Espada & Mortero

 

El espíritu de la letra,

el espíritu de la ley

(¿Debe o no guardar el cristiano el día Sábado?)

 

 

Ignacio García

 

 

¿Son cristianos los adventistas que promulgan el guardar el sábado?

 

 En primer lugar hay que decir que nadie es cristiano o no lo es debido a su filiación religiosa, lo que se puede constatar en todo caso es si la doctrina adventista sigue una línea cristiana de doctrina o no, y si ésta doctrina capacita individualmente a sus miembros a ser, independientemente, cristianos o no. La respuesta es la misma para bautistas, metodistas, presbiterianos y otros movimientos cristianos que se precien de eso: ser salvos personalmente por la gracia de Cristo Jesús en ellos.


Lo similar


Ahora bien, lo mostrado por los adventistas como línea de creencia casi no se distingue, salvo por cuatro o cinco puntos de polémica, de las demás iglesias evangélico cristianas. Los adventistas presentan un resumen de 27 puntos doctrinales difíciles de rebatir bíblicamente como errados. Estos son los 27 puntos: Las Santas Escrituras , La Trinidad , Dios Padre , Dios El Hijo , Dios El Espíritu Santo , La Creación , La Naturaleza del Hombre , La Gran Controversia , La Vida, Muerte, y la Resurrección de Cristo , La Experiencia de la Salvación , La Iglesia , El Remanente y su Misión , Unidad en el Cuerpo de Cristo , El Bautismo , La Santa Cena del Señor , Dones Espirituales y Ministerios , El Don de la Profecía , La Ley de Dios , El Día de Reposo , La Mayordomía, Comportamiento Cristiano , El Matrimonio y la Familia , El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial , La Segunda Venida de Cristo,  La Muerte y la Resurrección , El Milenio y el Fin del Pecado , La Tierra Nueva



Se puede ver a detalle cada una de sus declaraciones doctrinales haciendo Clic aquí:

http://www.adventistas.cl/static/nosotros.php


Es difícil a primera vista dejar de impactarse por estas declaraciones tan similares a las de cualquier otra iglesia evangélica que las tenga (pues por absurdo que parezca conozco movimientos religiosos que se dicen cristianos que no poseen un cuerpo de doctrina,  y por lo tanto no saben ni en lo que creen). En los Estados Unidos he tenido el gusto de conocer a muchos de los adventistas; en lo general, son gente sencilla y  muy apegada a sus principios religiosos. Se han distinguido como una denominación religiosa fundadora de hospitales, escuelas, casas de publicaciones y un bien organizado sistema de beneficencia por el que ayudan a miles de desvalidos y enfermos en muchos países del mundo. También en sus iglesias son generosos contribuyentes, con sus diezmos y ofrendas, al sostén de la obra en general, a la causa misionera y al trabajo de evangelización a nivel mundial.


Los adventistas se consideran como una parte del movimiento religioso "protestante" (el de la Reforma radical del siglo XVI) y, prácticamente, sustentan (ya se ha visto) las mismas doctrinas fundamentales de las grandes denominaciones evangélicas. Ellos creen, por tanto, que la salvación es solamente mediante la gracia de Dios; aceptan la Biblia, en sus lenguas originales, como la Palabra inspirada de Dios; creen en Dios como Creador y rechazan por completo la teoría de la evolución; creen en la Santísima Trinidad, en el nacimiento virginal de Jesús, y en el bautismo por inmersión, como un testimonio de fe y un acto de obediencia al mandato de Cristo. En cuanto a conducta cristiana parecen insuperables, a la vez que desaconsejan aquellos alimentos que las Sagradas Escrituras consideran impuros.


Las diferencias

El día de reposo


Una de las doctrinas que distinguen a los adventistas de los otros grupos de evangélicos, es ésta: Su énfasis en que el cristiano está en la obligación de cumplir los mandamientos del Decálogo de Moisés, cuyo cuarto mandamiento afirma que el sábado o séptimo día de la semana es el verdadero y único día de reposo "para Jehová Dios". Rechazan el domingo como el día de reposo de los cristianos y dicen que esta observancia es una "señal de la bestia"; basan esta afirmación en el hecho de que el día domingo (culto al sol entre los egipcios y algunos otros pueblos) es de origen pagano (como si sábado no fuera un tributo a Saturno y el martes a Marte y el lunes a la Luna, etcétera). El punto fuerte de su defensa sobre este asunto se basa en una “exclusión”, pues explican que en ningún lugar del Nuevo Testamento se dice que Jesús hubiese cambiado el séptimo día por el primer día de la semana (domingo) como el día de reposo bíblico. Al respecto, dicen:

 

“El Creador bienhechor después de los seis días de la Creación descansó el séptimo día y lo instituyó Sábado para toda persona como memorial de la Creación. El cuarto mandamiento de la incambiable ley de Dios requiere la observanza del séptimo día Sábado como día de descanso, alabanza, y ministerio en armonía con la enseñanza y observancia de Jesús, el Señor del Sábado. El sábado es un día de comunión deleitosa con Dios y uno al otro. Es símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de nuestra santificación, una prenda de nuestra fidelidad, y un goce anticipador de nuestro eterno futuro en el reino de Dios. El sábado es la perpetua señal de Dios de su pacto entre Él y su pueblo. Observancia gozosa de éste”.



El "sueño del alma"


Novedosa doctrina que niega la inmortalidad del alma y agrega que al morir el hombre, su alma o espíritu queda en un estado de completa inconsciencia hasta el día de la resurrección. Para sustentar esta aseveración, citan algunos pasajes bíblicos del Antiguo Testamento, los cuales se refieren al cuerpo muerto como insensible e inconsciente.


El castigo de los impíos


Por lo mismo de la doctrina anterior. El adventismo presenta una modificación respecto de esta misma enseñanza de  los evangélicos en general. Los adventistas dicen que el castigo no es de tormento eterno. Según ellos, los impíos resucitarán para ser juzgados, y que lloverá fuego sobre éstos "y no les dejará ni raíz ni rama", es decir, serán completamente aniquilados.


La refutación inútil

 

El mayor error en la defensa de nuestra fe, radica en ir versículo por versículo tratando de rebatir al oponente. Lo mismo da para el católico que cree a medias a la autoridad de la Biblia, que el testigo de Jehová que descree de la divinidad de Jesús, los mormones que se inventaron otra “biblia”, o los adventistas que defienden el día sábado como un punto crucial de su doctrina (no estoy muy seguro que de este día hagan depender salvación o perdición del alma).


