Ministerios Competentes

Agradecemos la generosidad de Néstor Martínez al permitir la reproducción de este texto  bajo permiso explícito desde el sitio Tiempo de Victoria http://www.tiempodevictoria.com.ar/index.htm

 

 

El día en que me tocó leer en la Biblia el pasaje donde se nos dice que somos un pueblo de reyes y sacerdotes y, además, TODOS ministros competentes, lo primero que me pregunté a mí mismo, fue: ¿Y por qué si todo el pueblo somos ministros competentes, la mayoría de los ministerios que conozco, no lo son? Quizás usted mismo se haya hecho esta misma pregunta. Esta producción de trece capítulos, creo, tiene la respuesta clara, concisa, concreta y específica, sin ninguna de esas “vacas sagradas” evangélicas que, sólo por costumbre y tradición, no nos atrevemos a cambiar, pero que de bíblicas no tienen absolutamente nada.
Sé que a muchos, intentar decir algo que no es lo que dice la iglesia mayoritariamente, se les presenta casi en el plano o nivel de blasfemia o herejía. Y muy bien que lo sería, si no fuera porque la Biblia no dice lo que decimos, sino lo que dijo Dios, aunque muchos hombres de prestigio, que en ningún momento fueron tomados como blasfemos o herejes, se arrogaron el derecho de modificar algo que Dios dijo para adecuarlo a sus intereses sectoriales, denominacionales o, sencillamente, particulares y personales.
Yo comencé a ser libre el día que Dios me mostró que Él no era Católico Apostólico Romano como me lo habían hecho creer durante treinta y un años de mi vida. Después de varios años de militancia eclesiástica activa, mi libertad se ha completado en Cristo, en el mismo instante en que Dios volvió a mostrarme que tampoco es Evangélico, ni protestante, ni nada. Simplemente sigue siendo DIOS. Y no es poco, créalo.
Es mi oración que disfrute de esta producción y que la utilice para madurar y crecer, y de ninguna manera para debatir, polemizar, discutir y mucho menos establecer contienda con nadie.

Néstor Martínez

CAPÍTULOS

01 - ¿Quién Controla Tu vida?

02 – Cuando Autoridad no es Rango

03 – La Autonomía de la Iglesia

04 – De la Función al Cargo

05 – Vigilar, Guardar y Cuidar

06 – Con la Santidad del Mundo

07 – Autoridad Divina

08 – La Fuente de Todo Poder

09 – La Sujeción Mutua

10 – El Asunto de la Cobertura

11 – El Sello del Apóstol

12 – La Autoridad Apostólica

13 – Yo Tampoco se los Diré...

 


Capítulo Nº 1

¿Quién Controla Tu Vida?

No hace mucho tiempo, me visitó para saludarme y bendecirme, un matrimonio que, según me contaron, me escuchan cada sábado en desobediencia a lo que se les ha ordenado en su congregación. Ante mi sorpresa, me dijeron que, efectivamente, en más de una ocasión se les dijo que no debían escuchar nada que se difundiera por esta emisora, ya que la misma, les dijeron, no cuenta con la cobertura de un importante grupo de líderes locales.

No me quedé pensando en la prohibición en sí, que como toda prohibición, contiene un altísimo porcentaje de infantilismo espiritual, sino en el eje de esa prohibición, un eje que tiene que ver, en una gran medida y precisamente, con la esencia de lo que habrá de ser este estudio: un esclarecimiento de lo que es el liderazgo bíblico y una evaluación, como corresponde, a lo que es el actual, el que conocemos, vivimos y hasta padecemos.

Porque lo que ellos me comentaron, tiene que ver con uno de los factores más pronunciados, predicados, enseñados y batallados por parte de nuestro liderazgo contemporáneo en casi todas sus facetas: la cobertura. Fue allí que me hice tres preguntas, que no me extrañaría en absoluto te hayas hecho o te estés haciendo tú también por estas horas: Número Uno: ¿Qué es una cobertura? Número Dos: ¿Qué base legal hay para que exista una cobertura? Número Tres: ¿Quién será entonces, una cobertura?

La única idea previa que tenía y a la que quizás podía adherir, era la de un predicador puertorriqueño, al que alguna vez le oí enseñar que si existe un hombre o una mujer, que alguna vez haya dado a conocer tres o cuatro principios espirituales que tú aceptaste, creíste y pusiste por obra en tu vida, ese hombre o esa mujer es tu cobertura. No necesariamente el pastor de tu iglesia, si es que no es él quien aportó a tu vida esos principios. Sin embargo, como eso no fue avalado bíblicamente por este hombre, quedó allí, como algo que te encaja, pero que no puedes encarnar porque le falta una pata espiritual: la probanza de la Palabra.

Hace poco tiempo, un par de hermanos que han madurado a la luz de la palabra y no de las espectacularidades del entretenimiento cristiano, me hizo llegar un trabajo que habían bajado de Internet. Pertenece a Frank Viola, un hombre que está trabajando en el proyecto “La Iglesia en las casas”, el que particularmente a mí todavía no me cierra del todo, pero que en este tema de la cobertura, ha brindado algunos pormenores que yo me he permitido tomar como base que sustente una parte de este estudio, que no tiene otra intención que la que emana del mandato a los cinco ministerios: Perfeccionar a los santos y edificar el cuerpo, lo que equivale decir: madurar al creyente y fabricar un cuerpo de muchos miembros, no de unos pocos considerados importantes.

Es muy sencillo comprobar que, pese a todo lo que se diga, (O no se diga, porque ¿cuántos saben que los cristianos limpios y transparentes terminamos por amar al secreto y los pactos de silencio?) La enseñanza moderna conocida como “cobertura protectora”, ha generado muchísima confusión primero y una conducta bastante inestable después, en el pueblo de Dios. Esta doctrina, tan singular que camina y se difunde bajo la bandera de otros nombres, sostiene que los cristianos están protegidos, por ejemplo, tanto de los errores doctrinales como de los fracasos morales, cuando se someten a la autoridad de otro creyente o de alguna organización cristiana. ¿Alguna vez lo razonaste así?

Mi propia experiencia, y el sentir de algunos pastores independientes que conozco y con los que charlado el tema, nos ha llevado a entender que la doctrina de la cobertura es un asunto que perturba de una manera muy elocuente a la iglesia de nuestros días y demanda, con la prudencia, el respeto y la sobriedad del caso, una profunda reflexión libre de tradicionalismos por parte de nuestro pueblo. Quiero hacer notar que cuando hablo de pastores independientes, me estoy refiriendo a aquellos que no están agrupados, salvo en lo nominal, con ninguna de las clásicas organizaciones evangélicas.

Comencemos, entonces, por el principio: viendo la palabra esencial en este tema: COBERTURA. Primero: ¿Está en la Biblia? ¿Sabes que escrita así, no? Sí en la versión antigua de la Reina Valera, pero no en la que todos tenemos ahora. Sí aparece una terminología muy parecida que tiene que ver con la cabeza cubierta de la mujer en la primera carta de Pablo a los Corintios, que dicho sea de paso, sería un tema al que alguna vez deberíamos encarar por dos razones: para traerles claridad a quienes puedan estar en confusión y libertad a quienes puedan estar en esclavitud legalista. Eso en el Nuevo Testamento. En el Antiguo, por su parte, sí la encontramos algunas veces, pero siempre en referencia a ropas de vestir o a algún otro tipo de cubierta, pero jamás en lo espiritual ni mucho menos para referirse a la autoridad o a la sumisión relacionada con el liderazgo.

De esto, hay algo que nos resalta inmediata y llamativamente: hay una muy escasa evidencia bíblica con relación a las coberturas, como para construir con ella toda una doctrina como se ha hecho. Pese a eso, la gran mayoría de hermanos, casi como loros, siguen repitiendo la consabida pregunta: “Hermano; ¿Quién es tu cobertura?”, Como si de la respuesta, la no-respuesta o el tenor de la respuesta, fuera algo así como una prueba de carbono 14 que determinara la autenticidad o legitimidad de una iglesia, un ministerio o un tipo cualquiera.

 Ahora bien; si tenemos en cuenta de la manera en que tenemos que tenerlo, que la Biblia guarda silencio con respecto a la idea de la cobertura. ¿Qué es lo que se quiere decir, entonces, con esa tan remanida pregunta de: ¿Quién es tu cobertura? Una gran mayoría, si las presionas un poco, te van a cambiar esa pregunta por otra muy parecida que también se nos ha hecho y hasta predicado: ¿A quién rindes cuenta de tu iglesia, de tu ministerio o de tu vida? Pero esto se enfrenta con otro inconveniente: la Biblia jamás dijo que deberíamos rendirle cuentas a otro que no fuera Dios. Escrituras al respecto, aún a riesgo de cansarte, abundan.

(Mateo 12: 36)= Mas yo os digo: (Dice Jesús) que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio (El día del juicio, obviamente, deja ver que será ante Dios mismo que habrá que dar cuenta)

 (Mateo 18: 23)= Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos?). (Si la semejanza es con el reino de los cielos, ¿Con quien tiene semejanza al rey que va a rendirles cuentas a sus siervos?)

(Romanos 3: 19)= Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. (Está claro: el juicio es de Dios y toda debe cerrarse)

(Romanos 14: 12)= De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. (Más claro aún; dice que “cada uno”, o sea: tú, yo, y también Benny Hinn, Carlos Anacondia, Billy Graham, Juan Pablo II, tu pastor y quien más te guste incluido, todos van a rendir cuentas ante Dios)

(1 Corintios 4: 5)= Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. (Otra vez el mismo concepto: “cada uno”, pero esta vez para lo bueno. De todos modos, es notoria la intención igualitaria divina)

(Hebreos 4: 13)= Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuentas. (Esto es contundente. Para ser legal la rendición de cuentas ante alguien más que el Señor, aquí no diría “Aquel a quien tenemos que dar cuentas”, sino “a Dios, UNO de los que tenemos que dar cuentas” Te lo aseguro: Dios lo hubiera dicho, no es dios de confusión)

(1 Pedro 4: 5)= Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. (Es Dios, sin dudas. Que yo sepa, no hay persona humana capaz de juzgar a muertos, no?)

Ahora bien; todas estas escrituras dan base para que un creyente con corazón recto y sin resentimientos, rebeldías o intereses personales, pueda decir sin temor a equivocarse ni molestar u ofender a nadie: yo rindo cuentas a la misma persona a quien le rindes tú: a Dios. No obstante, y donde quieras que tú te congregues, así sea en la congregación de más bondad, amor, misericordia y paciencia, prueba decir eso y vas a ver como, inmediatamente, cae sobre ti un profundo y oscuro manto de sospecha y, por allí, hasta de falsas acusaciones. ¡Pero digo algo que es bíblico, hermano! No interesa, ellos tienen sus propias leyes y jamás confiarán en que tú puedes manejarte sólo, sin que otro que el Espíritu Santo te diga lo que tienes que hacer. ¡Pero es que a ellos es quienes no avala la Palabra! No interesa. La Biblia, en algunos grupos, camina detrás de los estatutos y ordenanzas denominacionales internos.

Lo cierto es que, la pregunta básica de ¿Quién es tu cobertura?, No sólo significa lo dicho, (A quién le rindes cuentas), sino a otra que va tan implícita como esta y que es, si vamos a ser absolutamente sinceros, sin ninguna clase de disimulo ni elegantes sinónimos, el fundamento real que les interesa a quienes te hacen la pregunta: Ya no ¿Quién es tu cobertura?; sino la más usual de: ¿Quién te controla? La falsa enseñanza común sobre la cobertura, realmente se reduce a una cuestión acerca de quien controla a quien. De hecho, la iglesia institucional moderna, está construida sobre la idea del control. Y no te lo estoy diciendo para que te indignes y te rebeles, te lo digo como enseñanza. Porque tú sabes tan bien como yo, que cuando se intenta ejercer control sobre la voluntad de otra o de otras personas, sea a través del método que sea, así sea el más digno, eso tiene un nombre que eriza la piel: hechicería. ¿Hechicería? Sí, hechicería. ¿Tú qué te creías, que eso era patrimonio de una vieja flaca, fea, vestida de negro, con sombrero de copa puntuda, nariz ganchuda con un grano grande en el tabique, con una escoba y una lechuza en el hombro removiendo una gran olla donde hierven sus pócimas mágicas? ¡Despierta! Las brujas modernas tienen rostro y marketing televisivo.

(Miqueas 5: 12)= (Aquí Dios le está hablando a Israel, su pueblo, que es como decir a su iglesia; no al mundo, eh?) Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros. (Fíjate que esto podría tener con brujas y adivinos si fuera dirigido al mundo, pero se refiere a la iglesia. ¿De qué habla, entonces? De la hechicería religiosa, que no se ejerce por brujería o el ocultismo, sino por la manipulación de las voluntades mediante dos sistemas: seducción o intimidación. Dulces promesas o rudas amenazas. Y funciona, eh?)

(Apocalipsis 18: 23)= (Obviando a Gálatas 5:20 donde se coloca a la hechicería conjuntamente con otras obras de la carne que impiden entrar al reino de Dios, en una palabra que va dirigida a la iglesia, no al mundo, aterrizamos en este pasaje, donde viene hablando de Babilonia, la gran ramera, la iglesia falsa, la imitación sutil y satánica de algo que, exteriormente, es igualito a la iglesia, pero que cuando se buscan los frutos, nos damos cuenta que no hay y que no es Dios) Luz de lámpara no alumbrará más en ti, (O sea que, la luz del mundo, ya no habita allí) ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti; Porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; (mercadería en la iglesia. Falsos ministros viviendo en la opulencia, la fama y el poder, al mejor estilo secular) pues por tus hechicerías (Tus manipulaciones) fueron engañadas todas las naciones.

(Malaquías 3: 5)= Y vendré a vosotros para juicio; (Dios le habla a su pueblo. No importan los tiempos, el pueblo de Dios, somos nosotros) y seré pronto testigo (Alguien que ha visto el delito) contra los hechiceros y adúlteros (Manipuladores de la voluntad ajena y gente infiel para con Cristo, el esposo) contra los que suman mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero (empresarios cristianos que pagan menos de lo que corresponde, o pagan sueldos en negro, vistiéndolos con el rótulo muy religioso de “ofrendas de amor”) a la viuda (Que es la iglesia que funciona sin la presencia de Cristo) y al huérfano (Los que no encuentran al Padre celestial) y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.

Naturalmente que nuestra gente, expuesta a estas cosas, muy raras veces se da cuenta y reconoce que es un espíritu de control el que verdaderamente está en el fondo del asunto. Generalmente se viste, se cubre, se arropa y se disfraza con sobrias vestiduras bíblicas. Hay dos maneras de predicar. La primera, es la que tiene que ver con el evangelio real, genuino, verdadero, y se expresa dejando que una palabra se revele y muestre lo que Dios está diciendo a su pueblo hoy, ahora. El otro, es una simple cuestión de armado. Se tiene un tema, que puede ser social, político, filosófico, científico; una opinión sobre ese tema que puede ser personal, sectorial, denominacional o evangélica, como credo de oposición. Para poder decir lo que se debe o lo que conviene decir desde un púlpito, hay que cubrir ciertas formas. Entonces, usando la concordancia o el diccionario bíblico, se buscan dos o tres versículos que den el pie que, luego de leerlos como corresponde y, arrancando desde esa lectura, se predica lo que ya estaba previsto, entiendes? Yo, mi hermano, enseño la palabra y añado, si la hay, revelación fresca sobre ella. Yo no reflexiono sobre una palabra, porque reflexión es opinión, y mi opinión no le interesa a nadie, ni bendice a nadie, ni tiene nada que ver con Dios que es espíritu, no alma humana. Tengo que ser imagen y semejanza. ¿No?

Por eso es que son muchos los cristianos que creen verdaderamente, y con un casi ingenuo convencimiento, que la cobertura es solamente un mecanismo protector. Sin embargo, si nos detenemos con tranquilidad y escudriñamos con objetividad esa doctrina de la cobertura, vamos a terminar descubriendo que está fundamentada en un estilo de liderazgo del tipo “Cadena de mando”, lo que se conoce como “verticalismo”. Es decir: uno arriba, uno abajo, otro más abajo y muchos en el llano. ¡Pero eso se parece a la política del mundo, hermano!! No. Te equivocaste. No se parece, ES politiquería igualita a la del mundo. Pero eso, ¿Es bíblico? Hermano, hermano... Convengamos que, salvo a la hora del mensaje, la Biblia suele participar muy poco en las actitudes, decisiones y movimientos cotidianos de las diferentes organizaciones eclesiásticas. ¿Pero cómo puede ser eso? Mira: no sé como puede ser, pero lo que puedo decirte, es que sucede tan corrientemente que, casi, ha pasado a ser algo así como: “Y bueno, no es lo que dice la Biblia, pero es lo mejor que se nos ocurre para este tiempo tan complicado”.

Bueno: en este estilo verticalista de liderazgo, los que se encuentran en las posiciones eclesiásticas más altas, tienen un dominio sutil, pero dominio al fin sobre quienes están por debajo de ellos. Bueno, allí aunque no lo creas o no puedas entenderlo del todo, es donde se fundamenta la doctrina de la cobertura. Porque es por medio de este control de dirección jerárquico que se afirma, se enseña, se adoctrina y se mentaliza que los creyentes por la simple sujeción, sumisión y obediencia a ese orden jerárquico, ya están protegidos de cualquier error de cualquier naturaleza, tanto sea personal, congregacional como denominacional. Es decir que, se nos dice: ya estamos cubiertos. Pregunto: ¿Cubiertos con que? ¿Por quienes? ¿Con que autoridad? Y, principalmente: ¿Con que base bíblica?

El concepto es que todos deben someterse y responder a alguien que está en una posición más alta. En la gran Variedad de las iglesias evangélicas, con una modalidad que arranca desde la post-guerra hacia acá, esto se traduce así: los laicos, que no es una concepción bíblica sino de la doctrina de los nicolaítas, deben dar cuentas de todos sus actos al pastor. Pero bajo las mismas reglas, ese pastor también dará cuentas a una persona (o un grupo de personas) que tenga mas autoridad legal reconocida. Esta bien; se me dirá que un ejercito (Y el pueblo de Dios lo es) funciona así. Pero en ese caso, te diré que en un ejercito, sus generales siempre son elegidos por su gobierno, nunca mediante arreglos o componendas a espaldas de ese gobierno. Eso diferencia las cosas.

De modo que el pastor típicamente dará cuentas a la sede denominacional, a otra iglesia, a la que generalmente se le llama “iglesia madre”, o a un obrero cristiano influyente, a quien se considera que tiene un rango más alto en la pirámide eclesiástica. Como resultado, y aquí viene lo curioso, se dice que el laico, “está cubierto por el pastor” y que este, a su vez, “está cubierto por la denominación, la iglesia madre o el obrero cristiano”. En conclusión, el significado de todo esto, seria más o menos de que la gente, al dar cuentas de lo suyo a una autoridad más alta, equivale a estar protegidos por esa autoridad. Podríamos entender que se hablara de avales, de respaldo, pero cobertura, es mucho más profundo. En todo caso, se puede tener alguna expectativa cuando esa autoridad está colocada allí por el Señor, no cuando ha sido puesta por el hombre y Dios solo la soporta por misericordia. Si no crees esto, te pregunto: ¿Cómo vemos que haya funcionado, hasta ahora, esa supuesta cobertura? ¿Ha sido eficaz?

