadra su predicción, no es raro que se escuden y tapen su engaño con otra Escritura (al fin ahí las citas bíblicas para lo que se les ocurra). La excusa (y de la que también muchos evangélicos convertimos en estribillo justificable) es esta de 2 Pedro 3:9 

 

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

 

No digo que la sentencia de Pedro no sea válida para nuestros tiempos; lo es tanto como lo fue para el tiempo del apóstol: espacial y temporalmente concreto. Es decir, Pedro pensaba (con justificada y humana razón) que Cristo iba a regresar cuando el apóstol aún viviera... o por lo menos un poco después. Tan es así, que su declaración lo avala.

Ahora bien  ¿Cuántos cree usted que serían los no convertidos en los tiempos de Pedro? ¿Le gustan a usted un millón de personas? Pedro pensaba sin duda que, antes que viniera el Señor, él y los demás apóstoles y discípulos, podrían llevar a cabo la gigantesca tarea de llevar el evangelio a esa gente y que estas personas se arrepintieran. Algunos de nosotros seguimos repitiendo este versículo, aunque, al olvidarnos del contexto en que Pedro lo dijo, hacemos que las matemáticas no sean exactas. Porque hoy en día, por cada uno de los que Pedro esperaba se arrepintieran existen unas 100 millones de personas más (mis cálculos son,  si bien arbitrarios, nada lejanos). Visto matemáticamente, los porcentajes se invirtieron de forma exponencial creando un teorema que dice: entre más tarda Jesús, menos posibilidad existe de que TODOS se conviertan. Teorema que, naturalmente, es falaz pues en el tiempo que fue enunciado no se conocía la capacidad de la iglesia para predicar por ejemplo a través de la televisión, la radio y, sobre todo, de la Internet.  Los cristianos hoy (incluyendo a los católicos) representamos el 27% de las religiones del mundo. ¿Estaba Pedro equivocado? Naturalmente que no. Simplemente expresaba su deseo muy humano que, trasladado a nuestros tiempos concretos, continúa siendo aliento de esperanza, preparación, vigilia y certidumbre de que un día (quién sabe cuándo, Dios lo sabe) el Señor vendrá como ladrón en la noche. De esto, a que los embusteros tomen el pasaje para cubrir sus desaciertos, existe una gran distancia.

 

Epílogo

 

No sé cuándo va a venir Cristo ni cuál es la combinación de señales que en conjunto se van a sincronizar para marcar el fin. Tampoco especulo. Sí creo que Él vendrá en su gloria,  porque, entre otras muchas cosas,  viven entre nosotros dos pueblos que,  Él aseguró, estarían aquí para cuando Él regresara: Su Iglesia y la nación judía. También creo en su Segunda Venida porque esa esperanza me permite vivir (a mí y a todo cristiano) en una triple dimensión espacial y temporal que ningún otro credo religioso contempla. Por un lado, el pasado que nos dice que Cristo, en un tiempo y lugar determinados de la historia,  nació, hizo su obra, murió y resucito de entre los muertos. Después, porque la vida presente, la que es consciente para mí, me da el privilegio de conocer a Jesús y experimentar el gozo de su salvación. Esto me da oportunidad a enfrentar la realidad de la propia existencia, a la vez que me  ofrece una alternativa fuera de cualquier círculo vicioso. Es un tipo de fe sencillo que equilibra dos polos opuestos del intelecto humano: el sentido de que para Dios todo es posible, y de que, por lo tanto, el hombre ya no enfrenta la imposibilidad de manera aislada y desvalida. Esta fe equipara al hombre para la conquista, por un lado, de la libertad (que le concede autonomía en un universo regido por leyes, o en otros términos, la inauguración de un modo de ser nuevo y único en el universo), y por otro lado, certeza de que las tragedias históricas y personales tienen un significado trans-histórico; incluso cuando esa significación no sea evidente para otros.

Estas dos premisas no hubieran bastado si no existiera una tercera: la promesa de su retorno; mi esperanza en el futuro. Cristo introdujo en la historia del hombre un concepto que ninguna religión posee: que Él se iba pero regresaría. Abraham, Buda, Zoroastro, Krishna, todos ellos murieron y no volverán. De ahí que el concepto de “los últimos días” señale  ¾más que un inventario de acontecimientos históricos de los cuales se deducen especulaciones y doctrinas falsas¾ el punto terminal de la fe que ahora tenemos. Las actuales señales que vemos pueden o no responder a la evidencia concreta y verdadera a la que Jesús aludió en sus discursos (de hecho, no han respondido a ellas). No importa. La segunda venida de Cristo no está programada para responder a las especulaciones humanas, sino para cumplir la potestad y voluntad de Dios. Un día, ciertamente, una a una de las señales habrán de coincidir y formar el cuadro total del advenimiento, haciendo que lo dicho por Jesús y demás profetas de la Biblia se cumpla.

Personalmente creo en la materia de profecía, tengo amigos que la estudian. Creo con ellos que la señal más grande, más evidente de que Jesús va a regresar, es la existencia de dos entidades de supervivencia casi imposible: la Iglesia de Cristo y el pueblo judío. Estas, creo, son las más grandes señales y promesas de su Advenimiento.

 

En el libro de los Jueces 8:23y ss, existe una historia con la que deseo finalizar. Allí, el gran guerrero de Dios llamado Gedéon, el incansable y astuto Gedeón, comete un error. Después de una batalla en la que derrota a los reyes de Madián, va y dice a los israelitas que le querían hacer Señor:

 

“No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: Jehová señoreará sobre vosotros”

 

Magnifica respuesta. La cual, no demuestra que en el hombre no haya siempre esa parte oculta que lo corrompe y lleva fuera de los caminos de Dios. La historia continúa así:


”Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro, porque eran ismaelitas). Ellos respondieron: De buena gana te los daremos. Y tendiendo un manto, echó allí cada uno los zarcillos de su botín. Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil setecientos siclos de oro, sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello. Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra; y todo Israel se prostituyó tras de ese efod en aquel lugar; y fue tropezadero a Gedeón y a su casa”. 

 

A veces me ha parecido que algunos de los dones que Dios nos da los convertimos en un efod de Gedeón. Nada tan tentador como la profecía y sus múltiples posibilidades especulativas, como para mandarse a diseñar un efod semejante  y hacer que los demás se prostituyan en pos de él. Mientras que por un lado se pone a Dios por delante, por el otro algunos que se estilan profetas del altísimo estiran la mano, en pos del botín.

 

 

Ignacio García, 2004

Ezra Michelet Ediciones