Creo que el recurso de la apologética cristiana no se halla en la fórmula del bibliazo, porque de ser así, caso concreto de los adventistas, de verdad que algunos evangélicos saldríamos no muy bien librados de esta guerra de versículos; ellos, los oponentes, tienen la ventaja de estar muy bien preparados en la lectura de su Biblia y defensa de su fe. Por otro lado, sería una batalla tal inútil como infructuosa: viendo el celo adventista en cuanto a cumplimiento de palabra de Dios, su modo de vida en que la conducta honesta juega un papel tan importante en sus vidas, su valorado esfuerzo en llevar a otros beneficios sociales como hospitales, escuelas, despensas y trabajo… ¿Qué les vamos a decir? ¿Con qué los vamos a convencer y de qué? ¿Que dejen de practicar su culto en sábado y se vengan con nosotros al domingo? ¿Hay más que ofrecerles que sólo eso? Si no lo hay estoy seguro que no tenemos nada para convencerlos. No basta enseñarles que Cristo es el Señor del día de reposo, ni tratar de mostrarles con la Biblia éste o aquél pasaje.
Una apreciación general nos llevaría a considerar otras alternativas de diálogo (y posible refutación de sus doctrinas) de los Adventistas: son personas que aman y adoran a Dios, y que aman y sirven al prójimo. Se oponen al uso de las bebidas alcohólicas y del tabaco, por la razón de que el cuerpo es "el templo del Espíritu Santo"; en sus iglesias no se hace ninguna discriminación racial; no están de acuerdo con el divorcio, salvo cuando ha habido infidelidad conyugal (véase Mateo 19:9); condenan el pecado del homosexualismo y creen firmemente en la libertad religiosa. Desde su propia perspectiva, todos los verdaderos cristianos son "adventistas", porque aguardan "la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:13), y todos los cristianos creemos, como dice el apóstol Pablo, que Cristo "fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación" (Ro. 4:25).

¿Qué les podemos oponer a todo esto? ¿Que está mal que guarden el sábado en vez del domingo? Resumiendo, se puede decir de los adventistas que son gente buena, moralmente calificados y respetables… Lo mismo se puede decir sin prejuicio alguno de la mayoría de los mormones y los testigos de Jehová.


Lo que pocos saben y muchos callan


Hasta aquí he relatado algunas de los méritos de los adventistas, y he dicho que ir tras ellos a bibliazos parecería infructuoso. Hay otra forma de entrar a sus fallas y defectos, y es analizando el origen y subsecuente desarrollo de su movimiento. Éste muestra que hubo un momento en la historia en el que alguien mintió y sobre esa mentira los adventistas erigieron su movimiento. La misma historia tiene una pregunta: ¿Por qué a Dios se le ocurre tan tardíamente levantar un “profeta” que va a enseñar que no es domingo sino sábado el día que hay que guardar para Él? Y otra pregunta: ¿Cuál es la diferencia en lo errático de las profecías adventistas y las de Joseph Smith, Carlos T. Russell y su propios profetas William Miller y  la Sra. White? ¿De verdad puede venir de Dios tanta equivocación y luego sobre las cenizas de estas erratas  aparentar que se vive en la absoluta verdad?


Este es el meollo del asunto. La tentación es grande, y habría que preguntar qué tan equivocado o acertado andaba Dios al levantar a ese trío de “profetas” (hay muchos más, claro). Tanto Smith, como Russel y Miller se declaran verdaderos, “ungidos”, “profetas”; tan están seguros,  los tres, de ser elegidos por Dios, y  que hoy en día tienen miles y millones de seguidores. Pero la historia y uno mismo como cristiano cuidadoso,  deberá preguntarse en todo caso
¾–ya que se mezcla a Dios en esto—si existe la posibilidad de que Dios redefina su doctrina, la acomode de nuevo pues algo le falló en un principio;  decida el Señor “renovar” lo que se le olvidó en algunas de sus áreas, y para ello utilice a hombres tan mentirosos como los aludidos. Porque en todo este levantamiento religioso de líderes que hablan por boca de Dios, existen tres posibilidades.

 

1)   Que los tres susodichos profetas tengan todos la verdad

2)   Que sólo uno de ellos la tenga y

3)   Que los estén completamente equivocados y, por ende, los que siguen sus doctrinas anden también con la puntería desviada.


Lógica y calculadoramente me inclino por la tercera de estas opciones. Y es que la misma lógica y argumento que presentan los evangelios, junto al desarrollo histórico de la iglesia, así lo demuestran. La tentación ha sido grande y siempre ha habido “iluminados” que no se conforman a lo declarado en la Biblia, cuya revelación consumada y final ha sido Jesucristo hecho carne. Siempre ha habido alguien que “descubre” una “doctrina nueva”, y habla de que Dios tiene, ya no sólo la revelación de las Escrituras sino, ahora, una que será dicha por este “profeta” bajo revelaciones de dudosa procedencia. Este es el caso de Smith, Russel y Miller y la Sra. White: todos pretenden haber recibido nuevas instrucciones del mismo Dios; revelaciones contradictorias entre ellas y, por supuesto con la Biblia. Alguno o todos deben estar equivocados. La tentación de los creyentes, por otro lado,  es asimismo peligrosa; la conforman “buenos hombres” inmersos en la creencia de que otros hombres son capaces de “renovar” la doctrina cristiana: la historia demuestra que el total de todos ellos ha errado en el blanco.


Una historia de fallas, falsos anuncios y largos silencios.


Tan han errado los adventistas, que desde el principio reinó el desacuerdo entre sus filas dando lugar a separaciones entre ellos. La historia es así: Un estudioso de la Biblia llamado William Miller, nacido en Massachusetts el año 1781, intentaba descubrir en las Sagradas Escrituras el día, la hora y el año del Juicio Final, cuando encontró en el Libro de Daniel unas frases que lo impresionaron:

 

"Oí a un santo que hablaba y otro santo dijo al que estaba hablando: ¿hasta cuando la visión, el sacrificio perpetuo, la iniquidad de desolación y el Santuario pisoteado? Le respondió_ dos mil trescientas tardes y mañanas, después será reivindicado el santuario".


Tomando esta cifra como dato, Miller realizó un cálculo partiendo del año 475 antes de Cristo, obteniendo así que el 21 de marzo de 1843 acabaría el mundo. Compró una gran tienda de campaña y comenzó a organizar reuniones al aire libre anunciando sus predicciones. Rápidamente consiguió reunir más de cincuenta mil seguidores, que le abandonaron con la misma celeridad cuando falló en su predicción. Otros adventistas, entre los que se encontraba Ellen White, siguieron su labor anunciando que había un error de cálculo y que el Juicio Final tendría lugar en otra fecha, no en la que Millar había calculado de mala manera. Ambos visionarios tuvieron un agrio enfrentamiento que determinó que se produjese un cisma entre ellos.


Como se ve, la tentación de buscarle tres pies al gato, fue lo que guió al bueno de Miller a tratar de extraer de la Biblia una fecha que la misma Biblia otorga al puro conocimiento del Padre. Por principio, cualquier cristiano medio entendido en las Escrituras, se hubiera dado cuenta que Millar estaba violentando todo principio bíblico, ya que la misma Biblia señala que “el día y la hora [de la segunda venida de cristo] sólo Dios la conoce”. ¿Qué derecho tenía Miller para pasar sobre esta afirmación? Ninguna. Sólo el que sus ambiciones lo querían convertir en algo más que un simple miembro de su iglesia. Millar, quien se ufanaba de haber recibido revelación de Dios, no pudo entender un simple y sencillo mandamiento de Él: no andes calculando ni especulando con lo que se halla en mi sola potestad. Así de desobediente, este hombre fue adoptado por el movimiento adventista (junto con la Sra. White) como sus “profetas de cabecera”.