Y después está la otra incógnita que en algún momento te pasa por la cabeza pero, por las dudas no vayas a ponerte de pinta con alguien, prefieres callarla: ¿Quién cubre a la iglesia madre? ¿Quién cubre a la máxima sede denominacional? ¿Quién cubre al obrero cristiano? Ya se cual es la respuesta. Ha sido, permanentemente, la más difundida. Es una respuesta cargada de facilismo, aprovechando quizás la comodidad y la apatía de un pueblo que escudriña muy poco las escrituras. Te dicen: “Dios lo cubre”. Dios cubre, personalmente, a las más altas autoridades. ¿Ah, sí? ¿Y que es lo que impide que Dios sea, directamente, la cobertura de los laicos, o aun del propio pastor? Hay un problema aquí. Tenemos un problema aquí. Tenemos adentro un problema que tanto hemos criticado hacia fuera. Un orden de importancia que no está en ninguna Biblia. La suma de Dios-Denominación-Clero-Laicos. Dime la verdad: ¿No te suena conocido?

Sin embargo, el mayor problema es que este modelo, está violando al espíritu del Nuevo Testamento. ¿Sabes por que? Porque detrás de la retórica espiritual, que la hay y mucha, de proveer responsabilidad legal, de tener una cobertura, surge amenazador un sistema de gobierno que carece de sustento bíblico y está inspirado por, e impulsado por, un espíritu de control. Lo más aproximado a esto que encontramos en la Biblia, es la palabra SOMETIMIENTO, control, dominio, sujeción.

(Romanos 13: 1)= Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. (¿Usted me quiere decir a mí que todos los dirigentes corruptos que han pasado por nuestro país, han sido establecidos por Dios? Los espacios que ellos están ocupando, si. A ellos, los elegimos nosotros y Dios lo respeta, como respeta cualquier otra decisión del hombre, empezando si tu quieres, con la de irse al infierno en lugar del cielo. Esto, deja una clara evidencia que, cuando el marxismo encontró en Jesús a un paradigma del revolucionario, no entendió en absoluto las leyes del reino de Dios. Pero atención: esto es para lo legal, humano y administrativo, porque mira lo que Pablo dice con respecto a eso:)

(Gálatas 2: 4)= Y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que estaban para espira nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, (5) a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. (Está muy claro. En el plano espiritual, tanto la sujeción como el sometimiento, es a una autoridad que está sujeta a autoridad divina, eso es bíblico. Pero también lo es no sujetarse al control de falsos hermanos infiltrados que, si la Biblia dice que los hay, ¿Por qué nosotros vamos a suponer que en nuestra congregación no? ¿Y esa va a ser tu cobertura? ¿Y de que te va a cubrir?)

Creo, en principio, (Ya vamos a seguir escudriñando mas sobre esto) que el tema de la cobertura obedece, en un principio, al trabajo sutil, lento, pero persistente, de un espíritu de control, algo que parecería formar parte del diccionario extra bíblico con el que se manejan los seminarios de guerra espiritual, pero que mas allá de que se llame o no así, su existencia y trabajo están mas que probados y solo en el marco de una enorme ignorancia no exenta de necedad, podría hacernos pensar que no existe.

La Biblia, es muy cierto, habla de sujeción y habla de obediencia. Principal y mayoritariamente se refiere al Señor, pero cuando tiene  que ver con lo humano, delinea más bien los límites y parámetros. Esa especie de inmovilizada esclavitud a la que tantos buenos pero ignorantes creyentes se han sometido, no solo no los acercara mas a Dios o a la verdad, como ellos suponen y le han enseñado, sino que puede hacerlo pasible de cometer serios errores que los llevaran exactamente al lugar contrario a donde suponían que iban. El versículo que pone las cosas en su debido sitio, es este:

(Efesios 5: 21)= Someteos unos a otros en el temor de Dios.

 

Capítulo Nº 2

Cuando Autoridad no es Rango

Hay algo muy claro que ya ha sido dicho con respecto a lo que puede llamarse “La doctrina de la cobertura”: está basada, afirmada, sustentada en conceptos de la jerarquía que tienen que ver con los cargos y las posiciones en la iglesia, no en factores espirituales. Esto es como decir que el concepto de la cobertura en la iglesia del Señor, se mide conforme a los rudimentos del mundo. De terror. De acuerdo con esto, las personas que ostentan altos rangos y cargos, los hacen valer y se declaran coberturas tuyas. Por el simple hecho de ser pastores, ancianos, profetas, maestros, obispos o como quiera que se te ocurra denominarlos, títulos que no son tomados como ministerios espirituales, sino como oficios eclesiásticos.

En abierto y llamativo contraste, la noción del liderazgo del Nuevo Testamento está arraigada en una mentalidad que se podría denominar como funcional. Le asegura un valor superlativo a los dones especiales, a la contribución no pragmática ni política, madurez espiritual y al servicio más que sacrificado o esforzado de sus miembros, llenos de vocación y carencia de intereses personales. Enfatiza las funciones en vez de los oficios y las tareas en lugar de los títulos. No es lo importante ser pastor, sino pastorear. No es de alto nivel ser profeta, sino profetizar. No es de gran status, como sí lo es en el mundo empresario, ser supervisores, sino supervisar. Gramaticalmente, sería como que el pensamiento humano depende de los sustantivos, mientras que el pensamiento espiritual depende de los verbos. O sea: hay una iglesia, mayoritaria, humana, formada por hombres y mujeres socialmente importantes, y hay otra, espiritual, formada por reyes, sacerdotes y TODOS ministros competentes en lo que tiene que ver con dones que ponen al servicio los unos para con los otros.

Un estudio cuidadoso para con las enseñanzas que Jesús entregó con respecto al tema de la autoridad, nos va a ayudar a clarificar, y mucho, todas estas cuestiones falsas o contaminadas con relación a sujeciones, obediencias y coberturas. Es notorio, desde el arranque mismo, el inmenso contraste que se veía entre el liderazgo que ejercía Jesús al liderazgo que se veía en las organizaciones del mundo. Después de que Jacobo y Juan que no entendían nada, agarran y le piden que mueva sus influencias para que ellos puedan ocupar lugares de poder y gloria en el reino, mira la respuesta que Jesús les da:

(Mateo 20: 25)= Entonces Jesús, llamándolos, dijo: sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, (¡Si sabremos de esto los argentinos!) y los que son grandes (O sea: famosos, prestigiosos, poderosos) ejercen sobre ellas potestad.

(26) Mas entre vosotros (Le está hablando a la iglesia; a nosotros) no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor, (27) y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo; Estás viendo esto en tu iglesia? ¿Estamos viendo esto, así, en la iglesia del Señor?)(28) como el hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Esta historia vista según Mateo; mira ahora como la relata Lucas)

(Lucas 22: 25)= Pero él les dijo: los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad, son llamados bienhechores; (26) mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Se parece esto poco a la mayor parte de lo que conocemos o me estoy equivocando?)

(27) Porque ¿Cuál es el mayor? ¿El que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Más yo estoy entre vosotros como el que sirve.

Curiosamente, donde se habla de ejercer potestad, la palabra que se utiliza allí es la palabra griega KATEXOUSIADZO, que es una combinación de dos palabras: KATA, que significa  SOBRE, y EXOUSIADZO, que significa EJERCER AUTORIDAD. En el texto de Lucas, el significado es el mismo, aunque se usan palabras levemente diferentes. Fíjate con atención que, lo que condena Jesús, aquí, no es a los líderes opresores como tales, sino a la forma, al método, al estilo, al status jerárquico de liderazgo que dominaba el mundo. Mas claro; Jesús no estaba solamente a los líderes tiranos; estaba condenando la forma jerárquica misma del liderazgo.

¿Y cuál será esa forma, ese método, ese estilo, ese status jerárquico de liderazgo? Es el estilo fundado en la idea, bastante pobre por cierto, de que tanto el poder como la autoridad fluyen de arriba hacia abajo, en una estructura social de cadena de mando. El estilo de liderazgo jerárquico está basado en un concepto absolutamente mundano del poder. Este estilo, si bien puede no ser cruel, es perjudicial para el pueblo de Dios. Porque reduce las relaciones humanas a alianzas estilo comando o político, algo que es ajeno a la práctica y al pensamiento del Nuevo Testamento. Sin embargo y lamentablemente, este estilo de liderazgo, que se emplea en todas partes de la cultura pagana, ha sido adoptado por una enorme mayoría de denominaciones y, por consecuencia, en cada una de sus iglesias. Parecería que nadie ha prestado atención a lo que Jesús dijo respecto a esas fórmulas y que es lo que hemos leído, y que se puede sintetizar en cuatro puntos:

1)= En el mundo secular, el liderazgo opera sobre la base de una estructura social política, al estilo cadena de mando, es decir: un sistema jerárquico. En el reino de Dios, el liderazgo es una función de docilidad parecida a la de un niño, y un servicio sacrificado.

2)= En el mundo, la autoridad está basada en la autoridad y el rango. En el reino, la autoridad está cimentada en un carácter piadoso. Jesús empleaba las frases “Será vuestro servidor” y “Sea como el más joven”. Ser, por lo tanto, precede al hacer y el hacer, surge del ser. En otras palabras, la función sigue al carácter. Los que sirven, hacen así porque son siervos.

3)= En el mundo, la grandeza se mide por la prominencia, el poder externo y la influencia política. En el reino, la grandeza se mide por la humildad interna y la servidumbre externa.

4)= En el mundo, los líderes se aprovechan de sus posiciones cuando gobiernan a los demás. En el reino, los líderes rechazan todo tipo de reverencia especial y se ven a sí mismos como “El más joven”.

Ahora bien: cuando Jesús hace la comparación (Y se preocupa tanto para que quede bien nítida, bien clara, que no se puede poner en duda su importancia) expresando que “Entre vosotros no será así”, pero también muestra un contraste en el reino de los cielos con el modelo de liderazgo que caracterizó al mundo religioso de los judíos. En el texto que voy a leerte, el Señor te ofrece una expresión muy vívida de la perspectiva de Dios con respecto a la autoridad, en claro contraste con el concepto religioso.

(Mateo 23: 8)= Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.

(9) Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.

Si me preguntas adónde hay uno o dos textos anti-religiosos, anti-tradicionales y anti-costumbristas, ya te digo que son estos dos. Porque aquí hay dos vacas sagradas que se mueren: una, la que por años ha sostenido la Iglesia Católica Apostólica Romana, permitiendo casi hasta la incorporación implícita, que la gente le diga “padre” a sus sacerdotes, en abierta desobediencia a Cristo. La otra, la que también por años ha permitido (Y en algunos lugares hasta sugerido) la iglesia evangélica, induciendo a la gente a llamar pastor a quien conduce una congregación, o maestro a quien administra el ministerio de la enseñanza, también en franca y abierta desobediencia a Cristo, que señala con demasiada claridad que en su Iglesia, no hay división social de rangos y que sencillamente somos todos hermanos. Cuando se enseña que la iglesia se compone de laicos y ministros, no se enseña la doctrina de Jesucristo, se enseña la doctrina de los nicolaitas.

(10) Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro maestro, el Cristo.

¿Escuchaste hermano? Cuando tú me quieres halagar o gratificar, porque algo que dije o enseñé te bendijo, y no encuentras mejor manera que tratarme de maestro, por allí a mí me da no sé qué y no me atrevo a decirte nada, pero me obligas a orar y pedir perdón porque quedo en desobediencia permitiendo que me lo digas. - ¡Pero es que usted es maestro, hermano! Visto lineal, humana y superficialmente, puede ser que parezca eso. Pero la realidad es que yo, lo único que hago y que estoy en condiciones de hacer, es administrar con la mayor fidelidad posible el ministerio del maestro que el Señor ha confiado en mis manos. Pero eso no me hace a mí maestro, me hace administrador de un ministerio del Señor.

(11) El que es mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

¿Quién sirve a quién en tu congregación? Es importante saber verlo con claridad. Si se comienza por donde se debe, se termina por donde Dios quiere. Ahora, si se comienza desde otra parte...

(12) Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Parece mentira el poco valor que se le da a este principio tan fundamental. Cada iglesia, y especialmente las más poderosas, que cuentan con emisoras de radio o canales de televisión o programas en ellos, hacen de la auto promoción un puntal de sus trabajos. -¡Pero si todo el mundo hace eso, hermano! Sí señor, todo EL MUNDO lo hace, pero: ¿Quién te dijo que nosotros teníamos que hacer lo mismo que hace el mundo? ¿No tenían que convertirse ellos a nosotros y no nosotros a ellos? Vamos a ver, piensa: ¿Por qué un pastor llega a ser más conocido o sencillamente famoso que otro? ¿Por su amor? ¿Por su dedicación? ¿Por su misericordia o su entrega? Hay muchos casos que sí, gracias a Dios. Pero en una gran mayoría, eso sucede por la publicidad que, directa o indirectamente, planificada o espontánea, se le hace a ese hombre hasta mostrarlo al pueblo como alguien “muy especial”, dentro de una multitud que, curiosamente y según Dios, son todos reyes, sacerdotes y ministros competentes. Otros cuatro escalones emanan de lo que hemos leído:

1)= En el clima religioso de los judíos, existía un sistema de clanes, de castas, formado por los religiosos. Hoy, en una gran parte de la iglesia del Señor, está sucediendo exactamente lo mismo. Sin embargo, antes y ahora, la palabra ha dicho siempre lo mismo: todos somos hermanos de una misma familia. Este es un reino donde hay un rey y el resto súbditos. Punto.

2)= En el mundo judío, a los líderes religiosos se les otorgaban títulos honoríficos, (Maestro, Padre, Reverendo, Pastor, Sacerdote, Obispo, etc.) En el reino no hay protocolo que oscurezca el incomparable sitio de honor que corresponde a Jesús y que empañen la revelación del Nuevo Testamento la cual, -reitero-, contempla a todos los cristianos como ministros y sacerdotes.

3)= En el mundo judío, se exaltaba a los líderes a posiciones de preeminencia en un despliegue de poder. En el reino, los líderes encuentran su trabajo en la toalla sencilla del servicio y la modestia de la humildad. No me digas nada. Sé que estás pensando que esto es ridículo, que nadie hace eso. No tanto ni tan poco. Tiene que haber siervos muy fieles que sí lo hagan. Pero no te preocupes, lo que te digo es lo que Dios dice, allá el hombre si decide hacer otra cosa. No lo discutas ni te enojes, pero no participes.

Cuando apareció el ministerio de Claudio Freidzon, era habitual en sus reuniones, que se hiciera pasar a los líderes en grupos especiales, causando tremendos venerables desparramos. Mas de la mitad de esos líderes, sin embargo, estaban en franco desacuerdo con esa metodología de unción y no se lo callaban. Pero ahí estaban, en lugares de preeminencia mientras, humildes hermanitos, hambrientos del Espíritu Santo los miraban desde allá, de la punta más alta de las graderías. No importa, Dios es fiel. Muchos de los que estaban allá arriba, casi colgados del techo, recibieron un shock espiritual que cambió sus vidas para siempre, y muchos, también, de los que ocupaban lugares de preeminencia, jamás llegaron a ver, siquiera, que la nube se había movido.

En el mundo judío, el liderazgo se fundamentaba en el status, el prestigio y la posición titular. En el reino, el liderazgo se arraiga en la vida interior y el carácter que es el ágape nuestro y al que nos han acostumbrado a llamarlo Amor. (Esa manía tan demandada de distinguir a líderes cristianos con premios de la cultura secular, tales como diversos doctorados honoris causa, representan un ejemplo de cómo la iglesia moderna refleja aquellos valores de liderazgo que van en contra del reino de Dios y sus principios)

Esto deja en evidencia el abismo que hay entre el liderazgo que proclamaba Jesús y el que se ve en nuestras iglesias. Estos sistemas utilizados que todos conocemos bastante bien, impiden el progreso del reino de Dios, suprimiendo la calidad sacerdotal de los creyentes y destrozando la imagen de la iglesia como una gran familia, y poniendo severas limitaciones al gobierno de Cristo en sus asambleas.

Hasta aquí Cristo, pero; ¿Qué hay de Pablo y los demás apóstoles? A esto, más adelante lo vamos a profundizar más, pero de arranque baste observar que Pablo, por ejemplo, siempre dirigió sus cartas a una determinada iglesia, pero jamás a un líder específico en algunas de ellas. Conforme con la literatura apostólica, aquellos que eran principalmente responsables de la supervisión de la asamblea local, se les describe casi siempre en términos relacionados con la obra que hacían. El texto que te voy a leer ahora, demuestra que se les llamaba, ocasionalmente, ancianos o supervisores.

(Tito 1: 5)= Por esta causa te dejé en creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; (Y ahora Pablo, prácticamente le da un compendio de cómo debe ser, preferentemente, alguien en autoridad del reino de Dios.) (6) el que fuere irreprensible, (Que no se le pueda acusar de nada indebido) marido de una sola mujer (Esto tiene que ver con la tan común práctica de la bigamia de esos tiempos, no a los divorciados de hoy, como tantos han interpretado e implantado, transformando a miles de cristianos en ciudadanos de segunda categoría) y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía.

(7) Porque es necesario que el obispo (Que quiere decir Supervisor) sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, (Hay soberbia en algún estamento del liderazgo actual) no iracundo, (También los hay) no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas.

También el apóstol Pedro, en su primera carta, habla de estos mismos protagonistas como modelo de madurez para los menos maduros, gente con sumo cuidado y preocupación por al bienestar espiritual de la asamblea.

(1 Pedro 5: 1)= Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, (Este es Pedro. Se llama a sí mismo, anciano. No pastor, ni vicario, no pontífice) y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria  que será revelada (¡Ánimo! Dice que la gloria será revelada a la iglesia. Es promesa) (2) apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, (Dice cuidado) no por fuerza, (Dice que no por fuerza, eh?) sino voluntariamente; (¡Si usted no se sujeta, hermano, se va a tener que ir de la iglesia! Esto es común y corriente. Nadie jamás lo ha cuestionado. No es bíblico.) No por ganancia deshonesta. (Sueldos, contratos, cachets profesionales, en suma: mercadería en la iglesia) sino con ánimo pronto; (3) no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado; (De este texto habría que imprimir volantes y repartirlos a la salida de más de una de las congregaciones que conocemos) siendo ejemplos de la grey. (¡Qué feliz es la gente cuando puede tomar como punto de referencia y modelo de vida de sus líderes!)

(4) Y cuando aparezca el príncipe de los pastores, (Estamos hablando de Jesucristo, naturalmente, el que plantó los principios espirituales del único liderazgo posible en la iglesia) vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

De esto, hay algo que queda claramente en evidencia: todos los creyentes participan de una especie de liderazgo corporativo, ejercitando cada uno y en sano complemento, los dones que les han sido dados por gracia. Los ancianos, mientras tanto, sólo guían en la esfera de una supervisión general. Es interesante ver, que la palabra ANCIANO, en griego, es la palabra PRESBÚTERO y tiene una implicancia que se abre en un abanico de tres solapas: un hombre realmente anciano en edad, un hombre de cualquier edad pero espiritualmente maduro y un hombre cuya vida, principalmente, sirva de ejemplo a imitar. De ninguna manera el anciano bíblico era una figura decorativa y bien vestida, apta para mostrar en sociedad, ni un predicador asalariado, ni un clérigo profesional (A esto lo inventó el hombre, después, por conveniencia propia) ni un hombre con títulos religiosos aprobados oficialmente por gobiernos seculares. Piensa en Jesús si te quedan dudas. Él es el único modelo a imitar.

Tengo una lista de palabras griegas que no figuran en el vocabulario eclesiástico de los apóstoles, pero que sí se usaban en la iglesia religiosa: ARJON, que significa Jefe, Gobernante, Oficial de tropa; TIME, que es un oficial o dignatario; TELOS, que es el poder que tiene que ver con un gobernante; ARJISINAGOGOS, que era el oficial (algo así como el pastor) de la sinagoga; HASAN, que representaba a un líder de la adoración pública, una suerte de Director de Alabanza; TAXIS, que no tiene que ver con el transporte, aunque se escriba igual, sino con un puesto, una posición o un rango; HIERATEIA, que es el oficio de un sacerdote que, repito, jamás se utilizaron en el grupo apostólico, donde sí se usó mucho el término DIAKONOS, que lejos de ser lo que los diáconos son hoy, significaban sencillamente servidores o ayudantes.

No hay una palabra en el Nuevo Testamento que describa a UNA persona sola conduciendo  una asamblea o iglesia loca. Y mucho menos que sea esa misma y sola persona la que dirija y decida en todos los asuntos, les predique cada domingo, bautice a toda la gente nueva y se ponga al frente de cada actividad. El rol pastoral que conocemos, entonces, ha sido implementado por los hombres conforme a rutinas culturales provenientes del romanismo, ya que en una gran mayoría de casos, aunque no se diga abiertamente, el pastor toma la posición de intermediario entre Dios y los hombres de su congregación.

Dice Efesios 4 que los cinco ministerios (De los cuales el del pastor es uno de ellos), fueron dados para perfeccionar (O sea: madurar) a los santos. Ahora si el pastor es el que lleva toda la carga de todo el trabajo, la mayoría de los hermanos se acomodan a las circunstancias y se vuelven pasivos, apáticos y cómodos. Obviamente que esto está muy lejos de significar madurez y mucho más lejos de confirmar nuestra calidad de reyes y sacerdotes y de todos ministros competentes. El resultado: iglesias escuálidas, muertas espiritualmente y llenas, al mismo tiempo, de leyes y ordenanzas totalmente antibíblicas.

Siendo más específico y directo, el moderno rol pastoral es poco más que una mezcla de liderazgo tipo medida similar para todos, una especie de estereotipo. Administración psicología y oratoria, todo en un solo paquete para el consumo religioso. Como tal, entonces, el rol, sociológico del pastor, tal como se le conoce y practica en el mundo occidental, tiene muy pocos puntos de contacto con algo o alguien del Nuevo Testamento. Porque mientras ese Nuevo Testamento llama a Pablo un “apóstol”, a Felipe un “evangelista”, a Manaén un “maestro” y a Agabo un “profeta”, nunca identifica a nadie como “pastor”. De hecho, la palabra “pastor” se utiliza solamente una vez en todo el Nuevo Testamento, empleándose siempre como una metáfora descriptiva y nunca como un título u oficio eclesiástico. Esto no se toma en cuenta en la práctica común en la que se tiene al pastor como a la figura más valiosa de la iglesia, y es en algunas de ellas, el ministerio que, con nombre y apellido, se coloca en las marquesinas de colores tal como si fueran los actores principales de algún drama o comedia titulada “Iglesia”. Uno, al verlo, se pregunta en todo caso por qué ese ministerio y no cualquiera de los otros,  a los cuales, curiosamente, la palabra les da mayor atención. De allí que hay una palabra que, primero m8ide esto, después lo evalúa y, finalmente, lo califica.

(Oseas 8: 3)= Israel desechó el bien; (La iglesia ha desechado el bien) enemigo lo perseguirá. (Antes de reprender al diablo, fíjate primero si por una de esas casualidades, no le estás dando lugar)

(4) Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe; de su plata y de su oro, hicieron ídolos para sí, (¡Qué hermoso nuestro templo! ¡Qué lindas cortinas tenemos!) para ser ellos mismos destruidos.

Capítulo Nº 3

La Autonomía de la Iglesia

Si somos todo lo cuidadosos que deberíamos ser para leer la Biblia, vamos a poder ver con claridad  que las cartas de Pablo hacen un énfasis muy especial con respecto a la importancia que tiene llevar una vida ejemplar y, por el contrario, no le presta la menor atención a las posiciones titulares nominales o formales. Cada vez que este apóstol le escribía a una iglesia, dejando aparte las cartas personales escritas a Timoteo o a Tito, que son las llamadas  “cartas pastorales”, cada vez que le escribía a una iglesia siempre, matemáticamente siempre, se dirigía a la iglesia misma, no a ningún líder especial o persona más importante del lugar como deberíamos hacer hoy. Mira estos textos:

(Romanos 1: 7)= A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos. (A todos. Nada de “Estimado pastor”; a todos)

(1 Corintios 1: 1)= Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, (2) a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. (A la iglesia que está en Corinto, no al anciano titular de la iglesia de Corinto)

(Gálatas 1: 1)= Pablo, apóstol (NO de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos, (2) y a todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia. (¿Por qué Pablo recalcaría que es apóstol por voluntad de Dios y no por negociaciones políticas cuando le escribe a “las iglesias de Galacia”?)

Efesios 1: 1)= Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso.

(Filipenses 1: 1)= Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos (O sea supervisores) y diáconos (O sea servidores y ayudantes)

(Colosenses 1: 1)= Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, (2) a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: (Y lo mismo, con términos más o menos se repite al inicio de la primera y segunda carta a los Tesalonicenses. No obstante, en la carta a los Hebreos, mientras el estilo se mantiene, al final de la misma, en el verso 24 del último capítulo, el autor recomienda a la iglesia, a quien quiera que dirigiera su carta, saludar a sus líderes y demás miembros. Pero no se las envió a ellos.)

Ahora vamos por partes: ¿Cuál de las iglesias del Nuevo Testamento era la que parecía estar con más problemas? Sin dudas, la de Corinto. ¿Leíste en algún lugar que Pablo le pida a alguno de sus líderes, (Que indudablemente los tenían) que intervinieran para darle solución a esos problemas? Y eso no es todo. En ningún momento les dice a los Corintios que acudan a sus líderes o ancianos en busca de consejos y que luego les obedezcan. Es más: ¡Ni siquiera los menciona! ¿Te imaginas hoy, por ejemplo, a un tipo, tú por ejemplo, escribiendo una carta a la gente de una congregación, dándoles ideas, palabra nueva, consejos y amonestaciones, sin mencionar el nombre del pastor? ¿Serías expulsado del ambiente evangélico por falta de ética, verdad? Sin embargo, Pablo apela a la gente, les implora casi arreglen sus cuestiones y escribe, en suma, como si no hubiera líderes allí. Ahora te voy a leer un texto que jamás se predica en ninguna iglesia, porque corrobora y respalda el concepto de que somos todos ministros competentes.

(1 Corintios 16: 15)= Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, (Te aclaro que Estéfanas y su familia estuvieron entre los primeros conversos en el sur de Grecia, y entre los pocos que el propio Pablo bautizara) y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.

(16) Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan. (Si esto no descalifica al liderazgo individualista, solitario y autoritario de un solo hombre, y no sé leer)

Este, sin embargo, no es el único caso, ya que en la misma carta pero en el capítulo 5, Pablo convoca a toda la asamblea para disciplinar a un miembro caído. Es más: ni siquiera menciona una vez a los ancianos en ninguna de sus nueve cartas. En lugar de esto, suplica e invita a “los hermanos que entren en acción. ¿Qué significa esto? Se pueden tejer cientos de conjeturas, conforme a nuestros propios intereses, incluso. Pero es evidente que Pablo rechazaba total y absolutamente la idea de que ciertas personas en la iglesia poseyeran ciertos derechos formales sobre otras. Ahora mira la visión de Pedro:

(1 Pedro 5: 1)= Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada; (2) apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto.

Fíjate, en primera instancia, que a pesar que luego veremos que Pedro va a enseñar lo mismo, él le concede espacio a los ancianos. Sin embargo, su discusión acerca de ellos está formulada como una advertencia contra el espíritu de los gentiles. Señala, muy específicamente, que los ancianos están ENTRE el rebaño y nunca SOBRE el rebaño. Amplía esto el verso siguiente:

(3) No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

Esta debe ser, indudablemente, una de las más visibles y más notorias asignaturas pendientes que el liderazgo tiene para con la iglesia del Señor. La palabra SEÑORÍO que se utiliza aquí, es la palabra KATAKURIENO. La misma, curiosamente, que el mismo Jesús usa en el texto de Mateo 20:25, cuando dice: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean (Katakurieno) de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Si esto no compara o equipara los autoritarismos seculares con algunos que hemos visto muchas veces en nuestras iglesias, hemos leído mal. Pablo, a los líderes de Efeso, les dice que Dios los ha hecho guardianes EN MEDIO  de ellos, no SOBRE ellos. Santiago, Juan y Judas, por su parte, escriben en el mismo tono, ya que tienen muy poco que decir del liderazgo y nada que decir de los ancianos. ¿Cómo serían, en este mismo asunto, las posiciones de estos mismos escritores? La misma.

¿A nadie se le ha ocurrido preguntar, a la vista de nuestros habituales métodos de conducción y liderazgo, por qué el Nuevo Testamento concede tan poco espacio a los ancianos supervisores (Obispos) de las asambleas (Iglesias) primitivas? La razón, que mayoritariamente se ignora, sonaría sorprendente y hasta casi irreverente a los oídos institucionales. Puntualmente, la mayor parte de la responsabilidad del cuidado pastoral, la enseñanza y el ministerio en la Eklesía, Iglesia, Asamblea, descansaban (Y dice que deben descansar) sobre los nombres de TODOS los creyentes, de ningún modo en “ciertos” elegidos. Dicho de otra manera, las riquezas de la visión del Cuerpo de Cristo que Pablo expone, se derivan de un énfasis constante en que cada miembro posee el don del Espíritu.

(1 Corintios 12: 7)= Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

(Verso 12)= Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.

Y no solo un don del Espíritu; también avala la palabra (Aunque no siempre las doctrinas denominacionales) que todos tendrán un ministerio que sirve –si se usa con responsabilidad-, para edificar el Cuerpo. No se necesita que un grupo, consejo, asociación o junta de notables lo examine, evalúe, analice, califique y decida. No es bíblico. Sí es Biblia, en cambio, todo lo que sigue, mira:

(Romanos 12: 6)= De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada (Y después los enumera)

(1 Corintios 12: 1)= No quiero, hermanos, que ignoren acerca de los dones espirituales. (Casi todo lo contrario a lo que hoy se piensa y se hace)

(Efesios 4: 7)= Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. (Anota en lugar bien visible: A CADA UNO.)

(1 Pedro 4: 10)= Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

Esto nos muestra con meridiana claridad, que la responsabilidad ministerial nunca podría estar restringida a unos pocos, comparativamente hablando. Es por esta precisa razón y no por ninguna otra, que la palabra original ADELFOI, que es la que se traduce como HERMANOS, aparece nada menos que 346 veces en el Nuevo Testamento y, 134 de esas veces, sólo en las cartas de Pablo., Quiero aclarar que cuando Pablo la usa, lo hace de una manera abreviada y abarcativa en referencia y alusión a TODOS los creyentes de la iglesia, sin distinción de sexo, raza y, muchísimo menos, algún tipo de jerarquías. Fíjate que el contexto donde se utiliza el término lo confirma con toda claridad. Como contraste de todo esto y como para que no tuviera que quedar ni la más mínima duda, los términos “Anciano”, “Obispo” y “Pastores”, sólo aparecen en las cartas de Pablo Cinco, Cuatro y Una vez, respectivamente.

Ahora tengo que correr el riesgo de que te aburras o te canses, cosa que no te sucede a menudo en este espacio. ¿Sabes por qué? Porque lo que te estoy diciendo, más allá que, estoy seguro, te suena como música al oído, porque siempre lo viste así, pero hasta te cuestionabas y te culpabas por pensarlo, necesita indefectiblemente de la confirmación bíblica, paso por paso, tema por tema, para no dar lugar al diablo. Tu sabes que el diablo es un espíritu, el espíritu de Satanás. Y puede infiltrarse y usar a todo aquel o aquello que esté, por alguna causa, vulnerable. Normalmente, utiliza a supuestos creyentes para contrarrestar la tarea de los que son auténticamente levantados o enviados. Y el único modo de tapar esas bocas, es con la sangre de Cristo o con la palabra revelada. Allí vamos, entonces.

En primer término, vemos que todo el Nuevo Testamento hace especial hincapié en una responsabilidad corporativa, global, de cuerpo. ¿De dónde sacamos esto? De que toda la comunidad creyente está llamada a organizarse a sí misma, no a ser esclava de la idea organizativa de tres o cuatro “iluminados”. Eso es sectarismo. ¿Textos? Aquí van:

(1 Corintios 11: 33)= Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros.  (O sea: ¡No se corten solos, che!)

(34) Si alguno tuviere hambre (O sea: que no pudiera con su impaciencia o su ansiedad) coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas (En lo que todavía no se avivaron cómo se tienen que organizar) las pondré en orden cuando yo fuere.

(1 Corintios 14: 39)= Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar en lenguas; (40) pero hágase todo decentemente y con orden. (Quiero que entiendas: esto fue escrito por Pablo a la iglesia, a la asamblea, al conjunto, para que de común acuerdo se organizaran ordenadamente, no para que un buen señor lo tome como banderín para hacer lo que se le da su íntima y regalada gana en un lugar)

(1 Corintios 16: 2)= Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.

(3) Y cuando haya llegado, a quienes hubiere designado por carta, (Ellos, la iglesia, la asamblea, el conjunto, no un líder individual) a estos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.

¡Que trabajo que nos cuesta ver a un grupo de personas organizándose a sí mismas, conforme a lo que dice la Palabra; y cómo nos hemos acostumbrado a la organización de determinados hombres “enviados” para eso, cosa que la Biblia jamás dijo. Sin embargo, los casos de disciplina a creyentes caídos, es un claro ejemplo de esa organización conjunta, mira:

(1 Corintios 5: 3)= Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho.

(4) En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, (¡Qué reunión ilógica para una iglesia moderna, no?) con el poder de nuestro Señor Jesucristo, (5) el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, (A esto, el setenta por ciento de los cristianos, todavía no lo ha entendido) a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. (Mientras vengas a la iglesia en búsqueda de los peces y los panes, jamás podrás entender esto)

(1 Corintios 6: 1)= ¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, (O sea: a los tribunales ordinarios) y no delante de los santos? Ja! Fíjate de qué viven los miles de abogados cristianos!)

(2) ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? (Hay mucho supuesto santo que, antes de juzgar al mundo, va a tener que lavar sus pilchas propias, eh?) Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿Sois indignos de juzgar cosas más pequeñas?

(3) ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?

(4) Sí, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿Ponéis para juzgar a los que son de mejor estima en la iglesia?

(5) Para avergonzaros lo digo: (¡Pablo! ¡Pero hermano! ¿Cómo vas a predicar así? ¿Y el amor de Dios, adónde está?) ¿Pues que, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, (6) sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos? (Conozco más de un caso, al margen de los de mayor repercusión, de pastores dirimiendo con sus esposas sus diferencias ante los medios de comunicación, incrédulos, y ante los tribunales de justicia, también incrédulos. ¿Es que esta palabra ya no puede ser cumplida?)

Hermanos: los cristianos tenemos legítimo derecho a utilizar cualquier mecanismo de la sociedad para mantener nuestros derechos. ¿Nunca te predicaron esto? Y te digo más: ¿Te suena bien, no? Es contundente. Es casi revolucionario. Es incentivante. Sólo un pequeño problema: la Biblia dice lo contrario. Yo me pregunto si hoy, al creyente que anda en problemas, podrá seguir interesándole de modo práctico lo que diga la Biblia. Organización repartida. Como advertencia a gente rebelde incluso, y de paso, confortar a los desanimados.

(1 Tesalonicenses 5: 14)= También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.

Quiero ser absolutamente claro y terminar con las hipocresías religiosas. ¿Cómo se amonestará a los ociosos? “Hermano amado... No estés en el ocio... En eso de no hacer nada... No es bueno para tu vida... ¿Así? O decirle: ¡Basta viejo! ¡Si te gusta sentarte a ver y a criticar lo que hacen los otros, mientras tú no haces nada, anda el domingo a ver a NOB o Central! ¡A la iglesia venimos a ser útiles! Si no estás de acuerdo, siempre puedes irte con los Hare Krisna. Dice la palabra que el reino de Dios no es para los cobardes, no? Bueno, en esta, dice que tampoco es para los vagos.

Es increíble como se han confundido imágenes. El pacifismo cristiano, ha sido trocado por una pasividad permisiva que admite hasta el mismísimo pecado casi sin molestarse. ¡Es que Dios ama al mundo pecador, hermano! Sí, al mundo pecador sí, pero al pecado Dios jamás lo amará. La Biblia está llena de textos donde te asegura una y mil veces que Dios aborrece el pecado. Llamemos las cosas por su nombre. Del mismo modo, ese axioma cristiano tan en boga, que dice que nosotros no debemos preocuparnos ni afanarnos, ha servido par que mucha gente haya entendido que no tiene que hacer absolutamente nada, que todo lo hará el buen Dios. Oye: Dios es todopoderoso y es capaz de hacer lo que se le ocurra, para él no hay imposibles, pero nosotros por mandato, tenemos una tarea que hacer. Es la única, pero parecería ser que la hemos dejado de lado. ¿Por fe? ¡Que va! ¡Ojalá fuera por fe! ¡Es por comodidad que no es lo mismo!

Alentar a los de poco ánimo. ¿Y cómo se alienta a los de poco ánimo? ¿Acaso predicando fantásticas victorias y maravillas que nadie está viviendo, pero que arrancan emotivos aplausos, vítores, aullidos y voces de júbilo? Emocionalmente funciona, es verdad, la gente sale enardecida y loca de felicidad, pero: ¿Qué sucede ni bien esa gente vuelve a la calle? A un creyente, que yo sepa, el único modo honesto y carente de manipulación que se lo puede alentar, es haciéndole ver quien es en Cristo Jesús y cuánto vale para Dios. ¡Pero eso es muy teórico, hermano1 ¡La gente necesita cosas concretas, soluciones prácticas! Mira: puede ser que parezca teórico, pero es cierto, es absolutamente verdad. Mucho de lo que estamos oyendo hoy, es un discurso donde se exageran hechos pequeños, se agrandan hechos menores y se dibujan hechos que, en definitiva, no son reales. Y eso, mi querido hermano, es tratar de predicar la verdad a partir, por lo menos, de silenciar convenientemente ciertas partes de ella. Y eso, que yo sepa, tiene un gran parecido con la mentira. ¿Quién escribe esos bosquejos?