Pero Millar no ha sido el único; en tiempos más recientes el “profeta” David, de la secta Los Hijos de Dios, ha elaborado también cálculos tan errados como los de Miller. La pura intención de Miller para tratar de calcular la fecha en que el Señor regresaría, debió bastar para que los buenos estudiosos de la Biblia, pertenecientes por cierto a un ala de la iglesia bautista, rechazaran este desatino… Pero no, no le abandonaron: le siguieron el juego. Claro, la predicción jamás se cumplió y Miller fue inmediatamente abandonado por sus seguidores que se fueron, apenas a un año de su sonado fracaso, a refugiar a otros grupos.


La posibilidad de que Dios revele a un hombre cuándo es que va a ocurrir la Segunda Venida de Cristo es nula; no porque yo lo diga, sino porque así lo declara la Biblia. Aún así, y pasando por encima de esta cuestión respetable y más que aclarada y de sólida raíz bíblica (puesto que fue Jesús quien estableció este principio) se levantó otra voz; la de Ellen White, auto-llamada profetisa de Dios; no se levantó para censurar a Miller y decirle que estaba totalmente desviado, sino para “ajustar” el cálculo de las fechas y declarar que la Segunda Venida no iba a ocurrir en 1843, sino, más “exactamente” al año siguiente: el 22 de octubre de 1844. ¿Sucedió el hecho? ¡No! ¡Claro que no! ¿Siguieron los adventistas creyendo a White? ¡Sí! ¡Por supuesto que sí! ¿Por qué? Eso sólo ellos lo saben.

 

La cadena de errores contiene eslabones más pequeños. Al día siguiente de la "Gran Decepción", otro adventista llamado Hiram Edson, dijo que había tenido una “visión”. Según ella, el día 22 sí había sucedido algo grandioso, pero no en la tierra sino en el cielo (¡hágame usted el favor!), en donde de modo invisible para los hombres, Jesucristo había pasado del "lugar santo" al "Santuario Celeste" o Santo de los Santos:  lugar que hasta ese momento nadie sabía que existieran en el cielo. Además, dijo Edson, Jesús había comenzado ese día el juicio de los muertos, y que apenas terminara de juzgarles, seguiría con los vivos. Esta explicación la dio hace 140 años y algunos Adventistas todavía la sostienen…


En una de las más serias desviaciones de la doctrina adventista se refiere al sacrificio expiatorio de Cristo, en la que se explica que ya no sería la muerte del Señor en la Cruz, ni la intercesión del Resucitado en el cielo, sino el paso que, según ellos, hizo Jesús en 1844 hasta el lugar santísimo, el que "completaría y perfeccionaría esa expiación." Esta doctrina la basan los adventistas en aquella “visión” del mismo Hiram Edson, la cual, por supuesto,  carece de cualquier relación con la Biblia o con la Tradición de los Apóstoles.

No suficiente con la herejía de Edson, un tal Sr. Bates se animó a eso de la profecía y también recibió “revelación”; esta vez acerca del séptimo día; según lo cual, lo dicho por  el tercer ángel en Apocalipsis 14:6-11 se refiere a aquellas personas no guardan el séptimo día... Por lo tanto, hay que guardarlo.


¿Puede ser lo fraudulento confiable?

 

La creencia basada en el fraude no puede ser más evidente que en estos casos. Pero la cadena de imposibilidades alcanza el presente: gran parte de los adventistas continúan poniendo gran afán de elucidar el advenimiento del Señor de acuerdo a bases poco sólidas. No les gusta hablar de los escandalosos fracasos del pasado, y, cuando son presionados, suelen decir sin justificación alguna, que los libros y la historia han sido "adulterados". Es decir, simplemente niegan una realidad que puede constatada y publicitada  acudiendo a los periódicos de la época que se encuentran en las mayores bibliotecas públicas de ciudades de Estados Unidos.


Y la pregunta es ¿cómo un movimiento de raíz tan falsa y desatinada puede ser en sí misma confiable? ¿Cómo saber que, ahora sí,  interpretan correctamente la Biblia en lo referente al sábado si fracasaron tan estrepitosamente en su deducción acerca de la Segunda Venida de Cristo? ¿Algunas veces atinan y otras no? O más: ¿Usa Dios profetas que a veces yerran y otras se anotan un puntito acertando a la Escritura? Ese no parece ser el carácter del profeta descrito por Dios en el libro de Deuteronomio.

Pero así son las cosas con los falsos profetas. Lo que asombra, es que evangélicos de cepa se dejen engañar con tales “revelaciones” proféticas: Otra vez, no olvidemos que las iglesias bautistas abrieron sus puertas a la predicación de Miller ante tan “fabuloso descubrimiento”. Los cristianos sabemos que Jesús volverá a la tierra en gloria. La Biblia nos invita a prepararnos para su segunda venida; pero no sabemos el día ni la hora. Por lo tanto, "mientras aguardamos el momento glorioso del retorno de Cristo", hemos de esforzarnos por vivir responsablemente nuestra vida, vivir en la justicia, en la paz, el amor y progresando hasta llegar a la estatura de Cristo.


Pero volvamos a la tan aún leída Señora White. El esfuerzo adventista de Miller habría sucumbido tras sus fracasadas predicciones de no haber surgido una segunda fundadora del movimiento, Elen Gould Harmon, metodista, expulsada de su Iglesia a causa de sus ideas sobre el fin del mundo. Elen, nació en Maine en 1827. Su constitución era muy enfermiza. A los 9 años recibió una pedrada en la cabeza que le causó tener muchas visiones. A los 13 años, oyó predicar a Miller, y se hizo adventista. En 1844, una "visión divina" le ordenó escribir sus revelaciones, y en 1846, se casó con James White, quien le dio el apellido con que se hizo famosa. Los esposos White predicaron por muchos lugares y formaron predicadores de su doctrina. La señora White fundó la revista "The Advent Review and Sabbath Herald" y escribió nueve volúmenes de explicaciones acerca de la vida espiritual y la buena salud, y fundó un Instituto para la Reforma Sanitaria. White escribió muchos libros entre ellos "Joyas de los testimonios", "El deseado de todas las gentes". Al enviudar en 1881, la señora White predicó por Norteamérica, Europa y Australia, murió en California en 1915. Los adventistas la consideran como una mujer de gran talento y como una profetisa… como divinamente inspirada… Aun cuando ni de refilón pasa la prueba del profeta establecida por Dios en Deuteronomio. Sus predicciones, sus profecías, sus visiones, han sido colectadas y valoradas y, por supuesto, desmentidas por muchos de los antiguos seguidores del adventismo. Para quienes estén interesados en estas ligas (en inglés) he aquí: Testimonios personales de decepcionados adventistas:

http://www.monografias.com/trabajos14/adventistas/adventistas.shtml#TESTIM

También en ingles  You Be the Judge: Does Mrs. White Pass the Biblical Tests of a Prophet?

http://www.ellenwhite.org/

Para quienes no leen en inglés prometo regresar con este tema: Sea Usted el juez: ¿Aprueba la Sra. White las pruebas bíblicas de un profeta?

Creo sinceramente que es por aquí, por los orígenes falsos pero sutilmente ocultos, que una doctrina, cualquiera que ésta sea, debe ser analizada. Si logramos esto, derribar argumentos bíblicos contrarios resultará siempre una tarea menos difícil y tediosa.

 

Un caso imaginario


 Imaginen ustedes lo siguiente: Un día 21 de noviembre de 2004, a las 7:48 de la noche del servicio vespertino de tu iglesia, se presenta un hermano (conocido por su honestidad y dedicación en la iglesia) y le dice al pastor y a la congregación que ha recibido una “revelación” de parte de Dios en la que matemáticamente ha podido “ver” y “calcular” la fecha exacta del regreso de Jesucristo a la tierra: éste ocurrirá el 13 de Octubre de 2005; así que todos deben prepararse para este acontecimiento. Para convencer al pastor y a la iglesia, el futuro "ungido" toma una escritura del libro de Daniel y comienza a dibujar fórmulas de las semanas mencionadas por el profeta; con la calculadora traduce y convierte estas semanas, y les enseña una cifra asombrosa: las matemáticas no fallan, los días coinciden ¾dice el nuevo “iluminado”.

¿ Ustedes le creerían a este hermano lo que dice? ¿Qué más le preguntarían, qué otra prueba demandarían de él, qué evidencias aparte de los puros cálculos matemáticos debería mostrar para poder ser digno de crédito?
Yo a la verdad ni le preguntaría, ni le demandaría ni aceptaría evidencia alguna de un hombre que se diga profeta... Simplemente me levantaría de mi asiento y lo ignoraría olímpicamente solicitando al pastor mande a ese buen hermano a un examen psiquiátrico minucioso. La Biblia me da este derecho cuando afirma categóricamente: “El día y la hora nadie la sabe”... No tengo porque dudar de mi acción. A lo mejor dudan algunos que dicen saber la Biblia y tienen cabida en iglesias sanas pero que no leen la Palabra correcta y concienzudamente.


Ustedes tal vez harían lo mismo que yo; pero no fue eso lo que hicieron quienes siguieron a William Miller y a la Sra. White fundadores de los adventistas. Estas personas no solamente creyeron a esta “revelación”, sino que (aun a pesar del fraude posterior) siguieron y siguen creyendo a sus enseñanzas... Es muy importante considerar esto, pues no se trata sólo de ver a Miller-White como personas dignas de un crédito nulo, sino a sus seguidores como personas poco capaces para detectar cualquier tipo de engaño y, por ende, sujetas de duda en  todo lo que emane de sus enseñanzas.
Como se ve, de raíz, la corriente adventista viene cubierta por el fraude, la mentira, el engaño. Tan lo es, que ni Miller ni White acertaron en sus predicciones matemáticas del advenimiento de Cristo... Muchos, no obstante, han seguido  creyendo a sus posteriores enseñanzas... (Los bautistas repararon su ingenuidad de creer a Miller expulsándolo vergonzosamente de sus filas).


El síndrome del profeta equivocado

 
Para que ese trío compuesto de fraude, mentira y engaño funcione, debe intervenir algo que recientemente se conoce como el “síndrome del falso profeta”, y que, entre muchos otros, posee dos puntos importantísimos de estudio:

 

1)    El falso profeta se impone decir algo “nuevo” (de lo ya establecido en las Escrituras) para que pueda considerársele mesiánico su discurso, y

2)    Se ve en la necesidad de hacer “cambios” a lo ya establecido como auto de fe histórico.


Considere el lector: nunca se ha visto ni leído a uno que se diga “profeta” de Dios, que no añada, modifique, re-interprete, re-descubra, alguna parte de la Biblia; en otras palabras, no se conoce un iluminado que no quiera ser protagonista espiritual en el  ring de cualquier iglesia. Ahora ¿cómo puede ser uno un protagonista si sólo se maneja lo ya tradicional, lo establecido, lo inmutable... ¡Ah! Sacando de la manga “nuevas revelaciones” venidas de Dios al “profeta”,  y (lo peor): que éste debe “transmitir y predicar” a otros creyentes (ingenuos e ignorantes por lo común) Esto, como se comprenderá, es ya un atentado al mismo contenido bíblico que en Apocalipsis dice que nadie puede añadir ni quitar algo a la Escritura. El caso de Smith, Russel, Miller, White, David, Mooney, Benny Hinn y una larga cadena que alcanza a los cientos de profetas incrustados en los movimientos carismáticos-pentecostales, es el mismo: decir que Dios se equivocó, que no era así la cosa como Él nos la reveló en la Biblia;  que: no es domingo sino sábado el día de descanso; que es necesario hablar lenguas para poseer el Espíritu Santo; que la Biblia no basta,  necesitamos el libro americano del mormón: que la traducción de la Biblia es ahora la del Nuevo Mundo; que necesitas (otra vez) ser liberado de maldiciones generacionales o enterrar espadas para conquistar territorios en manos del enemigo; que tu casa debe ser desinfectada de bichos y demonios...

En fin, la lista es larga, pero cada uno de esos nuevos que se auto-nombran iluminados o profetas o bocas de Dios, sufren del mismo síndrome: inventar algo nuevo, o componer lo ya compuesto por Dios. Uno, claro, se pregunta ¿Por qué a Dios se le ocurre levantar a tanto mentiroso y lanzarlos con doctrinas tan absurdas y poco probables? En el caso de los adventistas es sintomático: ¿Por qué habría Dios de tardar tanto tiempo  en levantar a dos “profetas” tan fraudulentos como White y Miller para anunciarnos (¡diecinueve siglos después de Su revelación final en Cristo Jesús!), que siempre no: que el domingo no es el día de reposo, sino el sábado...? ¿Quiere eso decir que todos los que siguieron a Cristo durante los 18 siglos anteriores la estaban regando, y Dios no fue quién para enviar a un profeta verdadero que se compadeciera de aquellos? Pero lo peor: resulta que estos Miller-White, resultaron más falsos que un billete de 3 pesos (en mi país no existen, por ejemplo). A pesar de sus sonados fracasos la gente sigue creyendo en ellos. Y otra vez (cosa que ya pregunté anteriormente) ¿Por qué si mintieron en lo principal, en su “gran revelación” del regreso de Cristo en 1843-44, habría ahora que creer a esos fraudulentos profetas en lo que respecta a sus demás doctrinas como son la inexistencia del infierno y la aniquilación del alma o el guardar el sábado y demás variantes.? No parece ni suena lógico. No olvidemos que es un tal Mr. Bates quien “descubre” para los adventistas (en una verdadera competencia de a ver quién es más profeta que el otro) que el sábado es el bueno y no el domingo.


En la posesión del  “síndrome del profeta”, ocurre algo peor. Los añadidos y “descubrimientos” de los falsos profetas
¾y debido al inmenso protagonismo que buscan desarrollar en la arena con creyentes de ring-side pagado— llevan a ellos y a sus creyentes  a perder el enfoque principal de la doctrina cristiana. Quiero decir que el “sábado” ¾y su exigencia de si debe guardarse o no, o si es mejor que el domingo porque éste es de origen pagano y el sábado de cepa divina¾ viene a sustituir al ancla principal del Cristianismo que es la muerte y resurrección de Jesucristo, y su resultado histórico: la salvación del hombre por medio de la fe.