(1 Tesalonicenses 5: 21)= Examinadlo todo, retened lo bueno.

¿Tu sabes que no hay una voluntad dispuesta, por parte del liderazgo, a enseñar estas cosas? ¿Tu sabes que es más frecuente dar a entender que lo que se está escuchando no es necesario revisarlo, porque forma parte de una sana doctrina irreprochable e irrebatible y que no necesitamos seleccionar para retener lo bueno, porque allí de malo, o no bueno, no hay nada? ¿Este será un invento mío o alguien que me está escuchando habrá vivido lo mismo alguna vez? ¿Qué te he dicho permanentemente desde aquí? ¿Qué me creas todo lo que te digo o que vayas a tu Biblia para ver si esto es así? Aprende y juzga.

(1 Corintios 15: 58)= Así que, hermanos míos amados, estad firmes (Ojo hermano; selecciona lo que oyes. No todo lo que menciona a Dios, viene de Dios) y constantes (Es que ya oré y no pasó nada...¡Sigue!!) creciendo en la obra del Señor siempre, (¡Pero es que no estoy recibiendo nada! Yo tampoco, pero busco, busco y busco. Y siempre termino encontrando algo de parte de Dios. ¿Quién te predicó un evangelio donde tu duermes y Dios trabaja solo?) sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. (Cuidado con esto: lo que te estoy diciendo es que tu trabajo para el Señor no será en vano delante del Señor. No me vayas a comparar a esto con un trabajo para una congregación esperando el reconocimiento de la gente, eh? Nada que ver)

(Romanos 15: 14)= Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros.

Dice que tenemos que estar llenos de bondad. La palabra, allí, es AGATHOSUNE. Es una palabra compuesta. AGATHA, y también posiblemente AGATE, implica Beneficencia, Benevolencia, Virtud dispuesta para la acción, una propensión abundante tanto para desear como para hacer lo bueno, bondad intrínseca que produce una generosidad y un estado de ánimo semejante a la disposición de Dios. AGATHOSUNE es una palabra rara, entonces, que combina el ser bueno y el hacer lo bueno.

“Llenos de todo conocimiento”, mientras tanto, no significa lleno de títulos, cursos o diplomas. El verbo CONOCER, en la Biblia, siempre tiene que ver con la más profunda intimidad. Es decir que lo que te está diciendo es que la bondad, que implica no sólo ser bueno sino querer hacer lo bueno, (Parecería muy obvio, pero no lo es) sumado a tener intimidad con el Señor y por lo consiguiente conocerlo, es lo que nos facultará para qué: para amonestarnos unos a otros. No unos a un montón ni algunos a varios. Dios dice. UNOS A OTROS.¿Y qué es amonestar? Es exhortar, aconsejar. Los cristianos son, a menudo, los mejores consejeros de sus hermanos en la fe, especialmente, cuando comprenden la voluntad de Dios tal cual se enseña en las Escrituras, al tiempo que son capaces de aplicarla correctamente a la vida diaria. Nada que ver con profesionales o especialistas, aun en las ciencias de mayor prestigio hoy día dentro de la iglesia, entiendes? Ahora: ¿Cómo conseguirlo?

(Verso 13)= Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.

Capítulo Nº 4

De la Función al Cargo

Ya hemos mencionado que en su carácter de comunidad corporativa, la iglesia del Señor (Y no hablo de congregación, hablo de Iglesia), ha sido llamada a organizarse a sí misma, entre otras cosas, y por ejemplo, para disciplinar a los miembros caídos, advertir a los rebeldes, confortar a los desanimados, sostener a los débiles, progresar en la obra del Señor y ministrarse unos a otros. Esa responsabilidad no termina allí. Va mucho más allá y, en todos los casos, respaldado en la palabra. Por ejemplo, enseñarnos unos a otros. ¿Unos a otros? ¿No hay maestros y alumnos? En lo formal, en lo lineal, sí; pero en la concepción global, los creyentes estamos llamados a someternos, sujetarnos, amarnos y todo lo que se te ocurra, los unos a los otros. No habla de líderes ni de liderados. Habla de todos con todos. Que quede claro.

(Colosenses 3: 16)= La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.

¿Qué es la enseñanza? Hay muchos conceptos, depende quien lo analice. Una Biblia de estudio muy conocida que yo tengo, dice como comentario sobre este verso, que debemos ser diligentes en el estudio bíblico y memorizar la mayor cantidad de versículos que podamos. Yo no puedo decir que eso esté mal o que sea una barbaridad. Es bueno, suma y es conveniente. Pero enseñar es algo más. Es, en todo caso, imitar a Cristo, enseñar como Él enseñó. ¿Y cómo enseñó él? Viviendo. Diciéndole a la gente: miren, yo soy quien digo que soy, y vivo una vida que respalda lo que soy y lo que digo que soy. ¿Cuántos denominados maestros podrán decir eso? A todo esto, súmale lo otro: unos a otros. O sea: todos. Y además, usar los dones, en esa mismo tónica, en esa misma dirección.

(1 Corintios 14: 31)= Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.

Alguna vez escuchaste que alguien enseñe esto, así como lo dice aquí? Sí, ya sé, la experiencia nos dice que se armaría un barullo fenomenal porque, en el marco de una tremenda inmadurez en la que hoy todavía navega el pueblo, incentivar a eso sería como abrir una enorme compuerta donde se desbordaría toda esa ansiedad que una gran mayoría tiene por ser profeta. Yo sí escuché, aquí en Rosario, una vez a alguien, enseñar esto. ¿Sabes que comentaba mucha gente, después? Que eso no era profecía, que eso era un espíritu de adivinación. Yo, te confieso, no tuve muy clara ni una cosa ni la otra, pero sí te puedo asegurar es que el hombre no se fue ni un milímetro más allá de lo que dice la palabra. Una vez más: unos a otros, uno por uno, todos. Con respecto al servicio, eso ya es otra cosa y lo podemos entender mejor.

(Gálatas 5: 13)= Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servios por amor los unos a los otros.

¿Por qué habría de servirte yo a ti, mi hermano? ¿Por obediencia? Está bien, no puedo discutirlo, pero me huele a legalismo. ¿Por amor? ¿Qué amor? Porque esa cosa emocional que sensibiliza a la gente y la hace llorar no solo ante el hambre o la necesidad ajena, sino también ante las desventuras del personaje de una telenovela o de un reality show, no es una muestra del amor del que se habla aquí, eh? Este amor es el ÁGAPE, que no es expresión emotiva del alma, sino carácter. O sea que: la única posibilidad que tenemos para servirnos unos a otros sin caer en legalismos ni formalidades hipócritas, es cuando expresamos el carácter de Cristo que mora en nosotros por causa del Espíritu Santo. Del mismo modo, cuando se nos insta a llevar mutuamente nuestras cargas.

 (Gálatas 6: 2)= Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.

¿Cuál era la ley de Cristo? Amarnos los unos a los otros, como Él nos amó. Esto lleva implícito el sobrellevar las cargas mutuamente. ¿Estamos haciendo esto, hoy, en la práctica, o es más frecuente la indiferencia? Cuando alguien decide irse de una congregación, así sea absolutamente equivocado y cometiendo un grave error que lo puede llevar de vuelta al mundo y al pecado, quien lo apacentaba y lo pastoreaba, sale a buscarlo como dice la palabra o se queda sentado esperando que, como dice que corresponde, el que quiere irse venga a hablar con él? Pero no es toda la responsabilidad del liderazgo. Te pregunto iglesia, hermano: ¿Te preocupa, verdaderamente, como están los demás hermanos hoy, si van a comer o si no tienen con qué?

(1 Corintios 12: 25)= Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

Dice que el preocuparnos los unos por los otros, principalmente, sienta las bases que evitan desavenencias en el cuerpo. ¿Cuántos saben que esto es así? ¿Cuántos saben que el 80 por ciento de los problemas en las congregaciones, son por causa del resentimiento o la amenaza de algunos de sus miembros a causa de la indiferencia del resto por sus problemas? Y otra más: ¿Cuál es el cuerpo de Cristo? ¿Los miembros de una determinada congregación o todos aquellos que han creído en el como Salvador y Señor de sus vidas? Porque yo he sabido de gente que dice públicamente hoy, que quien no está trabajando activamente en una congregación, está fuera del cuerpo, y eso, que yo sepa, si no he leído mal, es total y absolutamente arbitrario, autoritario y antibíblico. Bueno: esto es, precisamente, lo que tiene que ver con aquel lavado de pies que Jesús hizo con sus discípulos, recuerdas?

(Juan 13: 14)= Pues si yo, el Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

Esto, naturalmente, tiene una connotación que va mucho más allá de un lavado de pies. En los tiempos de Jesús, esta era una actitud de servicio muy notoria, ya que ese acto aliviaba al viajero de su cansancio y lo liberaba de la suciedad del camino. El principio que aquí se expresa abiertamente, es el de la humildad, el de servir por servir, no un rito que se puede hacer con algunas personas seleccionadas especialmente, a las que probablemente, nunca más dediquemos atención y ni siquiera el saludo. Eso es religión. Mejor dicho: religiosidad, ritualismo y algo de hipocresía fariseica. Jesús es claro y, además, no se mueve con falsas modestias. ¿Qué les dice? ¡Eh, muchachos! Yo soy humilde y no soy nadie, pero... ¿Eso les dice? ¡No! Les dice que es el Señor y Maestro. Y punto. Autoridad siempre es autoridad y viene del cielo. Todo lo demás, es autoritarismo. Amarnos, respetarnos, honrarnos unos a otros, no necesitaría mandamientos, no? Sin embargo, los hay.

(Juan 13: 34)= Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que os améis unos a otros.

(35) En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

(Romanos 13: 8)= No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.

(Romanos 12: 10)= Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra; prefiriéndoos los unos a los otros

(Efesios 4: 32)= Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

(Romanos 14: 19)= Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.

(Efesios 3: 13)= Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro.

(Hebreos 3: 13)= Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

 Hay muchos más que no necesitan comentario alguno, ya que tienen que ver con nuestra conducta, y que yo sepa, una conducta no es el resultado de un manejo exterior, sino de un estado interior. Si en nosotros está el que debe estar, el que decimos por allí que está, esto es obvio. ¿Qué más necesitaremos para estimularnos unos a otros al amor y las buenas obras, en lugar de criticarnos para que nos remuevan y así ocupar nuestros lugares? ¿Qué nos impide darnos ánimo permanentemente, orar unos por otros, ser hospitalarios y transparentes, en lugar de jugar a las escondidas santas?

Hay algo casi dramáticamente claro aquí: todos estos mandamientos que hemos compartido, tienen que ver con la decisiva realidad de que cada miembro de la comunidad creyente debe llevar la responsabilidad del cuidado pastoral de la iglesia. ¿Yo? ¿Si aquí hay alguien que cobra un sueldo para eso! A mí no me interesa como se organiza el mundo y, mucho menos, si la iglesia le copia su sistema. Lo que sí me interesa es la evidencia bíblica de que el liderazgo es una cuestión corporativa. (O sea: de un cuerpo, no te confundas) y no algo que realiza uno solo, está claro? Es este el motivo por el cual no puede extrañarnos, de que en la mayoría de las congregaciones de este tiempo y estilo, la madurez espiritual se atrofie y la mayoría de sus miembros se conviertan en meros espectadores pasivos, apáticos y hasta indiferentes. Dicho con máxima claridad: el Nuevo Testamento no contiene una sola palabra acerca de una iglesia mandada, gobernada o dirigida por ancianos. Y mucho menos, aún, de alguna iglesia conducida por UN pastor,

(Hechos 20: 28)= Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

Este texto, sin ir más lejos, se ha utilizado para respaldar liderazgos. Y si lo miras con cuidado, verás que habla de obispado, que es supervisión, que es aportar cuidado y vigilancia de que todo ande bien, pero no concretamente conducción. Y habla de apacentar la iglesia, que significa ser uno de los responsables de que las ovejas se alimenten, y que de ningún modo tiene que ver con una única persona dando semanalmente uno o más mensajes que, mayoritariamente y conforme al estado espiritual que hoy presenta la iglesia, son más discursos morales, sociales, psicológicos o filosóficos que Palabra de Dios, que como todos sabemos, es lo único que puede alimentarnos.

(Gálatas 6: 1)= Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado..

Dice que si alguna oveja inmadura llega a meter la pata en un pozo y se le fractura, debe ser restaurada. Ojo que no habla de la oveja rebelde que elige vivir en falta, sino de la que ha cometido una que debe ser restaurada. ¿Cómo? Con espíritu de mansedumbre. ¿Por quienes? Por los que son espirituales. ¿Con qué motivación? Con la de considerarnos a nosotros mismos, antes de atacar “al infame pecador”. ¡Qué distinta es esta palabra a la imagen de una oficina, de un hombre sentado detrás de un buen escritorio, rodeado de colaboradores que clavan sus ojos acusadores en una persona sola, sentadita en una silla en el medio de esa oficina, tratando de dar alguna explicación para aquello que, la mayoría de las veces, no tiene explicación. Cualquier confusión con el Sanedrín, es pura coincidencia. Anás y Caifás hace mucho que se murieron.

Los líderes, se llamen como se llamen, y recuerda que ya vimos que no necesariamente es UN pastor, pueden ser: ancianos, obispos, ministros, reverendos o como se te ocurra denominarlos. Bueno, esos líderes pueden ser, simultáneamente y si han recibido el don, profetas, evangelistas o maestros, pero eso no significa que todos los profetas, evangelistas y maestros puedan ser líderes.

Más claro aún: mientras algunos creyentes toman la delantera más que otros debido a sus dones o a su relativa madurez espiritual y se constituyen en ancianos, pastores o líderes, el Nuevo Testamento hace especial énfasis en la responsabilidad de TODA la asamblea. De esta manera, el liderazgo y la responsabilidad pastoral reposan sobre los hombros de cada miembro de la iglesia y no sobre la espalda de una sola persona o de un grupo selecto. En la interpretación eclesiástica de Dios, la hermandad precede, excede y aventaja al grupo de ancianos. Esto explica por qué las cartas de Pablo se leen pesadamente cuando tratamos de forzar en ellas la idea de títulos y oficios. Pablo enseña un liderazgo compartido, en el que a algunos creyentes se les reconoce que poseen una experiencia más grande y más visión que otros.

Hasta aquí hemos venido detallando la base escritural de la idea bíblica con relación al liderazgo. Pero queda una duda y una pregunta en pie que, más de uno, seguramente se habrá formulado. ¿Qué hacemos con aquellos textos del Nuevo Testamento que tradicionalmente, se han utilizado para respaldar la noción de una forma de liderazgo eclesiástico posicional y jerárquico? Vamos a estudiarlos, merece la pena ser claro, amplio y en absoluto pontificio. Hay seis escrituras que, aparentemente, hablarían de oficiales eclesiásticos, rótulo que avalaría el liderazgo posicional y jerárquico.

(Hechos 1: 20)= Porque está escrito en el libro de los salmos: sea hecha desierta su habitación. Y no haya quien more en ella: y: tome otro su oficio.

(Romanos 11: 13)= Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio.

(Romanos 12: 4)= Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función

(1 Timoteo 3: 1)= Palabra fiel: si alguno anhela obispado, buena obra desea.

(Verso 10)= Y esos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles.

(Verso 13)= Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo.

Aquí hay que aclarar que la palabra “oficio”, en todos estos pasajes, no parece ser la más apropiada, ya que no tiene equivalente en el texto original. En ninguna parte del texto griego del Nuevo Testamento se puede encontrar el equivalente a “oficio”, usado en conexión con algún ministerio, función o liderazgo en la iglesia. La palabra griega que se traduce como “oficio”, se emplea únicamente para referirse al Señor Jesús en su oficio de Sumo Sacerdote en Hebreos capítulo 5 y capítulo 7, y al sacerdocio levítico en el evangelio de Lucas 1:8, donde dice: Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase.

Es así entonces, que una traducción más fiel para Romanos 11:13, sería Le hago honor a mi servicio, que es la palabra KOINONÍA, en lugar de honro mi oficio, como aparece en algunas versiones. Lo mismo sucede con Romanos 12:4, cuya máxima fidelidad le haría decir: No todos los miembros tienen la misma función, que es la palabra PRAXIS, que en el griego significa una actividad, una práctica o una función en lugar de un oficio o una posición. Y finalmente, en 1 Timoteo 3: 1, donde se lee Si alguno anhela obispado, la mejor traducción sería: si alguno aspira a vigilar.

Es decir que estamos suplantando conforme a la Palabra, los clásicos conceptos de oficio y posición por hacer y trabajar. El significado del oficio de anciano, por ejemplo, es el resultado de una mala traducción que, a su vez, ha sido influenciada por los prejuicios culturales de ciertas traducciones, enredando el lenguaje bíblico y transformando de esa manera palabras simples en títulos eclesiásticos que no presentan origen en los oráculos sagrados.

A ver si nos entendemos. Hace muchos años atrás, en la época precisa de las traducciones clásicas que hoy nos sirven de material de estudio, los hombres estaban convencidos –supongo que por avance cultural romano- de la existencia de un Dios tremendo, muy lejano al cual, querer asemejarse, equivalía poco menos que una herejía. La palabra decía que éramos su imagen y semejanza, pero los hombres (los traductores incluidos) no pensaban lo mismo. La palabra decía (porque siempre lo dijo) que éramos un pueblo de reyes y sacerdotes, pero esos mismos hombres estaban convencidos que éramos unos pobres pelagatos. Y, finalmente, la palabra siempre dijo que éramos TODOS ministros competentes, pero esos hombres ya tenían decidido que solamente unos pocos estaban destinados a ser ministros y que los demás éramos un montón lleno de inconsistencias que, necesariamente, tendríamos que depender de ellos. Muy bien: en función de lo que ellos pensaban de antemano y no de lo que decía la Biblia, así tradujeron. Y así nos ha ido hasta hoy.

Por ejemplo: un simple vistazo al texto griego original, nos llevaría a registrar algunos datos muy interesantes: Los Obispos, llamados originalmente EPISKOPOS, son simplemente guardianes y de ninguna manera altos dignatarios u oficiales eclesiásticos. Los Pastores, denominados originalmente POIMEN, son una especie de vigiladores y no predicadores profesionales. Los ministros, a los que se llamaban DIAKONOS, son ayudantes y no clérigos. Los ancianos, que eran los PRESBUTEROS, eran hombres maduros dotados de sabiduría y no oficiales eclesiásticos de mayor rango. Esto no es un invento antojado de un cualquiera en una divagación matinal de un día cualquiera. Esto ya ha sido visto por innumerables eruditos estudiosos del Nuevo Testamento, pero sin embargo sus deducciones y descubrimientos han quedado en la nebulosa porque, alterar esos órdenes, equivaldría a pulverizar nuestro sistema eclesiástico actual y retrotraer todo a la iglesia primitiva, causando un verdadero estrago, esencialmente, en tantos y tantos hombres y mujeres que, por mucho o por poco, tienen  un salario que proviene de la organización cristiana a la que están adheridos.

Ahora bien: La lista de requisitos que Pablo presenta con relación a los ancianos, ¿Los coloca en una especie de nombramiento oficial? Te podría responder un sinfín de cosas, pero prefiero que lo haga la Escritura. A ella nadie le discute, a los hombres que la proclaman tal cual es, todavía sí.