Las cargas sobre las cargas

 

Las falsas doctrinas comienzan por un “descubrimiento” o “revelación” de alguno de sus profetas (el sábado, por ejemplo), y a esto, casi invariablemente le va a seguir (dado el protagonismo de los iluminados, así como el poco sustento espiritual y bíblico de la doctrina) una serie de cargas impositivas: “No hagas esto o aquello”; “Tienes que liberarte...”; “Debes confesar la maldad de tus padres...”; “Suelta la lengua para que el Espíritu Santo se manifieste...”; “Da con generosidad para esto y aquello...”: “Guarda el sábado”.

¿Cuántas más cargas se tienen que añadir a la práctica de la vida cristiana? Algunas de estas cargas son denigrantes y en vez de liberación sólo crean culpa, vergüenza y temor en el creyente. Cualquier carga, cualquier encomienda, cualquier imposición por parte de hombres a la sola y única e infinita y absoluta muerte de Cristo Jesús a favor de nuestros pecados, es una herejía absoluta. Cualquiera que trate de dar un empujón a lo ya hecho por Cristo una sola vez y para siempre, está errando el camino. Hacer depender la salvación de un día, debido a cálculos arbitrarios en el retorno de Cristo, es una doctrina que no merece ser tomada en cuenta. Decir que una secta es elegida de Dios, es ir totalmente en contra de la más sencilla y elemental de las Escrituras que habla de Dios escogiéndonos en Cristo para su gloria (sin secta alguna de por medio)

 

Ni sábado ni domingo


No solamente el sábado es transparente (es decir, no relevante) para la doctrina cristiana, sino creo, incluso, el mismo domingo pareció a los discípulos y apóstoles de la primera iglesia, como un asunto que no tenía por qué ser de polémica. Ni siquiera el domingo, como día tal, puede ser impuesto a nadie como precisamente “el día del Señor”. Conste: dije “impuesto”. No existe en la Biblia evidencia alguna que las reuniones de este día fuera cuestión de doctrina o que de él dependiera parte de nuestra salvación; era más bien una costumbre, y más que costumbre, un acto de celebración de los creyentes por haber sido ése el día en que el Señor Jesús resucitó. Imponer, forzar, obligar (o como se llame a cualquier medio coercitivo) un día (cualquiera) como el único e indicado para adorar y servir al Señor sería darle la razón a otros que quieren imponer el sábado o el viernes como el día señalado. Los evangélicos celebramos al Señor el domingo porque ese día festejamos Su victoria sobre la muerte. Nada más.


El desarrollo histórico de la iglesia muestra desde sus inicios algo incuestionable:: la gracia de Jesucristo es suficiente, absoluta, infinita para abolir el pecado del hombre. Pero muchos olvidamos que la muerte de Jesús no sólo nos libró del pecado (que ya era bastante), sino que también quitó de nosotros el pesado fardo que significaba la ley, las costumbres, la tradición, además de las docenas de bultos espirituales que de vez en vez nos tratan de imponer un puñado de fariseos hipócritas. Casi nadie repara en esto; casi todos nos desentendemos del hecho central en la muerte de Jesús y, a la primera que se nos presenta, buscamos a ver qué podemos hacer de nuestra parte; algo que “ayude” a nuestra salvación. De esta forma, y a la manera de los creyentes Gálatas, nos gusta volver a lo que Pablo llama tan acertadamente “los rudimentos del mundo”. ¿Qué es un rudimento? Según el diccionario es un “embrión, un principio; las cosas con las que uno inicia una tarea o los primeros elementos de un arte o ciencia”.


Veamos. Por un lado Pablo y los apóstoles (y nosotros hoy en día) tenemos el hecho único, irrepetible, total y perfectamente terminado de la Obra, Vida, Muerte y Resurrección de Cristo Jesús. Estos hechos marcan un rumbo definitivo en la historia individual de cada ser humano y del universo en general: la redención. Ahora: una cuestión importante: Si el hombre que murió en la cruz del Calvario, un día del calendario judío “X”, a las tres y diez de la tarde, y con cientos de testigos presentes
¾si éste hombre, decía, no fue el Hijo de Dios, no fue Dios hecho carne—entonces todo fue relativo, inacabado, superficial; porque ese hombre clavado en la cruz (por ser finito, limitado, semi-dios y semi-poderoso) ¿cómo va a perdonar no sólo mi pecado sino el de todo el mundo? Pagará los pecados, sí, pero lo estará haciendo en abonos porque su misma finitud así lo requiere. Por el contrario, si Jesús era Dios encarnado, entonces el pago de Su Muerte ¾por mis pecados pasados, presentes y futuros– es de una vez y para siempre y, ojo: ya no hay nada absolutamente que añadir a esta salvación tan grande. ¡Bendito sea el nombre y persona de mi Señor Jesucristo!

Este punto de la Obra total de Jesucristo vale 100 puntos de 100 posibles, y equivale a decir: “Ya Cristo lo hizo todo por mí, a mí me toca ahora vivir eso que me da gratuitamente”. Pero ¿qué cree usted lector? ¡Muchos no queremos ese 100 por 100 y le buscamos mejor tres patas al gato! Es decir, volvemos a los rudimentos... Y ojalá fuera a los rudimentos de la doctrina cristiana, pero dice Pablo: “A los rudimentos del mundo”. Vaya tragedia ¿no crees?.

 

La decisión apostólica

 

Este hermoso porcentaje del 100 por 100, es ilustrado maravillosamente por una disputa que se da entre los apóstoles Pablo y Pedro. El asunto era similar al que se traen los adventistas con su idea que querer imponer el sábado como “día del Señor”, sacándose de aquí y allá (a veces de una manga muy ancha) versículos que "verifican" su teoría. En otras palabras, andan como Pedro en esos días de la primera iglesia: tratando de darle algunos arañazos a ese 100 por 100 de Jesús y cargar, con lo que sacan de esos arañazos, a sus creyentes. La cosa fue así:


“Cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.  Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, trasgresor me hago. Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gálatas 2:11-27)



Dígase si en este pasaje se prohíbe el sábado o no, o si se promueve el domingo en vez del sábado o al revés: no hay tal. El discurso central de Pablo en reclamo a la conducta impropia de Pedro es muy simple:


No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo”.


Si se ve bien,   Pablo se aleja de rudimentos y de pequeñeces. No le reclama nada a Pedro sino esto:

 

“¿Por qué quieres que los gentiles cumplan con cuestiones que son muy de nosotros los judíos?

 

Y, enseguida, pone en el centro de todo la GRACIA de Dios a través de Jesucristo, y le otorga todo el peso de su llamada de atención:


“Si por la ley (o la tradición, las costumbres, guardar el sábado o el domingo, o hablar lenguas, o vestir así o asá) fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo”


En pocas palabras, Pablo está diciendo: "Si después de la muerte absoluta y suficiente de Cristo, vas a seguir tú mismo y a los otros cargándose de cosas humanas, de nada sirve que creas en la muerte de Cristo y nada tienes que hacer con respecto a tu perspectiva cristiana".

Parece que Pedro entendió. Porque en el primer Concilio de la Iglesia cristiana, ocurrido en Jerusalén se presentó este problema, disputa, imposición, doctrina “nueva” o aparición de algunos “iluminados – bocas de Dios”, que vinieron con el cuento éste: “Si los gentiles no se circuncidan, no pueden ser salvos” (Hechos 15:1) ¿No se parecen estos judíos-convertidos-cristianos a los que vienen diciendo hoy en día que hay que guardar este o aquel día, o que debes hablar lenguas para tener al Espíritu Santo, o confesar los pecados de tus padres para suspender cadenas de maldición, y mil tonterías más? Son igualitos. Lo más importante, sin embargo, es esto: que los que traían esta doctrina ¿dónde cree el lector que se apoyaban? Ajá. Sí, ¡En la Ley de Moisés y los Profetas! (el Antiguo Testamento para nosotros) ¿Se los podía rebatir y decirles que la circuncisión no era el propósito de la nueva vida en Cristo? ¿Cómo hacerlo si lo que ellos decían estaba escrito allí (con letras grandotas) en la promesa a Abraham y sus tradiciones religiosas?. Lo más difícil: los promotores de esta doctrina no sólo mostraban las Escrituras sino que tenían un argumento imbatible, decían: “La circuncisión es un pacto eterno, de generación en generación, entre Dios y su pueblo...Así es de que o cumplen, o cumplen.... No hay de otra” Y era (y es) cierto todo esto, de acuerdo a Génesis 17:1-11. Tremendo ¿no?


¿Qué hicieron los apóstoles ante esta evidencia tan cierta, definitiva y devastadora? Nada, simplemente le opusieron el 100 por 100 de la obra de Jesucristo... e hicieron algo más sabio, rico y mesurado --que hoy se les olvida a quienes quieren mezclar el nacionalismo, la cultura y la tradición judías, con sus propias costumbres nacionalistas totalmente opuestas a las del judaísmo. Los apóstoles ni se apesadumbraron ni se compungieron: simplemente dijeron: la circuncisión, el guardar el sábado, la preparación y consumo de los alimentos, las medidas sanitarias, y otros cientos de cosas propios de nuestra nación, dejémosla para nuestra nación... pero no carguemos a los gentiles con cuestiones que son sólo de nuestra incumbencia.


¡Perfecto¡ Fue una decisión de Dios ¿sí o no? Porque si no, entonces cómo es que de todo lo que recomiendan a las iglesias en su carta,  los apóstoles sólo les mandan:

 

1)   no practicar la idolatría,

2)   guardarse de fornicación

3)   abstenerse de comer, no carne, sino carne de animal ahogado y la sangre de éstos.


¿Por qué una lista tan pequeña, limitada e incompleta de lo que una iglesia (inmersa en tanto posible peligro) debe guardar? ¿Por qué una junta de los jerarcas de la iglesia (que habían estado con Jesús o lo habían visto resucitado) no deja un reglamento y “visiones” de profetas y libros de iluminados para que la iglesia los siga? Nada de eso. A cambio, envían a las iglesias (no a una ni a dos) una cartita de unas diez líneas
¾la mayoría saludos¾ con algunas medidas, dos de las cuales (y a decir de los expertos) son más bien previsiones sanitarias. Los apóstoles reunidos en esta junta jamás aludieron a más cargas para los gentiles; es más, dijeron:


“...Ninguna diferencia hizo Dios entre nosotros y ellos (los gentiles) , purificando por la fe sus corazones. Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos”.


Hermoso ¿no?: “Imponer una carga que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar”. Aquí, el apóstol Pedro esta vez, pone al 100 por 100 de Jesucristo por delante porque sabe (como lo sé yo) que sólo “por la gracia del Señor Jesús seremos salvos”. La GRACIA es el instrumento que nos libera de todo ese pesado material que los “iluminados” nos quieren cargar ¿Por qué entonces dejar ahora que algunos “bocas de Dios” vengan y nos carguen con días, comidas, vestimenta, caídas en el altar, limpias de casas, etc.?



En el capítulo 2 de la Crta a los Colosenses, Pablo hecha mano de este poder absoluto de Cristo Jesús. El verso 2:8 comienza diciendo:


“Mirad que nadie os engañe con filosofías y huecas sutilezas...”;

 

Pasa luego a hablar de la magnificencia de la persona y obra de Jesucristo, y la forma en que bajo esta gracia hemos sido rescatados definitiva y absolutamente:



“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.



Y, entonces, en un alarde de sabiduría de lo que significa no sólo ser salvo del pecado como tal, sino también de tradiciones, costumbres, visiones, “profecías” y demás charlatanerías de hombres, remata hermosamente con estas palabras:

“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo”.


Algo similar había escrito el apóstol a los Gálatas (hablando de volver a los rudimentos judíos y de las demás naciones de guardar o no guardar fiestas o días, o qué se yo). Estas palabras siguientes de Pablo deberían resonar en los oídos de todos aquellos que aún, después de la obra 100 por 100 salvadora de Cristo, buscan hacer méritos limpiándose espiritualmente, o tratando de obtener el Espíritu Santo fingiendo que hablan lenguas, o guardando éste o aquél día, o confesando los pecados de sus tatarabuelos, u ofreciendo jugosas ofrendas a cambio de favores espirituales, o haciéndole guerra espiritual al “enemigo” o siguiendo a cuanto falso profeta se les cruza en el camino: cualquier cosa que disminuya el 100 por 100 de lo realizado por Jesucristo.


Las palabras son éstas y con ellas finalizo esta aportación:


“Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros”. (Gálatas 4:8-11)

 

 

La letra de la ley, El espíritu de la ley

 

En medio de todo ese amasijo de información, con la cual se tratan de defender las posturas acerca de guardar el sábado como día de reposo, a menudo  se confunde (y muchos que se dan a la interpretación de la Biblia lo hacen) la letra de la ley con el espíritu de la ley; es decir, lo que literalmente dice y lo que finalmente intenta la Escritura. El espíritu de la ley es uno solo: mostrar al hombre su pecado y hacerle ver que esta reprobado porque no ha podido cumplir con ella; si el hombre insiste en tratar de cumplir la ley (la letra) para ser salvo, la ley misma lo condena. Pablo lo ilustra magníficamente así en Romanos 3:23:  “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gracia de Dios”; o en este otro verso anterior de Romanos 3:20: “Porque por las obras de la ley, nadie será justificado”. Así de simple es el espíritu de esa ley... Dice otra vez Pablo que es nuestro ayo, nuestra nodriza o nana que nos condujo a Cristo: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe”. (Gálatas 1:24)

 

La ley que permanece

 

Estoy cien por ciento de acuerdo que la ley de Dios no se anula; de la ley de Dios no desaparece ni una jota ni una tilde; la ley sigue vigente aún en nuestros días, si no, no fuera ley. Las leyes, para serlo (y la ley  física es un buen ejemplo de ello) deben reunir el requisito de ser invariables y que se den constantemente en cualquier lugar y circunstancia. Eso dice la letra, por ejemplo, de la ley de la gravedad: si yo arrojo un objeto hacia arriba, debo esperar (por esa ley) que descienda, que caiga. Pero, si bien esa ley no cambia, es inmutable, su espíritu me dice que puedo fabricar un aparato que se eleve por los aires... ¡Y que no caiga! ¿Se ha anulado esa ley? ¡No! simplemente la ley se ha visto interrumpida por un acto externo a ella. A nadie se le va ocurrir decir que la ley de la gravedad ya no es ley: es, precisamente lo que la confirma.  Al final de esta sección explicaré las repercusiones aquí emitidas.