(1 Timoteo 3: 1)= Palabra fiel: si alguno anhela obispado, buena obra desea.

(2) Pero es necesario que el obispo sea: (Y a continuación Pablo enumera, detalla y describe diecisiete condiciones indispensables para aquellos que, como él mismo dice, anhelan obispado, guardia, vigilancia. Tito 1:7-9, dice algo similar)

Todos sabemos porque así se nos ha enseñado en cualquiera de los cientos, miles de seminarios bíblicos que han estado “preparando” líderes, una cuestión que tampoco queda muy claro de cómo ha sido interpretada, que las cartas que Pablo enviara a Timoteo y a Tito, han sido denominadas como “epístolas pastorales”. El por qué de esa catalogación, habrá que hallarla en el convencimiento de que ambos personajes, eran indudablemente pastores, líderes, conductores de congregaciones, r4esidentes en determinados sitios. Así se entendió y así se nos enseñó a todos. Pero hay un problema: la Biblia jamás dijo eso. Esas cartas, muy por el contrario, fueron escritas a quienes eran, evidentemente, colaboradores apostólicos del propio Pablo. O sea que, tanto Timoteo como Tito, formaban parte de su círculo apostólico. Atención con esto; no eran pastores residentes, entonces, como a muchos les ha gustado y les gusta todavía enseñar. Eran obreros itinerantes. ¿De donde saco esto? Del único lugar en que los creyentes deberíamos extraer nuestras enseñanzas, y que no es de las concepciones teológicas de nuestras doctrinas denominacionales: de la Palabra de Dios escrita en la Biblia. Hay por lo menos ocho pasajes que confirman esto, pero yo te voy a dar sólo dos para no cansarte.

(1 Corintios 16: 10)= Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. (Si llega Timoteo. Esto implica que Timoteo no estaba viviendo allí, tenía que llegar de algún otro lado. Itinerante. El hace la obra del Señor como yo. ¿Cómo la hacía Pablo? Desde su función de apóstol, no de pastor. Bueno, Timoteo exactamente igual)

(2 Corintios 8: 23)= En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo. (Pablo no dijo lo que muchos enseñan. ¿Hubiera tenido algún problema, si así hubiese sido, de decirle a esa gente que obedecieran a Tito en todo lo que ordenara, ya que él era su pastor, su líder, su responsable? Tal como Pablo escribe y ordena, nada se lo habría impedido. Pero no, Pablo es muy claro cuando les señala que Tito, era un compañero, un igual, un colaborador suyo. Nunca fue más allá.)

También está muy claro que, en estas denominadas “cartas pastorales”, la metáfora del cuerpo, por ejemplo, prácticamente está ausente, se menciona ocasionalmente a los hermanos, y hay escaso énfasis en el ministerio mutuo. No hay que confundirse, lo que tenemos en estos textos son las cualidades esenciales de un verdadero vigilante, en vez de una lista de requisitos para un determinado oficio, función o cargo posicional. La suma de estas cualidades, nos arroja: carácter, fidelidad, rectitud moral, responsabilidad, piedad que es espiritualidad y estabilidad. Esto es lo básico que sigue en pie para el ejercicio de cualquier tipo de liderazgo.

Va implícito, asimismo, que el sabor de estos textos en el griego es el de función en lugar de cargos. De ninguna manera Pablo llamaría “titular del cargo” a uno de esos vigiladores o supervisores, sino una “noble función”. Por otra parte, Pablo es muy claro y concreto cuando le recomienda a Timoteo que honre a los ancianos que “guían bien” y que “dedican sus esfuerzos” a la proclamación y la enseñanza, no a todos. De allí que no podemos confundir a esos vigilantes y supervisores con los modernos funcionarios eclesiásticos. Esto se debe a nuestra tendencia a imponer en el Nuevo Testamento nuestros convencionalismos organizativos. Esto es indicativo de una estructura cultural aprendida que introducimos en el texto y nada más. En resumen, el lenguaje de función en vez del oficio, domina a esas cartas pastorales así como a todas las demás cartas de Pablo.

Capítulo Nº 5

Vigilar, Guardar y Cuidar

A nosotros, occidentales del siglo 21, nos gusta pensar en términos organizativos al estilo organigrama, pero la Biblia nunca lo hace así. Como tal, pensar que toda la lista estructurada en la Escritura contiene alguna clase de jerarquía velada, es un supuesto injustificado e inconsistente desde el ángulo bíblico. Por consecuencia, interpretar una jerarquía determinada en lo que simplemente es un catálogo de dones, es una deformación cultural prejuiciosa de lo que en realidad Pablo dejó escrito. La realidad es que, la cuestión de las estructuras de autoridad no aparece en ninguna parte en este texto que ahora voy a leerte. Un buen estudio de este pasaje, no nos va a llevar de ninguna manera, a ninguna idea de jerarquías. En todo caso, y por determinados intereses, hemos sido nosotros los que impusimos a este texto esa falsa idea.

(1 Corintios 12: 28)= Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.

Lo que voy a decirte te va a parecer insólito, pero a partir de este versículo, hay organizaciones que distribuyeron la importancia de sus cargos, (Y hasta de sus sueldos) , conforme al orden que aquí se detalla. Sin embargo, una lectura más natural de este texto, nos va a mostrar que está en perfecta armonía con el contexto inmediato en que aparece, ya que en el verso 14 de este mismo capítulo, dice que Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Esto significa que el ordenamiento de la lista refleja una prioridad lógica y no jerárquica. Esto quiere decir que el orden, lo que está mostrando, es la calidad de algunos dones más grandes con respecto a la edificación de la iglesia. Hay algunas escrituras que confirman esto.

(1 Corintios 12: 7)= Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (La traducción más fiel, dice: “Para provecho mutuo”)

(Verso 31) Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente. (Nadie podría oponerse a lo que el Espíritu Santo quisiera hacer con los que le anhelan, pero eso no prioriza los dones a una medida superlativa, ya que Pablo dice aquí que hay un camino más excelente que ese)

(1 Corintios 14: 4)= El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.

(Verso 12)= Así también vosotros; Pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.

(Verso 26)= ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación, hágase todo para edificación. (Al margen, tendré que decirte que esta última, debe ser la palabra más desobedecida en la iglesia. ¿Le interesa a alguien que entre los asistentes haya gente que tenga todo eso? ¿Lo podrían ejercer, libremente y como aquí dice, para la edificación de la iglesia? No. No pueden, porque se deberá respetar el orden de culto. Hay personas designadas con anticipación para participar, y hasta el título de la predicación se ha venido promocionando por la radio. Siempre recuerdo lo que me contaba una amiga que viajó a Nueva York hace algún tiempo y observó, en una iglesia de las tradicionales, un letrero en el exterior, que daba a conocer el título de los mensajes que el pastor predicaría hasta tres meses en adelante)

Ahora bien: estos últimos textos nos dejan la evidencia de algo muy claro: dentro del ámbito de la edificación de la iglesia, el ministerio del apóstol es fundamental. Esto se debe, indudablemente, a que los apóstoles han sido ciento por uno los que han dado nacimiento a la iglesia, y los que la han sostenido también durante su desarrollo post-natal. Ellos han sido, y son todavía, los que rompen la durísima tierra de la carnalidad y la incredulidad, y plantan la divina semilla de la EKLESIA. Es por ese motivo y no otro, evidentemente, por ser los que ponen el cimiento de la iglesia, que han sido colocados, cronológicamente primeros en la obra de edificación de la iglesia. No es casual, de ninguna manera, ni tampoco antojado ni circunstancial, mira estos textos.

(Romanos 15: 19)= Con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilirico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

(20)  Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno.

(1 Corintios 3: 10)= Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire como sobreedifica.

(Efesios 2: 20)= Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.

Esto confirma lo dicho, verdad? Lo más significativo e incomprensible que tenemos en nuestra cultura eclesiástica, entonces, es que mientras los apóstoles son colocados en primer lugar en el esquema de la formación de la iglesia y así lo corrobora la propia palabra de Dios, a los ojos del mundo y de una parte mayoritaria de la iglesia, figuran últimos, mientras que el primer lugar es ocupado por un ministerio del cual en el único contexto en que se habla, es en el ámbito global y abarcativo y que, cuando se lo individualiza, se refiere a Dios mismo o a Jesucristo. LA Biblia, sin embargo, también hablará de esto.

(Mateo 20: 16)= Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

(1 Corintios 4: 9)= Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.

Los profetas aparecen, según nuestro texto base, en segundo lugar en la lista, indicando así que siguen inmediatamente a los apóstoles por lo que valen para la edificación de la iglesia. ¿Por qué? Porque es el profeta el único determinado por Dios (que es el dueño de cada ministerio) para ser provistos de la visión de la iglesia para cada lugar y estímulo espiritual y revelación del misterio del propósito de Dios para el presente y para el futuro. También hay escrituras confirmando esto.

(Hechos 15: 32)= Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras.

(Efesios 3: 4)= Leyendo lo cual podéis entender cual sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, (5) misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu.

Los profetas, p0or decirlo de alguna manera, arrancan de raíz las malas hierbas para que la iglesia pueda crecer libre de estorbos. Esto, indudablemente, está aludiendo a la cizaña, que no son necesariamente personas malas, como ligeramente se nos ha enseñado, aunque naturalmente las incluya, sino palabra falsa, alimento corrupto, que es lo que mayoritariamente se ve en nuestros días en gran parte de nuestras congregaciones. El profeta ha sido llamado, con palabra concisa y concreta, a destruir eso y a llevar a la cizaña al lugar en donde debe estar, que no es la restauración que sí hay para el pecador: el fuego. Es, entonces, en este tenor, en el que los profetas, fieles administradores de ese ministerio del Señor, ayudan notablemente a los apóstoles a poner el cimiento de la iglesia, tal como ya lo hemos leído en el verso 20 del capítulo 2 de la carta de Pablo a Efeso.

A los maestros, mientras tanto, se los menciona en tercer lugar, indicando con ello que siguen a los profetas en el valor de sus dones para la edificación de la iglesia. El maestro tendrá la compleja tarea de colocar a la iglesia sobre un terreno doctrinal sólido, al tiempo que tiene necesariamente que proveer instrucciones correctas para el conocimiento claro de los caminos de Dios. ¿Sabes cual es el peor enemigo de los maestros hoy día? No. No se trata de hechiceros, ni brujos ni satanistas. El peor enemigo de los maestros del siglo 21 que desean ser fieles y caminar por la santa palabra de Dios sin desviarse ni a izquierda ni a derecha, es el postulado de las distintas doctrinas denominacionales, que en muchos sitios, tiene prevalescencia sobre la doctrina de Jesucristo. ¡Parece mentira, pero es así! .

El maestro está llamado sencillamente a regar la semilla sembrada, a fertilizar la tierra para que la iglesia pueda crecer y florecer. Si se examina el ministerio del maestro de una manera cronológica, se verá que ellos se constituyen en los constructores de la superestructura de la iglesia después que los apóstoles y los profetas han erigido la planta baja. Del problema más habitual con que los maestros suelen encontrarse, es la ausencia de planta baja, precisamente. ¿Por qué? Porque desde que fue escrito en Efesios que los cinco ministerios de Dios han sido colocados para la edificación del cuerpo, pero también para perfeccionar (que es madurar) a los santos, uno de los inconvenientes mayores ha sido el de encontrarnos con santos total y absolutamente inmaduros, educados para depender, y no del Señor, como sería correcto, sino de sus líderes; santos más preocupados en pasar al frente para que alguien “le ore” que santos dispuestos a pagar el precio de tener una comunión íntima con su Señor. Esto, a todas luces, no sólo es negativo, sino también mentiroso, porque está evidenciando que el evangelio está constituido por personas que están en el llano, bastante lejos de Dios, y otros más iluminados que se encuentran más cerca, a los que habrá que rogarles que oren por nosotros, única manera de sobrevivir. Una falacia total y antibíblica que, sin embargo, ha formado y forma parte de nuestra cotidiana doctrina.

Esta luz singular sobre el texto de 1 Corintios 12:28, sigue mucho mejor el hilo del pensamiento de Pablo en toda la carta, que la idea de alguna clase de estructura de mando jerárquico donde los apóstoles pueden “hacer valer ciertos privilegios” por sobre los profetas. Y estos, a su vez, hacer lo mismo para con los maestros. Además, esta interpretación trae a un primer plano un importante principio espiritual: La ausencia de autoridad jerárquica, no significa que haya igualdad en los dones. Mientras que el Nuevo Testamento afirma que todos han recibido dones y todos tienen un ministerio, asimismo demuestra que Dios distribuye sus dones de una manera variada. A esto lo vemos en:

(1 Corintios 12: 4)= Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el espíritu es el mismo.

(5) Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

(6) Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

Ahora bien, esto ha quedado en claro. Pero si bien como claramente se entiende, cada don es altamente valioso para el cuerpo de Cristo, algunos dones serán más grandes que otros dentro de sus respectivas esferas, cosa que también tiene respaldo bíblico.

(1 Corintios 12: 22)= Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; (23) y aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a estos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

(24) Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más honor al que le faltaba.

Naturalmente que esto no quiere decir que quienes tengan dones más grandes, también tengan que ser más grandes en autoridad, ya sea en algún sentido posicional o formal. Ya sé que esto es, precisamente, lo que se ha venido haciendo regularmente en casi todos los lugares, a favor de una enseñanza implícita, aunque sin respaldo bíblico, que con periódica perseverancia se ha venido entregando en cada congregación. Lo cierto es que, mientras Dios ha llamado a algunos a la obra de la iglesia para plantar y adiestrar, a todos se nos ha dado gracia y autoridad para funcionar en nuestros dones particulares. ¿Veremos el día en que, ese siervo pleno en campañas de prodigios y milagros, se quede relegado a un anónimo y humilde lugar dentro del liderazgo de su congregación, sin pensar ni remotamente en hacer una por su cuenta porque ya es grande y nadie se lo puede discutir?

(Romanos 12: 6)= De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe.

(Efesios 4: 7)= Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.

¿Y esto qué quiere decir? Quiere decir que, dentro de la esfera de nuestros dones, cada miembro es indispensable para la sobreedificación general de la iglesia, aun los miembros cuyos dones no son externamente impresionantes. Porque hasta ese circo se nos ha metido en la iglesia. Y perdón por utilizar esta palabra que quizás suena algo irreverente, pero si circo es una actividad donde se muestran ilusiones que van mucho más allá de las auténticas realidades, sea circo la palabra a usar y no otra. Así es como se ha llevado a mucha gente inmadura a pensar  y a creer  que sólo los dones espectaculares son divinos. No sólo no es así sino que, lamentablemente, son muchos los que por perseguir lo espectacular, se han perdido lo divino.

O sea que, lo que intento decir, es que cada cristiano en la casa del Señor como vulgarmente se le llama a nuestros templos, (¡Otro lindo error!) Es responsable de usar e incrementar sus dones y se le advierte contra la tentación de ocultarlos en la tierra por temor. En suma, la idea de que 1 Corintios 12:28 denota alguna clase de jerarquía eclesiástica, carece de argumentación sólida. El texto tiene en mente los dones más grandes, considerados en el trasfondo del orden cronológico de la construcción de la iglesia, en vez de la ley del más fuerte de una jerarquía eclesiástica o de una cadena autoritaria por la que los cristianos deben subir inexorablemente.

Y cuando digo cadena autoritaria, sé lo que estoy diciendo. No hay registro bíblico de que un solo hombre sea el depositario total de toda la visión de Dios. Es más, eso pudo haber sido más o menos posible en el marco del Antiguo Testamento, donde las comunicaciones entre Dios y el hombre, siempre elegían a un destinatario clave, ya que aun no existía como hoy la conocemos, la labor de guía a toda verdad que emana del Espíritu Santo de Dios con el cual TODOS hemos sido sellados. Yo me pregunto, entre otras cosas, cómo puede haber tanta diferencia entre la visión de un hombre y la visión de otro, si el Espíritu Santo que los guía, es el mismo. ¿No es para suponer que la carne se ha metido en un lugar que no le corresponde?

Sin embargo, parecería ser que hay escrituras que dicen y muestran que los ancianos tienen que gobernar. No se puede evadirlas, que es lo que se suele hacer con los textos que no dicen lo que nos gusta. Hay que estudiarlas. Demasiado tiempo lleva ya la iglesia aferrándose a los pasajes que le agradan y obviando, olímpicamente, a los que no les calzan bien a sus intereses. No puede ser de Dios una actitud así. Diga lo que diga, la Palabra es la dirección. Siempre. Lo único que restará, naturalmente, es entenderla.

(Hechos 20: 28)= Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

(1 Timoteo 5: 17)= Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.

1 Tesalonicenses 5: 12)= Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan.

(Hebreos 13: 7)= Acordaos de vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuentas para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

En primer término, habrá que consignar que no sólo el vocablo “Gobernar” en estos textos no encaja bien con el resto del Nuevo Testamento, sino que no hay un solo término que se le parezca en todo el texto griego del Nuevo Testamento. Este es, sin embargo, otro caso donde ciertas traducciones han empleado una terminología religiosa, calculada para confundir a los lectores modernos.

Veámoslo con detenimiento: la palabra “Gobernar” que se utiliza en el texto de hebreos 13, es una traducción muy singular del vocablo griego HEGEOMAI, que significa simplemente guiar, conducir o ir adelante. Asimismo, en el texto de Tesalonicenses, la palabra “presidir” es una traducción de la palabra griega PROÍSTIMI y conlleva la idea de estar al frente, hacer obra de supervisor, guardar y proveer cuidado. Algunos comentaristas y eruditos sostienen que este término no tiene la fuerza técnica de una designación oficial, porque se usa como participio en vez de su forma sustantiva, y está colocado en medio de otros dos participios que no tienen carácter oficial. ¿Pero entonces hay que ser experto en gramática para leer la Biblia? No, experto no. Sólo formado, que es a lo que Dios ha apuntado cuando decidió darnos una mente capaz de cumplir todas las funciones que nuestras mentes están capacitadas para cumplir. La idea del creyente analfabeto, perdón, es una idea nacida en Latinoamérica, a favor de la falta de escuela de sus gentes, un problema gubernamental masivo y no un designio del Dios inteligente que nos creara.

Hay una traducción de 1 Tesalonicenses 5:12 que pertenece a F.F.Bruce, que dice: Ahora les pedimos hermanos que reconozcan a los que trabajan arduamente entre ustedes y les cuidan en el Señor y les instruyen, y que les tengan en alta estima a causa de su obra. La misma palabra, PROISTIMI que aparece en 1 Timoteo 5:17 también está traducida incorrectamente como “gobernar” en la Reina Valera 1960. Además, como elemento clave, en Hechos 20:28, el texto griego dice que los ancianos están EN medio del rebaño y no SOBRE el rebaño, como lo dice la Nueva versión Internacional. De paso te diré que la Biblia siempre habla de “Rebaño”, que como todos saben, es un grupo de tranquilas y alegres ovejas retozando a su gusto con total libertad en búsqueda de sabrosos pastos, mientras que nuestras iglesias hablan de “Redil”, término que no es utilizado en la comparación con los creyentes, y que como también se sabe, es un coral en donde las ovejas están presas, encerradas y, a veces, hasta oprimidas.