 

Las consecuencias de esa Ley eterna

 

Todo este discurso es sólo para recalcar el equívoco de muchos al confundir la letra con la ley del espíritu. La ley de Dios permanece, no la podemos anular. Pero al  presumir que esa ley no ha cambiado, nos vemos comprometidos a la vez a cumplir con ella totalmente;  no podemos hacer con ella lo que queramos: o Es o no Es.  Y la ley de Dios no sólo tiene un mandato, una obligación a su cumplimiento, sino que es más que eso: contiene consecuencias a su violación. No sólo dice qué hacer, sino lo que sucede si no se la hace. Si la ley de Dios es absoluta no podemos darnos el lujo de ser celosos con una parte de ella y no con la otra. Esto se ve, con respecto al día de reposo, en la escritura siguiente de Éxodo 31:12-15:

 

“Habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros”.

 

Hasta aquí vemos la ordenanza, el mandamiento. Veamos las consecuencias de no cumplirlo:

 

“... el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá.”

 

Tan la ley no cambia y no se puede ser selectivo en lo que es absoluto e inmutable, que Moisés tuvo que aplicar el rigor de la ley:

 

“Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.”

 (Números 15:32-36)

 

Defender una ley, sus contenidos y cumplimientos no puede ser sólo por un lado y no por el otro. Mi pregunta (que sé que algunos consideran tendenciosa) ¿Qué les sucede a los creyentes sabáticos que no cumplen con guardar el día de reposo? ¿Los apedrean?   Según la ley que tan celosamente defienden, ese miembro debería ser apedreado ¿Lo hacen? Supongo que no... ¿Están entonces cumpliendo cabal y totalmente con la ley, o sólo con la parte más fácil y que les resulta adaptable a nuestros tiempos?

 

Lo que abolió Jesucristo

 

Para salir del embrollo que esto representa, algunos sabatistas dicen: “Lo que abolió Cristo en la Cruz muriendo como cordero inocente fue toda la ley de los ritos de la muerte de los animales llevados al templo que morían en lugar del pecador. Estos animales representaban a Cristo”.

 

Eso es cierto, sólo que al morir Jesús también cumplió tanto con la letra de la ley y como con el espíritu de ésta.  Esto nos remite al libro de Hebreos para constatarlo. Y lo constatamos. ¿Cómo abolió Cristo la ley ceremonial de los sacrificios humanos? Asumiendo un papel doble tan extraordinario como paradójico: el papel de Sacerdote y víctima; el que oficia, y es sacrificado. Cristo ciertamente es presentado como el Sumo Sacerdote de acuerdo a la orden de Melquisedec; su ordenamiento es realmente asombroso porque rompe con todo lo esperado: Jesús no es de la tribu de Leví. Por ello Hebreos 7: 11-19 dice

 

Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar.  Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.  Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,  no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. Pues se da testimonio de él:  Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec  Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia  (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.” 

 

Todo lo que se nota aquí, no es la abolición de la ley moral, sino el cabal cumplimiento de la letra de ella, para enseñarnos la introducción de una “mejor esperanza”, por la cual nos acercamos a Dios; de tal forma que se nos dice que: “Jesús es hecho fiador de un mejor pacto”.  La ley es un pacto que lo único que hizo fue enseñarnos que estamos muertos. Pero  ¿Se puede mejorar un pacto? Y ¿qué significa en todo caso esa mejora? De acuerdo a Pablo es ésta:  No por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo,  sino por la justicia de la fe”.

 

Jesús y el día de reposo

 

En el cabal cumplimiento del espíritu de la ley nos preguntaríamos ¿Jesús guardó realmente el día de reposo? No, de acuerdo a los religiosos que lo acosaban con interpretaciones (a la letra)  de lo que para ellos era “su día de reposo”. Veamos. 

 

Mateo 12:9-14 dice: “Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante?  Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo.”

 

Fíjese el lector como el contexto de todo este pasaje es el “poder acusar” a Jesús de no guardar a la letra el día de reposo;  a lo cual Él les opone el espíritu verdadero de la ley para tal día, que significa un espíritu de misericordia: la compasión en este caso supera a la interpretación de esa ley.  Y Jesús lo pone así de fácil:

 

“Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes; porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.”

 

Puesto que nadie objetó a Jesús, se asume que algunos “violaban” el día de reposo en nombre de la vida de algún animal.

 

De igual magnitud espiritual es este otro pasaje en Marcos 12:1

 

En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en un día de reposo; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer. Viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el día de reposo.  Pero él les dijo: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y los que con él estaban tuvieron hambre;  cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban, sino solamente a los sacerdotes?  ¿O no habéis leído en la ley, cómo en el día de reposo los sacerdotes en el templo profanan el día de reposo, y son sin culpa?”

 

Cuando Jesús, en otra parte dice: “Habéis oído que fue dicho... Más Yo os digo…”, está ludiendo a un magnífico ejemplo de la letra y el espíritu de la ley. En ocasiones, incluso, el espíritu era mucho más duro que la letra, como en el caso del adulterio y el homicidio que Jesús redefinió muy bien. Ahora, cuando Él habla de que “ni una jota ni una tilde de la ley perecerán”, esto equivalía a que la letra permanecería intacta, pero no la versión e interpretación que se hacía de ella: los religiosos, según Jesús hacían tanto caso a la letra, que invalidaban los mandamientos de Dios. Cierto, la ley no pasará... lo que pasa es la vieja y equivocada interpretación que se le da a ésta.

 

Entiendo perfectamente que esto no significa que no se guardara el sábado; sea como sea, se le guardaba, y Jesús no quebrantó esta ley. Sí me interesa remarcar el espíritu de esta ley porque va a ser la que marca la decisión de Pablo de exhortar a los creyentes no judíos a olvidarse de los días que había que guardar.

 

“Mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros  (Gálatas 4:9-10)

 

¿A qué días se refiere Pablo? Los días son todos; el apóstol no dijo: hacéis bien el guardar el sábado pero no los demás (fiestas y tradiciones). Lo cual no quiere decir, claro, que no hubiera un día de guardar exclusivo para el Señor Pero ¿Era remarcadamente ese día el sábado? Por otro lado ¿A qué le llama Pablo los pobres rudimentos? No al espíritu de la ley ciertamente, sino a la interpretación de la letra. Pongo un ejemplo con pregunta. ¿Por qué si los sabáticoss se han de cumplir con los pactos eternos de Dios (como los Diez Mandamientos) no se cumple con otros igualmente eternos?  Nadie parece tener respuesta a esto, y en la escaramuza todos los que pudieran contestar se salen por la tangente. Esta misma pregunta se la hacían los apóstoles en los primeros días de la Iglesia. Pedro, interpretando la letra de la ley, la andaba, como decimos en México, “regando”. Desde su muy personal punto de vista Pedro creía (como buen judío lector del Antiguo Testamento) que los creyentes no judíos deberían circuncidarse, tanto como los que sí eran judíos. Pablo vio un terrible problema en esto y enfrentó a Pedro: no tenía Pedro porqué cargar a los gentiles con cuestiones que correspondían exclusivamente a los judíos. Así ¡muchos sabáticos se creen judíos y exigen a los no judíos que guarden el sábado!