En el mismo tenor, la declaración de Pablo en 1 Timoteo 3:4-5 respecto a que los vigilantes o supervisores deben “Gobernar” (PROISTIMI) también su propia casa, no se refiere a su habilidad para ejercer poder. Mas bien, señala a su capacidad de llevar la responsabilidad de la supervisión, dirección y alimentación de los demás. Ya que el hogar es el lugar donde nuestro carácter se prueba más severamente, Pablo se refiere a él cuando describe el carácter de los vigilantes o supervisores.

Ahora bien: es notorio que en todos estos pasajes, la idea básica que se esgrime, es la de vigilar en vez de mandar, supervisar en vez de dominar y facilitar en vez de dictar órdenes. El cuadro que presenta el texto griego es el de una persona que está en medio del rebaño, guardándolo y cuidando de él. (Tal como lo haría un líder-siervo) Evoca y se refiere al pastor que tiene cuidado de las ovejas y las supervisa y no el que las conduce desde atrás o las gobierna desde arriba. Una vez más, el propósito de la enseñanza apostólica demuestra  consistentemente que la idea de Dios acerca del liderazgo en la iglesia está en pugna con aquellos roles convencionales de liderazgo al estilo de una empresa de altos ejecutivos.

Ahora voy a leer un versículo al que muchos han utilizado para enseñar que Dios dota a algunos creyentes para gobernar en la iglesia. ¿Será así? Veamos:

(Romanos 12: 8)= El que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Aunque la versión inglesa KJV, que es en suma de donde provienen la mayor parte de las traducciones al español, usa aquí la palabra PULETH, que se traduce como “Gobierna”, en este texto, la palabra griega que aparece aquí es PROISTIMI. Una vez más, entonces, este vocablo simplemente enfoca al que vigila y brinda ayuda a los demás en vez del que los gobierna y controla. Por esta razón, el texto se traduce mejor así: El que vigila y cuida, que lo haga con esmero. La idea de Pablo aquí claramente es de ferviente supervisión en vez de poder dictatorial.

(Hechos 14: 23)= Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.

(Tito 1: 5)= Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé.

 La mención, aquí, de un reconocimiento apostólico, o sea: nombramiento, favorece tanto la manera de pensar funcional como a la interpretación posicional. Primero, las palabras “nombrar”, “designar”, “establecer”, “constituir”, traducen las palabras KATHISTIMI, en Tito 1:5 y significa: “Poner al frente”, “constituir” y “nombrar”, y JEIROTONEO, que es la que se usa en Hechos 14:23 y que significa “extender la mano”. Los dos términos, y esto es importante, conllevan la idea de reconocer a aquellos a quienes otros ya han aprobado. Así es, al menos, como estas palabras se usaban en la literatura del primer siglo, fuera del Nuevo Testamento.

Segundo: no existe la menor prueba de evidencia textual que apoye la idea de que el reconocimiento bíblico otorgue o confiera autoridad. Pablo nunca invistió de autoridad a alguien por sobre el resto de los miembros de una comunidad. El Espíritu Santo es quien establece supervisores. Hechos 20:28 es muy claro cuando señala que es el Espíritu Santo quien pone obispos, que son en definitiva los supervisores. Por otra parte, los ancianos existen en la iglesia mucho antes de que sean reconocidos externamente. Lo que intento decirte es que el reconocimiento apostólico meramente hace público lo que el Espíritu Santo ya ha realizado. La imposición de manos, mientras tanto, es un signo de comunión, unidad y afirmación, y no una gracia especial o autoridad transmitida.

Entonces, queda muy claro que es un tremendo error confundir el reconocimiento bíblico con la ordenación eclesiástica que califica a ciertos especialistas religiosos a hacer lo que el resto de los mortales de menos categoría no pueden. Más bien, el reconocimiento bíblico es simplemente la confirmación externa efectuada por la iglesia de los que ya han sido comisionados por el Espíritu para una contribución específica; sirva, en todo caso, como un testimonio visible de un reconocimiento público. Nadie dirá nunca que un supervisor no tenga que ser reconocido por la asamblea. Lo que sí deberá decir antes de que sea tarde, es que ese reconocimiento jamás será un nombramiento oficial, un molde rígido.

La realidad, entonces y en conclusión, es que cuando damos reconocimiento a ciertas ceremonias, “licencias”, “títulos de seminarios”, elección por votación, etc., estamos hablando exactamente en un lugar donde la Biblia ha guardado silencio, y esto produce, inevitablemente, repercusiones indeseables. Hacemos muy bien en tener presente que en el Nuevo Testamento existe el principio de reconocimiento de ancianos, pero el método está abierto. Y siempre tiene el sentido de reconocer una función dinámica, en lugar de colocarlo en un oficio estático.

Capítulo Nº 6

Con la Santidad del Mundo

Aquellos que defienden, -escritura mediante-, la posición de los cargos jerárquicos legítimos dentro de la Iglesia, tienen algunos textos que son verdaderos caballitos de batalla al respecto. Uno de ellos, si se leyera superficialmente, estaría respaldando supuestamente el armado estructural y jerárquico que tenemos en este tiempo. Observándolo con mayor profundidad, como se debe hacer, por algo se nos dijo que escudriñemos, investiguemos las escrituras, la tonalidad cambia y el mensaje es otro, muy otro.

(Hebreos 13: 17)= Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuentas; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

Claro; visto rápidamente, parecería ser que aquellos que velan por las almas de la asamblea, tendrían que rendir cuentas a Dios, no? Y si es así, ¿No significaría esto que ellos tienen autoridad sobre los demás? Leamos bien. ¿Qué es lo que dice en esencia? Dice que los que por su madurez proveen supervisión, son responsables para con Dios por su tarea. Pero esto, en realidad, simplemente significa que a causa de su avanzada madurez y dotación espiritual, Dios los tiene por responsables de cuidar a sus hermanos. Pero no hay nada en el texto que estipule que ellos poseen alguna autoridad especial sobre los otros cristianos. Por consiguiente, entonces, ser responsable no equivale a tener autoridad. Tengamos muy presente que todos los creyentes son responsables ante Dios por la manera en que usan sus dones. De esto hay profusa confirmación bíblica. Te menciono tres.

(Romanos 3: 19)= Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios.

(Romanos 14: 12)= De manera que cada uno de nosotros dará cuenta de sí. (Esto te está diciendo que, ante la menor contingencia desconocida que te haga quedar en pecado o en falta ante el Señor, tú no puedes argumentar como he oído a tantos: ¡Pero eso a mí nunca me lo predicaron! En todo caso, será un pecado de ignorancia y, como tal, sujeto a una consideración divina muy diferente al pecado en conocimiento, que más que pecado, ya sabemos que es prevaricación)

(1 Pedro 4: 5)= Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.

Sin embargo, esto no es todo lo que se esgrime para defender cargos posicionales o jerarquías eclesiásticas. Se sostiene, en algunos círculos religiosos, por ejemplo, que Jesús mismo está respaldando la autoridad oficial cuando manda a sus discípulos a que obedecieran a los escribas y fariseos porque ellos, dice, se sentaban “en la cátedra de Moisés”. ¿Cómo se supone que habrá que entender esto? Simple; hay que entenderlo como es y no como parecería que es. Cuando Jesús dice que en la cátedra de Moisés se sientan escribas y fariseos, está exponiendo solamente el hecho de que los escribas y los fariseos eran maestros autonombrados que estaban usurpando autoridad y se habían colocado por encima del pueblo. Es decir que su declaración era una observación y no un respaldo como se nos ha hecho creer, entender o suponer. Muy por el contrario, el Señor dejó inequívocamente en claro que, a pesar de sus pretensiones ante los hombres, tanto los escribas como los fariseos no tenían ninguna autoridad en absoluto, ya que mientras enseñaban la ley de Moisés con puntillosa y exigente precisión, ellos mismos no la obedecían en lo más mínimo. Este es el texto, mira.

(Mateo 23: 1)= Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: (2) en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos.

(3) Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; más no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.

Hasta aquí parecería haber una aprobación para esa supuesta autoridad, verdad? Sin embargo esto no puede entenderse así porque iría en abierta contradicción al verso siguiente que señala:

(4) Porque atan pesadas cargas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.

A mí no me parece que este sea un texto que avala autoridades humanas simplemente porque ocupan un lugar. Mas bien tengo la certeza de que Jesús, aquí, les está diciendo que, si bien lo que los escribas y fariseos DICEN es real y digno de ser respetado, lo que ellos HACEN de manera alguna los pone como modelo a imitar, una cuestión fundamental a la hora de ejercer cualquier tipo de liderazgo aprobado por Dios. Y esto no es novedad. Y tampoco es lo único. Hay muchos pasajes en los cuales Jesús quebranta resueltamente las enseñanzas de los escribas y los fariseos, mandando a sus discípulos a que hicieran lo mismo. Entonces, ¿Por qué la referencia a la cátedra de Moisés por parte de Jesús? Esta expresión, en este texto, es una referencia literal a una silla literal que se ponía aparte en cada sinagoga, en la que se leían al pueblo las escrituras del Antiguo testamento. Cada vez que los escribas y los fariseos se sentaban en la silla de Moisés, leían abiertamente de las escrituras. Y debido a que la Escritura posee autoridad, lo que leían desde esa silla era obligatorio, a pesar de la hipocresía manifiesta de los que la estaban leyendo. Esta es la esencia de la declaración de Jesús que, aunque parezca insólito, todavía mantiene una vigencia tal que en el fondo, llega a preocupar. La lección es que si aun un supuesto e hipócrita maestro lee de la Biblia, lo que dice de ella es lo que tiene autoridad, aunque él no la tenga.

Esto es lo que mayoritariamente se ve en este tiempo. No hay congregación aquí en Rosario, al menos que yo conozca, en la que se esté predicando algo que no tenga algún punto de relación con la Biblia. Ultra ortodoxos, ortodoxos, medio ortodoxos, liberales, progresistas, carismáticos y cuanta posición teológica se te pueda ocurrir, confluyen en un mismo punto: leen la Biblia y hablan de sus enseñanzas. Hasta allí llega una mayoritaria autoridad de liderazgo. Porque después se va a caer, también mayoritariamente, en obras, acciones y conductas que de ninguna manera encarnan o respaldan lo que se ha leído o lo que se ha enseñado y hace mermar hasta el descreimiento toda esa supuesta autoridad conseguida. Afirmar que, entonces, a partir de la palabra de Mateo 23 Jesús otorga su aprobación a la autoridad oficial, es un claro ejemplo de cómo Jesús, precisamente, puede ser reemplazado por un papado que no necesariamente será el romano. Una especie de Pontífice cuyas ideas, opiniones y decisiones son prácticamente infalibles e indiscutibles.

Otras de las incógnitas, asimismo, es el determinar si el Nuevo Testamento griego no está apoyando la idea de que la iglesia deberá incluir clérigos y laicos. Escucha bien: la dicotomía clero y laicos, es un trágico error que corre a través de la entera historia de la cristiandad. Sin embargo, a pesar del hecho de que las multitudes han tomado  el espacioso camino del dogmatismo para defenderlo, el sistema de castas clero laicas, carece de sustento bíblico alguno. La palabra LAICOS, sin ir más lejos, se deriva de la palabra griega LAOS, y significa EL PUEBLO. Por lo tanto, LAOS incluye a todos los cristianos, no sólo a una parte socialmente determinada.

(1 Pedro 2: 9)= Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo (LAOS) aprobado por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; (10) vosotros que en otro tiempo no erais pueblo (LAOS) pero que ahora sois pueblo (LAOS) de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Fíjate bien; tres veces está este vocablo, LAOS, en este texto. El término, habrá que decirlo, nunca se refiere al menos en el Nuevo Testamento, a una porción de la asamblea solamente. No fue sino hasta el siglo tercero en que se le dio otro significado. El otro término mientras tanto, CLERO, tiene sus raíces en la palabra griega que suena igual pero que se escribe diferente: KLEROS, y que significa PORCIÓN o HERENCIA. Esta es la palabra que se utiliza en 1 Pedro 5:2-3, donde el apóstol instruye a los ancianos para que apacienten al KLEROS, esto es: el rebaño, la porción de Dios, el remanente, los que tienen  la herencia, y consigna que “no como teniendo señorío sobre aquellos que les han sido confiados”. Es sorprendente, sin embargo, que la palabra nunca se usó para referirse a los líderes de la iglesia. De acuerdo con el Nuevo Testamento, entonces, todos los cristianos son KLEROS, y todos los cristianos son LAICOS, también, ¿Te das cuenta? En resumidas cuentas, de lo que se habla en la Biblia pero jamás en los púlpitos, es de los de la herencia del señor y los del pueblo del Señor.

Sintetizando: no hay un solo indicio del esquema de clero y laicos, o ministros y laicos en la historia, enseñanza o vocabulario del Nuevo Testamento. Este esquema constituye, indudablemente, una falsa dicotomía. Es una especie de aparato religioso que se deriva de la ruptura post bíblica entre lo secular y lo espiritual donde la fe, la oración y el ministerio, se consideran como la propiedad exclusiva de un mundo oculto y sacrosanto que está separado del todo del ejido de la vida. Tanto ha sido así que se ha llegado, con el correr de los tiempos, a equiparar todo aquello que tenga que ver con lo espiritual con ciertas facetas del ocultismo. El diablo se las ha ingeniado para meter esta doctrina dentro de nuestras congregaciones. No estoy hablando de gente endemoniada, por favor, estoy hablando de sutilezas que no siempre nuestro discernimiento está lo suficientemente entrenado para descubrir. A las sutilezas doctrinales, yo las suelo comparar, porque algo conozco del tema, con los subliminales de la publicidad. El día que los descubres, dejan de ser subliminales. En lo otro es igual: el día que descubres las sutilezas del diablo, tendrá que dejarte tranquilo por un tiempo, aunque luego volverá a la carga con alguna otra triquiñuela. Esto es sencillo: lo crees y te preparas para combatirlo, o no lo crees y quedas atado más por tu ignorancia o tu soberbia que por el poder que ese enemigo pueda evidenciar.

(1 Corintios 10: 31)= Sí, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

Otro punto: por años se ha enseñado en nuestras escuelas bíblicas que los siete ángeles de las siete iglesias del libro del Apocalipsis, son los pastores de esas congregaciones. Esto, revalidaría perfectamente, entonces, la presencia de un solo pastor en cada iglesia local. ¿Es válida esta enseñanza?

En realidad, si debemos ser francos, los primeros tres capítulos del Apocalipsis constituyen una base demasiado frágil sobre la cual podamos construir la doctrina de un solo pastor, por varias razones: la primera, es que la referencia a los ángeles de estas iglesias es muy simbólica, críptica y abstracta. Juan no te ofrece ni la menor pista que indique una clave en cuanto a su identidad. Ningún erudito o estudioso bíblico ha logrado tener seguridad plena con relación a qué significan o simbolizan esos ángeles. Mientras que muchos eligieron creer que son mensajeros humanos, otros han optado por creer que son ángeles literales. La segunda razón, es que no hay nada que se parezca a la idea de un solo pastor en ninguna parte del Nuevo Testamento, así como tampoco este texto ni otro similar puede vincular a los pastores con los ángeles. Y la tercera, es que la idea de los siete ángeles se refiere a los pastores de las siete iglesias, entra en conflicto directo con otros textos del Nuevo Testamento.

(Hechos 20: 17)= Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. (Los ancianos, varios, muchos, de LA iglesia, de Efeso, una)

(Verso 28)= Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Este habla de UN rebaño y varios obispos. Ambos nos muestran que la iglesia de Efeso tenía múltiples pastores, y no sólo uno.)

Todo esto nos deja evidenciar que, hacer depender la doctrina del pastor único a partir de un demasiado oscuro pasaje del Apocalipsis, es recurrir a una exégesis torpe y descuidada, ya que presta y centra toda su atención en esos textos e ignora el resto de la Escritura. Quiero consignarte que, cuando hablo de pasaje oscuro, no me estoy refiriendo a la oscuridad satánica ni ocultista, sino sencillamente a la falta de luz de Cristo que no lo ha iluminado con meridiana claridad como para que a nadie le quepan dudas. La Biblia, más allá de lo que puedan opinar hombres intelectualmente muy bien preparados, es esencialmente un libro de revelaciones y, el libro del Apocalipsis, precisamente, se trata de eso tal como su propio nombre lo indica: un libro de revelaciones. Ahora, si por una cuestión de lógica humana vamos a negar cualquier posibilidad de revelación de corte sobrenatural, no sólo estaremos negando la esencia del reino de Dios, sino lo que la misma palabra nos asegura a cada momento. Una vez más, entonces, se ve con total claridad que no hay apoyo para el sistema moderno del pastor en el Apocalipsis ni en algún otro documento del Nuevo Testamento.

Lo que ocurre es que, cuando Dios puso al hombre, a Adán, en el Edén, entre otras cosas, le dio potestad para señorear con toda la creación, es decir: de controlarlo todo. Pero en SU nombre, en SU representación y con SU guía. Cuando Adán come del árbol prohibido, que era precisamente el del discernimiento del bien y del mal, lo que aprende es a decidir por su cuenta, sin depender de Dios. Eso le cuesta la caída del Edén y se queda sin un Dios que lo proteja. Pierde todos sus derechos, pero no pierde su deseo de controlar todo. Eso es válido hasta nuestros días. Ahora bien, a muchos les queda la duda que obliga a estudiar otra vez, si las bases del Antiguo Testamento no fundamentan la tesis del gobernante único. Uno de los argumentos, es que Moisés establece una jerarquía de gobernantes bajo su autoridad, para ayudar a guiar al pueblo de Dios. Todo indicaría, visto así, que se transforma en todo un modelo bíblico para un liderazgo jerárquico, verdad? Sin embargo, del relato de este hecho, surgen otras cosas para evaluar, mira:

(Éxodo 18: 14)= Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde? (Toma nota: el que está hablando aquí es Jetro, el suegro de Moisés)

(15) Y Moisés respondió a su suegro: porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. (Un detalle: era el pueblo el que decidía venir a Moisés para consultar a Dios, en ningún momento se ve a Moisés diciéndoles que debe ser así. Moisés pecó de pasividad ante lo que él sabía que no era así para no desalentarlos, mientras que el pueblo pecó por ignorancia, poniendo sus ojos en el hombre antes que en Jehová de los ejércitos. No es novedad ni es nuevo.)

(16) Cuando tienen asuntos, vienen a mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes. (Evidentemente, Moisés tampoco tenía muy claras sus responsabilidades y atributos)

(17) Entonces el suegro de Moisés, le dijo: No está bien lo que haces. (¿Quién fue el que dijo que no estaba bien lo que estaba haciendo Moisés? Jetro, su suegro)

(18) Desfallecerán del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; y no podrás hacerlo tú solo. (¿Quién es el que le dice a Moisés que no ha de hacer todo esto solo y que se va a enfermar si lo intenta? Otra vez Jetro, su suegro).

(19) Oye ahora mi voz; y yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los asuntos a Dios.

(20) Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. (Jetro... ¡Jetro! ¿Quién te nombró asesor de gobierno?)

(21) Además escoge tú entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, (¡Un momento! ¿Esto querrá decir que ya había, en aquellos tiempos, varones que no eran bien de verdad?) que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo, (¿Quién está diciendo que los ponga SOBRE el pueblo? Jetro.) Por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez.

(22) Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño, (Definitivamente, Jetro es asesor en representación del Partido Aristocrático, no?) aliviarás así la carga de sobre ti, y lo llevarán ellos contigo.

(23) Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar. (¡Tranquilo Moisés! Tengo todo políticamente controlado)

(24) Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que le dijo. (¡Qué personalidad Moisés, eh?)

(25) Escogió Moisés varones de virtud entre todo Israel, (¿Habrán sido varones de virtud según Dios o según Moisés?) y los puso por jefes sobre el pueblo, (¿De qué escritura habrá salido esto?) sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez.

(26) Y ellos juzgaban al pueblo en todo tiempo; el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño.

(27) Y despidió Moisés a su suegro, y este se fue a su tierra.

Examina todo lo que hemos leído con atención, y verás que en realidad el que concibió esta idea de jefes subalternos en la iglesia no fue directamente Moisés, sino Jetro, su suegro. Y no hay evidencia bíblica alguna ni siquiera de alguna sugerencia de que Dios la haya respaldado. Jetro mismo admitió que no estaba muy seguro de si Dios la apoyase. El verso 23 lo muestra con claridad. Si Dios te mandare, dice. Y fíjate que posteriormente, en los viajes de Israel, Dios dirigió a Moisés para que tomara un rumbo diferente con respecto al problema de la supervisión. El Señor le mandó a comisionar ancianos que ya estuvieran actuando como tales, para que le ayudaran a llevar el peso de la responsabilidad pero de un modo muy diferente a la estrategia clasista ideada por Jetro. Pregunto: ¿No sigue en pie, en ciertos lugares, la doctrina de liderazgo de Jetro?

Todo está muy bien, pero la mención y las historias personales e individuales de Moisés, de Josué, de David, de Salomón y otros, ¿No está justificando o avalando la perfecta voluntad de Dios de tener un solo líder sobre su pueblo?

No. De ninguna manera. Sólo una lectura apresurada y más o menos predispuesta puede interpretar eso. Moisés y cualquier otro líder del Antiguo Testamento, desde Josué hasta Salomón, fueron sobras del Señor Jesucristo. No eran prefiguraciones del pastor único de los tiempos modernos que se inventó durante la reforma. Para ser más específico y poner, creo, las cosas en su justo lugar, tendremos que consignar que el rol del episcopado monárquico se remonta al catolicismo naciente y tiene sus raíces en las enseñanzas de Ignacio de Antioquía y Cipriano de Cártago. Sin embargo, fue durante la reforma que los roles del obispo y el sacerdote se transformaron en el pastor Protestante, y el sermón, entonces, reemplazó a la Eucaristía como el centro del servicio eclesiástico Protestante.

Por contraste, la idea de Dios había sido siempre infundir una especie de Teocracia en Israel, donde Él sería su único Rey. Si bien accedió al deseo carnal del pueblo de tener un rey terrenal, esta nunca fue su perfecta voluntad. No obstante, Dios siguió teniendo a su cargo a su pueblo bajo el reinado humano, si bien sufrieron terribles consecuencias como resultado. Asimismo, en nuestros días, Dios todavía obra por medio de sistemas imperfectos, pero estos siempre limitan su plena operación. Así debería ser hoy, aunque estamos más que lejos. Dios reinando sobre un pueblo que le ama y le adora, velando por él y cuidando que no le pase nada. Pero el pueblo, igual que aquel otro, sólo se siente seguro con un rey o gobernante humano al frente, y a juzgar por las realidades. Así le está yendo. No es culpa de Dios si al hombre le gusta controlarlo todo. No es culpa de Dios si la ambición de poder que no viene de Dios, se encarna en el hombre y lo lleva a cometer toda clase de fechorías, a corromperse hasta el límite y a delinquir. Dios lo había planificado de otro modo. Y el modo de Dios era, y sigue siendo, perfecto. ¿Volverá el hombre a él?

A la inversa, el deseo eterno del Señor para con Israel era que viviera y sirviera bajo su dominio directo, que fuera un reino de sacerdotes y que en tiempos de crisis estuviera sujeta a hombres más sabios y de más edad. No obstante, lo que Israel perdió por su desobediencia, la iglesia lo ganó. Trágicamente, muchos en la iglesia han optado por regresar al sistema de gobierno religioso del Antiguo Pacto, aun cuando Dios hace mucho tiempo que lo desmanteló por inservible. Lo de inservible, claro, no es peyorativo ni ofensivo, es bíblico, ya que dice la Palabra que el Viejo Pacto quedó sin efecto porque ya no servía al propósito.

(Éxodo 19: 6)= Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

(1 Pedro 2: 5)= Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

(Verso 9)= Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

A pesar de esto, a causa del carácter distintivo de la operación del Espíritu bajo el nuevo pacto, la antigua teocracia no es exactamente igual a la hermandad cristiana. La única manera posible en que se puede realizar la idea de Dios del liderazgo y la responsabilidad legal es a través de la presencia del Señor en el interior de los suyos. Ya que el Espíritu que habita en los cristianos no podía obtenerse durante los días del Antiguo testamento, Dios debió condescender con las limitaciones de su pueblo. Es por esta razón que, a menudo, vemos a Israel abrazando modelos jerárquicos de liderazgo. Obviamente, su tipología, su símbolo hoy que es la iglesia, también.

Siempre preocupó a los santos y fieles hijos de Dios que andan por la vida, estar dentro de una iglesia que en lugar de establecer sus líderes tal como la palabra dice que debemos hacerlo, los levanta, nombra y ordena conforme a los sistemas que utiliza el mundo, sólo porque a todos les parece “más serio”. Cuando venimos al Nuevo Testamento, aprendemos que el Cristo que vive en el interior es la porción de todos los hijos de Dios. Esta porción es la que hace que la iglesia eleve su nivel hacia lo sobrenatural del “sacerdocio de todos los creyentes” en el que los estilos de liderazgo jerárquico, titular y oficial, se vuelven obsoletos y contraproducentes.

 

Capítulo Nº 7

Autoridad Divina

(Salmo 105: 15)= No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a mis profetas.

Leyendo este salmo, y esencialmente este verso, no son pocos los que han creído, enseñado y predicado, que nos está enseñando que, verdaderamente, tiene que haber algunos cristianos (Por ejemplo los profetas), que tienen un grado indiscutible y hasta bíblico de autoridad por encima del resto. Sin embargo no es así, aunque todavía quede mucha gente que lo cree y lo defiende contra viento y marea. Bajo el Antiguo Pacto, Dios ungió especialmente a profetas para que fueran portadores de sus oráculos. De este modo, hablar en contra de ellos, efectivamente, era prácticamente hablar en contra de Jehová de los Ejércitos. Pero en el Nuevo Pacto (¿Cuántos saben que estamos viviendo bajo el Nuevo Pacto?) el Espíritu es derramado sobre TODO el pueblo de Dios. Todos los que han recibido a Cristo como Salvador y Señor de sus vidas, (Eso es una conversión genuina, más allá de si levantas la mano o no la levantas o haces “la oración del pecador” repetida como un rezo) y comienzan a andar en Él, que es el Ungido, por consiguiente, también, están ungidos con el Espíritu Santo. Te lo quiero probar:

(1 Juan 2: 27)= Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; (Chau al bachillerato en teología) así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Está implícito en este texto que con la unción del Espíritu operando en libertad en nosotros, ya no necesitaremos maestros ni profesores de Biblia. Sabremos todas las cosas porque la unción siempre es verdad. Esto no quita el ministerio de Efesios 4, ya que el maestro es aquel que tiene una enseñanza profética, una revelación divina que agrega una sabiduría más a las que ya posees para este tiempo preciso y específico. De allí que un comentarista, por real y efectivo que sea, a muy poco tiempo de haber plasmado su conocimiento, se queda desactualizado. Dios se mueve. Pero esto no es lo único, también sabemos que en el Nuevo Pacto, la figura del profeta ya no es tan singular, tan solitaria, tan romántica, ya que dice la mismísima Biblia que TODOS podemos profetizar llegado el caso. He dicho llegado el caso, no cuando se nos da la gana o para lucirnos entre nuestras santas amistades o para impresionar al pastor que nos dará un cargo.

(Hechos 2: 17)= Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, (Atención: no dice sobre toda carne santa o toda carne religiosa; dice sobre TODA carne) y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; (18) y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

(1 Corintios 14: 31)= Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.

De esta manera, fíjate, queda probado y confirmado algo: la oración de Moisés, en el sentido de que todo el pueblo de Dios recibiría el Espíritu y profetizaría, se cumplió sobradamente desde el Pentecostés en adelante.

(Números 12: 29)= Y Moisés respondió: ¿tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos.

Lamentablemente, y hay que decirlo, líderes contemporáneos que conocemos, jamás actuarían así. Es notorio los celos que existen entre los responsables de las más grandes iglesias. En una gran cantidad de casos, estos líderes clericales y “profetas” autoproclamados, han usado indebidamente y abusado de lo que leímos en el salmo 105:15 para controlar al pueblo de Dios y desviar sus críticas. Ahora bien: Ya que según la palabra todos los cristianos han sido ungidos con el Espíritu y todos pueden hablar la palabra de Dios, este texto no puede usarse de esta manera. Bajo el Nuevo Pacto, “no tocar al ungido de Dios”, equivale a someternos unos a otros en el temor de Cristo, tal como se lee en Efesios 5:2, sencillamente porque la unción del Espíritu ha venido sobre todos los que creen en el Mesías.

Llegado a este punto de este estudio, alguno no podrá menos que preguntarse por qué hay versiones que oscurecen tanto los textos que tienen que ver con el ministerio y la supervisión. Simple. Por intereses particulares. La Iglesia Anglicana es un ejemplo. En cuanto a la autoridad y la sumisión y pese a que no hay respaldo bíblico para la enseñanza moderna de la cobertura, la Biblia tiene algo para decir: Es verdad, gasta mucha más tinta en decirnos cómo amarnos unos a otros que en como ejercitar la autoridad y someternos a ella.

La experiencia, sin embargo, nos muestra que cuando los aspectos fundamentales del amor y del servicio se practican plenamente en una asamblea, los asuntos del liderazgo y la autoridad se expresan por sí mismos. Y aunque la Biblia no dice mucho tocante a la autoridad y la sumisión, los temas están presentes, y guardan relación con el hecho de recibir el ministerio, ejercerlo y agradar a Cristo, que es la cabeza de toda autoridad. En lugar de oscurecer el tema con la jerga antibíblica de la “cobertura”, haremos mejor si empleamos el lenguaje y el vocabulario de la Escritura cuando discutimos estos temas. A medida que lo hagamos, seremos en verdad capaces de atravesar la jungla enredada de la tradición humana que ha oscurecido estos temas, y nuestra conversación será mucho menos vaga y confusa. Baste, para saber adonde estamos parados, con observar comportamientos con relación al entendimiento por revelación, de la palabra escrita. ¿Hay una iglesia que se esmera para que sus miembros sean entendidos, cada uno, en la revelación bíblica? Es una iglesia conforme al propósito y el plan de Dios. ¿Hay una iglesia que prefiere no exigirles demasiado a sus miembros respecto a ese entendimiento, enseñándoles que es mejor dejar que la Biblia sea interpretada y explicada por los que se prepararon “profesionalmente” para eso? Es común, corriente y mayoritario, pero eso no significa que esté dentro del propósito y la voluntad de Dios. Claridad.

Para decirlo sin rodeos, lo que pasa hoy por “autoridad espiritual” es, en su mayor parte, un verdadero disparate. El movimiento que tiene que ver con el discipulado y el pastoreo de la década del setenta, que dicho sea de paso, se degradó hasta llegar a formas extremas de control y manipulación, es un ejemplo clásico de las tragedias indecibles que pueden ocurrir cuando se hacen aplicaciones mentirosas e insensatas de la autoridad.

El error más grande de este movimiento que estaba corrompido con toda clase de mezcla espiritual, descansaba sobre la falsa pretensión de que la sumisión equivale a la obediencia incondicional y que Dios reviste a ciertas personas de una incuestionable autoridad sobre los demás. En muchos sectores del movimiento el abuso espiritual se racionalizó con el cliché tan a menudo repetido que Dios obra para bien a pesar de los actores en el reparto, y que Él hace responsables a los “pastores” individuales por las decisiones equivocadas.

Se ha argumentado que las “ovejas” no tenían responsabilidad alguna porque obedecieron ciegamente a sus pastores. Trágicamente, el movimiento construyó nuevos yugos de control que fueron tallados y se les dio forma para adaptarse a la casta clerical. Todo el mundo sabe que Dios va a pedirnos cuentas A CADA UNO por lo que hayamos hecho con nuestras vidas espirituales, pero por una simple cuestión de apática indiferencia y comodidad, preferimos seguir creyéndonos que, efectivamente, serán sólo los responsables los que paguen. Estos nuevos yugos sofocaron al sacerdocio de los creyentes y mostraron la misma forma de dominio de las almas que caracteriza a las sectas. Los así llamados “pastores” se transformaron en sustitutos de Dios para otros cristianos, tomando control sobre los detalles más íntimos de sus vidas, todo en el nombre del “mandato bíblico de la responsabilidad legal”. Una falacia santa.

En el período subsiguiente, el movimiento dejó una estela de cristianos abatidos y devastados que continúan desconfiando hasta hoy de cualquier apariencia de liderazgo. Como resultado de eso, de ser de alguna manera azotados por supuestos “hombres de Dios”, quedó gente con rechazo directo a términos tales como “autoridad”, “sumisión” y “responsabilidad legal”. Todavía hoy están luchando para desechar de sus cuentas las imágenes distorsionadas de Dios que fueron grabadas en sus mentes después de haber experimentado esta clase de “pastoreo”. El tema de la autoridad, entonces, representa para muchos hoy en día una historia muy sensible con una enorme carga, y al mismo tiempo una especie de tabú al que ninguno de nosotros, sin posiciones oficiales en la iglesia organizada, pareceríamos tener ni la menor posibilidad ni derecho a tratar.

Las enseñanzas erróneas nunca brotan del simple uso de las palabras bíblicas. Más bien, te podría decir que provienen de la poca consideración que comúnmente se tiene por lo que estas significaron para sus oyentes originales. Por consecuencia, vocablos tales como “autoridad” y “sujeción”, han sido degradados ya por tanto tiempo, que se necesita que se las redima de las falsas connotaciones que han tenido y que se le han agregado. La segura salvaguarda contra la falsa enseñanza, no está en desechar estos términos bíblicos, sino en volver al combate e infundirles de acuerdo con sus significados originales. Para decirlo de otro modo, debemos aprender no solamente a hablar donde la Biblia habla, sino a hablar como la Biblia habla.

La palabra griega en el Nuevo Testamento que más a menudo se traduce como “someter”, es el vocablo HUPOTASSO. Una mejor traducción es “Sujeción”, como ocurre en algunas de las traducciones más modernas. De acuerdo con el uso más común del Nuevo Testamento, Sujeción es “una actitud voluntaria de ceder, cooperar y permitir que otros nos amonesten y aconsejen”. La sujeción bíblica, por consiguiente, no tiene nada que ver con control o con poderes jerárquicos. Es sencillamente una actitud de apertura como la que manifiestan los niños, dando nuestro consentimiento a los demás en la medida en que reflejan la mente de Cristo.

La sujeción bíblica existe, y es preciosa. Pero debe comenzar con lo que Dios quiere y con lo que el Nuevo Testamento asume: es decir, que nosotros estamos sujetos a Cristo Jesús individual y corporativamente, los unos a los otros, en el lugar donde nos reunimos, así como a aquellos obreros aprobados y dignos de confianza que sirvan al Cuerpo de Cristo de una manera sacrificada. Quiero acentuar la expresión de “Aprobados y dignos de confianza”, porque abundan los falsos apóstoles y falsos profetas, y es responsabilidad de la hermandad local poner a prueba a todos aquellos que afirman ser obreros de Dios.

(1 Tesalonicenses 1: 5)= Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuales fuimos entre vosotros por amor de vosotros. (¡Por Dios! Si solamente pudiéramos encarnar y poner por obra, verdaderamente, este solo verso entre el enorme caudal que hay en la Biblia, la iglesia vendría ser hoy mismo muy otra, verdad?)

 (2 Tesalonicenses 3: 10)= Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: si alguno no trabaja, tampoco coma.

Apocalipsis 2: 2)= Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos.

Bueno; es por esta razón (Y mucha atención con esto, que es básico) que la Biblia nos exhorta a sujetarnos a los líderes espirituales, no porque hayan sido nombrados como tales o tengan un determinado cargo jerárquico, sino “por amor de su noble carácter y servicio espiritual”.

(1 Corintios 16: 10)= Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo.

(11) Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos.

(Verso 15)= Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.

(16) Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.

(17) Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia.

(18) Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas...

(Filipenses 2: 29)= (En el marco de un elogio a Epafrodito, un distinguido filipense) Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él; (30) porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí.

(1 Tesalonicenses 5: 12)= Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; (13) y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.

(1 Timoteo 5: 17)= Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.

Sin embargo, el texto más luminoso, amplio y redondo en lo esclarecedor de toda esta discusión es el de:

(Efesios 5: 21)= Someteos unos a otros en el temor de Dios. (A lo cual se le podría añadir, tranquilamente y sin temor de caer en herejía, el último párrafo de 1 Pedro 5:5: Porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Dicho de una manera mucho más sencilla, entonces, la Biblia jamás habló de una “cobertura protectora”. Más bien enseña una sujeción mutua. La sujeción mutua descansa sobre la noción del Nuevo Testamento que a todos los creyentes les han sido dados dones, y como tales, todos pueden expresar a través de esas manifestaciones sobrenaturales, a Cristo vivo. La sujeción mutua está cimentada igualmente en la revelación del Cuerpo de Cristo, que enseña que la autoridad Divina ha sido conferida al Cuerpo entero (Dije al cuerpo entero) y no sólo a una sección particular, privilegiada o seleccionada de él.

Es necesario que entendamos muy bien esto porque es básico, elemental. Conforme al concepto de Dios que ha llegado a nuestras manos en todo aquello que Él ha dejado escrito, la iglesia es una sociedad teocrática y participativa, en la que la autoridad Divina está diseminada entre todos los que poseen el Espíritu. Dios jamás ha delegado su autoridad a ningún individuo o segmento de la iglesia. Muy por el contrario, su autoridad reside en toda la comunidad. Y cuando los miembros de esa comunidad creyente desempeñan sus ministerios, la autoridad espiritual se dispensa a través de los dones que han recibido del Espíritu. LA sujeción mutua, en suma, descansa en la afirmación humilde, y sin embargo realista de que necesitamos del aporte de los demás miembros del cuerpo para nuestro propio desarrollo espiritual.

La otra cara de la moneda de la sujeción, es la autoridad. La autoridad es el privilegio dado por Dios para realizar una acción. La palabra del Nuevo Testamento que está más cerca de nuestra palabra AUTORIDAD, es la palabra EXOUSIA. Deriva de la palabra EXESTIN, que significa “una acción posible y legítima que puede ser llevada a cabo sin obstáculos. La autoridad (Exousia), por consiguiente, tiene que ver con la interpretación y comunicación de poder. Más específicamente, la autoridad es el derecho de realizar una acción particular. La Escritura enseña que Dios es la fuente única de toda autoridad.