¿No acaso el guardar el día de reposo,  estrictamente en sábado,  era una cuestión exclusiva entre los judíos y Dios también? Parece que así lo entendió Pablo. No que aboliera el día de reposo, sino ¿por qué habría de ser exactamente el sábado (con todas sus implicaciones ceremoniales) el día que los gentiles pudieran dedicar al reposo? Incluso Pablo pudo haber calculado que de cargar a los gentiles con el sábado, lo que podría ocurrir es que éstos, en su ignorancia cultural y religiosa judía, fueran a blasfemar y a violentar ese día.

En un paralelo adecuado, el guardar el sábado como mandato eterno de Dios (que no cambia) el mismo  caso de la circuncisión. Hasta donde se sabe ésta es “el pacto eterno entre Dios y Abraham que debería ser cumplido por todas las generaciones”. Pero ¿por qué siendo un pacto eterno de naturaleza tan inmutable (perdón por la redundancia) los sabáticos no se circuncidan? ¿Porque no son judíos y  esa era una ley ceremonial? ¿O porque ese mandato no está en los Diez mandamientos, o porque no es un pacto con Moisés sino con Abraham? La Biblia no dice eso; dice que es un pacto eterno y tan eterno que no cambia y debe de cumplirse de generación en generación.

 

Yo sí sé porqué: Pablo habla de que ese pacto tampoco se abolió, se cumple de forma total, pero de forma diferente, bajo el espíritu de la ley: la circuncisión en nosotros no es ya de prepucio, sino del corazón. ¿Se entiende ahora por qué es tan importante hablar de la letra y espíritu de una ley o pacto? ¿Por qué no entonces el día de reposo no tendría que tener un desenlace similar?  Exigir a los creyentes que literalmente el día de reposo sea sábado, es olvidarse por completo del espíritu de la ley.

¿Por qué entonces el día reposo habría de ser precisa y remarcadamente en sábado cuando los gentiles no estaban obligados a guardarlo? Tan no estaban obligados por el espíritu de la ley, que cuando se les exhorta a guardar ciertas cosas desde el Concilio de Jerusalén, los apóstoles deciden que no coman carne de animal ahogado, sangre y que se guarden de fornicación. Punto. ¿Por qué no “obligaron”  o exhortaron a los gentiles a guardar el sábado como día de reposo desde el principio?  Esto hubiera creado un problema de incoherencia en la discusión de Pedro y Pablo: cómo es que no los cargues con la circuncisión y sí cargas a los gentiles con la cuestión del sábado... Hubiera contestado Pedro a Pablo.... Y con mucha razón.

 

El día

 

A mí en lo particular, no me gusta volver a los rudimentos del mundo y a la discusión de si el día que debo dedicar al Señor es sábado o domingo o martes. Lo que me asombra es que alguien tenga que ir 320 años después del nacimiento de la Iglesia para argumentar que fue Constantino quien impuso la observancia del domingo como día de descanso, y que ese domingo estaba dedicado al sol. En tal caso, lo anacrónico resulta también ser los 1520 años que se tardó William Millar de los adventistas  y sus profetas menores para “darse cuenta” que Constantino estaba equivocado.  Pero además el martes está dedicado a Marte, y el miércoles a Mercurio, y el Sábado a Saturno, y el lunes a la luna ¿Y eso qué?

Ningún cristiano está exento de vivir un día de la semana y celebrar a su Señor, sin  que los romanos, los egipcios, los babilonios, se lo echen a perder porque en ese día ellos también celebraban algo. Esa es una discusión y argumento realmente estéril. Yo podría hacer aquí un recuento largo de cómo los sacerdotes islandeses (los druidas) usaban el sábado para realizar sus adivinaciones, o los famosos black sabath de las brujas inglesas, o los raven de los darks hoy en día ¿Ya por eso hay que buscarse otro día en vez del sábado para guardarlo?

 

Decir que la iglesia se reunía en sábado desde el principio parece ser otro anacronismo. Estoy de acuerdo que como judíos, los apóstoles siguieron sus tradiciones, entre ellas, guardar el sábado... cuestión que tomó un tinte diferente pues los discípulos aprovechaban  la ocasión para predicar el evangelio entre los judíos en las sinagogas los sábados.

Pero hasta donde yo sé, Hechos dice en 2:1 que la Iglesia estaba orando unánime y junta el día del Pentecostés; el día no era precisamente un Sábado. Porque si era sábado entonces los discípulos judíos no lo guardaban, porque  ¿qué hacían ellos armando discursos y exhortando a la gente, y qué hacía la gente reuniéndose y caminando y empujándose en un día Sábado, si de verdad éste lo era? Bajo esta lógica se entiende que ese día fue uno diferente al sábado: Hechos dice que el primero de la semana.

Por otro lado ¿Qué hacía Pablo en Troas el primer día de la semana (domingo) partiendo el pan, es decir, impartiendo la comunión a los creyentes de ese lugar? No parece que ellos  estuvieran allí des-reunidos... Y no parece que estaban celebrando el cumpleaños de alguno de los hermanos tampoco... Sospecho que estaban celebrando (Hechos 20:7).

¿Y cómo es que en algunas iglesias la ofrenda para los santos se colectaba el primer día de la semana? ¿Estaban allí los hermanos sólo para entregar su aportación y luego irse? Parece que no.

 

El dilema resuelto

 

Hemos dicho que aceptamos que la ley es vigente; no  ha sido abrogada. Al igual que la ley de la gravedad, permanece. Sin embargo, Pablo dice que “no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia” ¿Cómo conciliar estas dos posturas al parecer contradictorias? ... Por el espíritu de la ley. Así Pablo resuelve el problema con un ejemplo hermoso y contundente. Si a ustedes les parece que mi ejemplo de la ley física de la gravedad no sirve, vean a Pablo utilizando un ejemplo similar: la del Matrimonio (Romanos 7:1-6) La ley, dice Pablo,  ahí está. Y va a estar en tanto el hombre vive. Es similar a la mujer (judía) que está atada al marido...mientras éste viva. Aquí el problema es que ese marido es la Ley, que jamás va a morir para nosotros (judíos o no). Sólo si el marido (la Ley) muere ¾cosa que no va a suceder—la mujer estaría libre. De no morir esa Ley, realmente esa mujer (nosotros mismos) estamos condenados pues la hemos incumplido día a día. El marido (la Ley), por otro lado, es bueno, recto, justo... pero demasiado exigente y condenador. La mujer  no tiene escapatoria: no hay salida posible ante un marido que nunca va a morir. ¿Hay entonces una solución a este dilema tan agobiante? Gracias a Dios, Sí la hay. ¿Qué tal, pregunta Pablo,  si la mujer muere, si nosotros somos los que morimos? Pablo lo explica de este modo:

 

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”.

 

Estar con Cristo crucificado, morir con él al pecado, me garantiza la más bella de las acciones: La ley todavía está ahí, pero yo ya no pertenezco a ella ni yo le pertenezco jamás... Para ella, he muerto.. sólo para unirme a Jesucristo en un pacto mejor. O como tan bellamente lo pone el apóstol Pablo:

 

“Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y bajo el régimen viejo de la letra” (vs. 6)

 

Quien no entiende esto, jamás entenderá porque resulta inútil andar discutiendo si el día de reposo es sábado o acaso el domingo.

 

Ignacio García

Ezra Michelet Ediciones