(Romanos 13: 1)= Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. (También nos dirá, más tarde, que esa autoridad ha sido conferida a su Hijo.)

(Mateo 28: 18)= Y Jesús se acercó y les habló, diciendo: toda potestad (Exousia) me es dada en el cielo y en la tierra. (Como añadidura y por su calidad de cuerpo, Dios también da su autoridad a los hombres y mujeres de este mundo para propósitos específicos, por ejemplo: oficiales gubernamentales, tales como presidentes, primeros ministros, reyes, magistrados y jueces.)

La autoridad oficial es autoridad que se confiere a un oficio estático sin que para ello importen las acciones de la persona que lo ocupa. La autoridad oficial es autoridad posicional. Es fija, externa e inviolada. Cuando alguien ejerce las funciones de la autoridad, el recipiente llega a ser “una autoridad” por su propio derecho. Tiene la misma autoridad para llevarte preso un policía egresado de la Escuela con las mejores notas, que el provinciano analfabeto que decidió meterse en la policía porque en el barrio le habían endosado la chapa de “pesado”, de hombre que se las aguanta. Es en este sentido que se exhorta a los cristianos a que se sujeten a sus autoridades porque ellas están puestas por Dios. Pero cuidado, la presidencia de la República Argentina está puesta por Dios y por eso merece nuestra sujeción y obediencia, pero que en quince días hayan pasado alguna vez por la Argentina cinco presidentes, no tiene nada que ver con Dios, eh? Esos somos nosotros. Y si a un presidente se le antoja tener una tarotista, parapsicóloga o bruja particular, ahí mismo se acabó la sujeción y la obediencia, porque de Dios, eso, obviamente no tiene absolutamente nada.

Y cito las dos palabras porque no son sinónimos. Sujeción y Obediencia. La sujeción es una actitud; la obediencia es una acción. LA sujeción es absoluta; la obediencia es condicional. LA sujeción es un asunto interno del corazón; la obediencia es un asunto externo de conducta.

Dios nos convoca a tener un espíritu de humilde sujeción hacia los que ha colocado en autoridad sobre nosotros en el orden natural. Sin embargo, no podemos obedecer si nos mandan hacer algo que viola su voluntad; porque la autoridad de Dios es más alta que cualquier autoridad terrenal. No obstante, uno puede desobedecer al tiempo que se somete. Es decir, podemos desobedecer a una autoridad terrenal y mantener un espíritu de humilde sujeción, respeto y reverencia como opuesto a un espíritu de rebelión, injuria y subversión. Un ejemplo:

(1 Timoteo 2: 1)= Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; (2) por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. (Otro ejemplo es el de la desobediencia de las parteras hebreas)

(Éxodo 1: 17)= Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida de los niños. (Otro ejemplo más es el caso de los tres jóvenes hebreos)

Daniel 3: 17)= e aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. (18) Y si no, sepas, oh rey, que no seguiremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. (O tenemos el caso de los propios apóstoles)

(Hechos 4: 18)= Y llamándonos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. (19) Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; (20) porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.

Estos textos ejemplifican el principio de estar sujetos a una autoridad oficial al tiempo que se le desobedece cuando esta choca con la voluntad de Dios. Es verdad que Dios ha establecido una autoridad oficial para operar en el mundo natural, pero no ha instituido esta clase de autoridad en la iglesia. Por lo tanto, sugerir que los líderes en la iglesia deben ejercer la misma clase de autoridad que los dignatarios, lógicamente representa un salto y una excesiva generalización.

El Nuevo Testamento nunca vincula a la palabra EXOUSIA, que es potestad o autoridad, a los líderes de la iglesia, ni establece tampoco que haya algunos creyentes que estén facultados para tener EXOUSIA sobre otros creyentes. Si bien el Antiguo Testamento describe a los profetas, sacerdotes, reyes y jueces como autoridades oficiales, principalmente porque estos oficios diversos eran sombras de los ministerios autoritarios de Jesucristo como Profeta, Sacerdote, Rey y Juez, nunca encontramos que en el Nuevo Testamento se describa o represente a algún líder como a una autoridad oficial.

La noción de que los cristianos tienen  autoridad sobre otros cristianos es un ejemplo de exégesis forzada, y es al mismo tiempo, bíblicamente insostenible. Cuando los líderes de la iglesia ejercen el mismo tipo de autoridad y desempeñan los oficiales gubernamentales seculares, se convierten en usurpadores. Cierto es que la autoridad funciona en la esfera de la iglesia, pero la autoridad que opera en la EKLESIA es notablemente diferente de la que se ejerce en el orden natural. Esto tiene sentido ya que la iglesia no es una organización humana, sino un organismo espiritual. La autoridad que opera en la iglesia, no es oficial. Es Autoridad Divina.

Capítulo Nº 8

La Fuente de Todo Poder

Ya hemos comentado en otra ocasión que, en materia de autoridad, hay una especie de desdoblamiento en la que estamos acostumbrados a ver. Por un lado, la autoridad divina, la que viene del cielo, la que no tiene nada que ver con títulos, nombramientos, honores y hombres, sino que es ordenada por el Señor sin consultar con nadie. Por el otro, la autoridad oficial, que es lo opuesto, precisamente, a todo lo que termino de señalar. Bien: Antes de establecer las comparaciones o las diferencias entre esas dos clases de autoridades, es muy importante que, desde la misma Biblia, recordemos y reflexionemos sobre qué tipo de autoridad nos ha dado Cristo a los creyentes. Lo primero que nos ha dado, es la Autoridad de ser hechos Hijos de Dios.

(Juan 1: 12)= Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad (Autoridad, Exousia) de ser hechos hijos de Dios. (Nos ha dado la autoridad de poseer propiedades)

(Hechos 5: 4)= Reteniéndola, (Le dice Pedro a Ananás con respecto a la propiedad que había declarado falseando el valor de su venta) ¿No se te quedaba a ti? Y vendida (Tal como era su derecho y autoridad de posesión) ¿No estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. (Nos ha dado la autoridad de casarnos, si así lo deseamos, o de permanecer célibes si esa es nuestra decisión. Ojo: autoridad de decisión, no obligación)

(1 Corintios 7: 37)= Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace. (También Dios nos ha dado la autoridad para decidir qué comer o qué beber)

(1 Corintios 8: 8)= Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. (9) Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. (Tenemos autoridad para sanar las enfermedades y para echar fuera demonios)

(Marcos 3: 14)= Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, (15) y que tuviesen autoridad  (Exousia) para sanar enfermedades y para echar fuera demonios. (Tenemos la autoridad específica para edificar a la iglesia, esto es: para poner aquello que pueda faltar)

(2 Corintios 10: 8)= Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción, no me avergonzaré. (Tenemos autoridad para recibir bendiciones especiales asociadas con ciertos ministerios.)

(2 Tesalonicenses 3: 7)= Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, (8) ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; (9) no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. (10) Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. (Tenemos autoridad para gobernar naciones y comer del árbol de la vida en el reino que viene).

(Apocalipsis 2: 26)= Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones.

(Apocalipsis 22: 14)= Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad.

Después de todo esto, que es abundante, importante y de innegable presencia en cualquiera de los planos sociales, tendré que decirte algo muy importante. Tan importante como que significa poco menos que el certificado de defunción para algunas cosas casi incorporadas como leyes divinas a nuestras iglesias. En ninguna parte de la Biblia enseña que Dios haya dado autoridad, es decir: Ekousia, o sea: Potestad a ciertos creyentes sobre otros creyentes. ¡Pero hermano! ¡Hace mil años que venimos funcionando con gente que está por sobre otra gente! Ah, no sé; hay dos escrituras en dos evangelios distintos, que específicamente condenan esto, mira:

(Mateo 20: 25)= Entonces Jesús, llamándolos, dijo: (Ojo: es Jesús quien les va a hablar a sus discípulos. Hay mucha gente que no tiene clara la divinidad de las palabras, por ejemplo, de Pablo. Allá cada uno con sus tesis teológicas, pero aquí el que va a hablar es Jesucristo) saben que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad (Exousia-autoridad) (26) mas entre vosotros no será así, sino el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor, (27) y el que quiera ser el primero entre vosotros ser a vuestro siervo.

(Lucas 22: 25)= Pero él les dijo: (Es otra vez Jesús, es el mismo relato que leímos recién, ahora según la óptica de Lucas) los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad, son llamados bienhechores; (26) mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. (Si esto no nos da el margen para una pausa de seria reflexión, es porque andamos sencillamente abriendo la boca, eh?)

Hemos hablado, e incluso hasta titulado sobre la Autoridad Divina. Pero; ¿Qué es la autoridad divina? La autoridad divina es una autoridad comunicada. Es decir que, cuando una persona comunica la vida de Dios a través de la palabra u obra, tiene la ayuda y el respaldo del Señor. Todos los cristianos, en virtud del hecho de que poseen el Espíritu y están habitados por él, poseen una medida de autoridad divina. Es por esta razón que el Nuevo Testamento nos ordena que nos sometamos unos a otros en el temor de Cristo. Y los que son maduros en la vida divina tienden a expresar el pensamiento de Dios mucho más consistentemente que los carnales y los inmaduros... Pero cuidado; eso no le da derechos a nadie a encaramarse por encima de alguien, simplemente porque “le pareció” que espiritualmente estaba más crecido. Si la autoridad seguirá siendo divina, es menester que el Señor sea quien, por boca de dos o tres diferentes, separados, intachables, diga qué es lo que se hará allí, específicamente en ese sitio. ¿Parece poco posible? Las cosas de Dios siempre parecen poco posibles a los hombres. No importa: Dios sigue siendo Dios.

(Hebreos 5: 14)= Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso, tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

O sea que la autoridad divina tiene su fuente en la dirección inmediata de Cristo y no en un oficio estático que ha autorizado. La autoridad divina, por lo tanto, no es relativa a una persona o a una posición. No reside en el hombre mismo o en un oficio que este hombre pueda desempeñar. En cambio, la autoridad divina tiene que ver directamente con el individuo, sencillamente porque pertenece a Cristo. Solamente cuando Cristo dirige a una persona a la palabra o a la acción, estas expresan la autoridad divina. Para decirlo de otro modo, una persona tiene derecho a ser oída y obedecida, sólo cuando es enviada por Dios para hablar, y cuando habla lo que Dios quiere que diga. La autoridad divina, por consiguiente, es comunicada y derivada.

La naturaleza comunicada de la autoridad divina puede entenderse en el marco de la metáfora del cuerpo que Pablo traza para la iglesia. Cuando la cabeza, que es la fuente de toda autoridad, le indica a la mano que se mueva, entonces la mano pasa a tener la autoridad de la cabeza. Sin embargo, la mano no tiene autoridad por sí misma. Su autoridad deriva de un actuar de acuerdo con la comunicación de la cabeza. O sea que, en la medida que la mano esté representando la voluntad de la cabeza, en esa misma medida la mano está actuando como una autoridad.

Por consiguiente, los seres humanos solamente ejercen autoridad divina cuando representan a Cristo en sus palabras y en sus obras. De aquí que la autoridad divina es flexible y fluida, y no estática. Es transmitida y está fundada en la madurez espiritual y el servicio; por lo que no es una posición irrevocable. Esto explica por qué Pedro y Jacobo, así como Pablo y Bernabé, fluctuaban con respecto a la medida de influencia espiritual que ejercían. No se puede entender como y bajo qué colapso de entendimiento, alguien pueda someter a otros a sus caprichos personales y privados, sólo porque está ocupando una posición dentro de una organización, decretando y obligando a cumplir, reglas y estatutos que no tienen absolutamente nada que ver con lo espiritual o lo divino. Es como si quienes lo obedecen estuvieran dormidos o cargados de algún sugestivo estupor, porque de otro modo, jamás se sujetarían a eso y, a corto o mediano plazo, el o los impostores serían descubiertos. Por otra parte, hay textos que relatan hechos que tienen que ver con lo dicho.

(Hechos 1: 15)= En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (Y los reunidos eran como ciento veinte en número)

(Hechos 2: 14)= Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló, diciendo: varones judíos, y todos los que habitan en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

(Hechos 12: 17)= Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió y se fue a otro lugar.

(Verso 25)= Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.

Ya que la autoridad divina no es oficial sino derivada, los creyentes no asumen, no heredan, no confieren, no se atribuyen ni sustituyen la autoridad de Dios. Únicamente la representan cada vez que reflejan su pensamiento en palabra o en obra. Esta es una distinción categórica y tremendamente significativa. El no poder, (O no querer) entenderla ha conducido a una confusión y abuso indecibles entre el pueblo de Dios. Cuando discutimos la autoridad divina, el énfasis siempre debe de estar en la función y en el servicio y no en una noción mística de “espiritualidad” o “vida espiritual que se posee”. Demandar autoridad sobre la base de espiritualidad es prácticamente lo mismo que la autoridad oficial, porque el reclamo de “espiritualidad” constituye un oficio velado. Si alguien es espiritual verdaderamente, su espiritualidad se manifestará en la manera en que vive, sirve y escucha al Señor. Mira estas comparaciones.

Nº1)= Las autoridades oficiales deben ser obedecidas siempre y cuando lo que declaran no viole la autoridad de una voluntad más alta. El Nuevo Testamento ordena a los hijos que obedezcan a sus padres, al ciudadano que obedezca a sus autoridades gubernamentales y a los empleados a quienes los emplean. Por contraste, a los que ejercen autoridad divina, nunca se les ordena demandar obediencia a ellos mismos. Antes bien, los que ejercen autoridad divina buscan persuadir a los demás a que obedezcan la voluntad de Dios. De allí el texto que se lee en Hebreos 13:17 donde se nos convoca a permitir que nuestros líderes nos persuadan.

Nº2)= Las autoridades oficiales son totalmente responsables si conducen a los que están bajo sumando a prácticas erróneas. Por contraste, la autoridad divina nunca anula la responsabilidad individual. En la iglesia, los creyentes, son totalmente responsables de sus propias acciones, aun cuando decidan obedecer al consejo de otros. Es por esta razón que la Escritura manda repetidamente que se compruebe el fruto y se examinen las palabras de ellos. Pero el Nuevo Testamento nunca enseña que si un cristiano obedece a otra persona, ya no es más responsable de sus acciones.

Nº3)= Las autoridades oficiales pueden ser menos maduras, menos espirituales y menos justas que aquellos sobre los que tienen autoridad. Pero la autoridad divina está directamente vinculada a la madurez espiritual y no puede, bajo ningún concepto, separarse de ella. Los que han crecido más en la vida espiritual, poseen una medida más grande de autoridad divina. Es por esta razón que una persona no puede ejercer autoridad espiritual a menos que ella misma esté bajo la autoridad de Dios. Un espíritu de servicio y una docilidad como de niño, son signos seguros de una madurez espiritual. 

Lo he dicho otra vez anteriormente, pero siempre valdrá la pena reiterarlo por si a alguien se le escapó. Cuando el que toma una iniciativa procede de la autoridad divina, sujetarse a esas iniciativas, no sólo no cuesta ningún esfuerzo sino que, simplemente por estar llenos del mismo Espíritu Santo que las inspiró, resultará un verdadero privilegio. Salvando las distancias y orando para que nadie se confunda ni malinterprete lo que voy a decir, es como si de pronto Dios mismo pusiera en marcha algo y te dijera mirándote a los ojos: ¿Quieres ayudarme? Por el contrario cuando la autoridad es oficial y no necesariamente divina, sobrevienen los desacuerdos, la carnalidad comienza a tener protagonismo y se concluye, generalmente, en la disculpa clásica que en algunos sitios se llega a oficializar: “Es bueno poder tener el derecho y la libertad de disentir”. Hay un solo problema: el disenso, dice Gálatas 5, es una obra de la carne que impide, entre otras cosas, entrar al reino de los cielos. ¿Qué te parece? ¿Se podrá seguir cantándole loas a la iglesia democrática? Autoridad divina y autoridad oficial. Hay textos que muestran las dos características.

(1 Corintos 16: 15)= Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.

(16) Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.

(17) Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia.

(18) Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas.

(Filipenses 2: 29)= Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él; (30) porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí.

(1 Tesalonicenses 2: 29)= 5: 12)= Os rogamos, hermanos, que reconozcan a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; (13) y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.

(1 Timoteo 5: 17)= Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.

(18) Pues la escritura dice: no pondrás bozal al buey que trilla; y: digno es el obrero de su salario.

(19) Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos.

(Hebreos 13: 7)= Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cual haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.

(1 Pedro 5: 5)= Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Resulta claro que el Nuevo Testamento manda a la comunidad creyente que tenga en estima y aprecie a los que trabajan incansablemente en el servicio espiritual. Tal estima es espontánea y ganada; jamás se debe caer en absolutismos o formalismos al respecto. El criterio del Nuevo Testamento para el modelo de los roles, por consiguiente, siempre es funcional, y nunca formal. Aunque debemos valorar el servicio de los que ponen sus vidas por nosotros, es un grave error diferenciarlos formalmente del resto de la comunidad de los creyentes. Es aquí, entonces, donde decididamente falla la enseñanza de la cobertura.

Los honores o el reconocimiento que un creyente pueda recibir de la iglesia siempre es algo merecido y espontáneo, jamás algo demandado o que se hace valer. A este respecto, los que son verdaderamente espirituales jamás reclamarán tener autoridad espiritual sobre los demás, ni mucho menos se jactarán de su labor espiritual y/o madurez. De hecho, todos aquellos que han hecho y hacen este tipo de reclamos, están señalando su propia inmadurez. Dos cosas no deberían verse en la iglesia del Señor: los “homenajes” a hermanos que han trabajado en beneficio de la obra, sentándolos ahí arriba y haciendo desfilar un montón de gente diciendo frases de compromiso dedicadas a ellos, y a otros hermanos, quejándose de que “nadie les reconoce” sus esfuerzos en beneficio de la obra. Aquí se mezclan la inmadurez y la carnalidad, no exenta de cierta soberbia vanidosa.

De esta manera, la persona que declara abiertamente que él es el “hombre ungido por Dios de fuerza y poder para la hora presente”, o elogios similares, prueba con esa actitud, precisamente, que no tiene ninguna autoridad. Los que reciben estima en la iglesia, son los que han probado que son siervos dignos de confianza, no en mera retórica, autopromoción o vana palabrería, sino en la auténtica realidad.

Nº4)= Las autoridades oficiales poseen autoridad hasta que son removidas de su oficio delegado, sin que para ello importe si han tomado decisiones sabias o injustas. El rey Saúl, por ejemplo, retuvo su autoridad aun después que el Espíritu de Dios se había apartado de él.

(1 Samuel 16: 14)= El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

(1 Samuel 24: 4)= Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.

(5) Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.

(6) Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi Señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.

La autoridad divina, por otra parte, opera solamente cuando Cristo está siendo expresado. Si un líder, en la iglesia, manda a un creyente a que haga algo que no refleja la autoridad de la Cabeza, (Aun violando o no una ley prescrita por Dios), no hay autoridad que respalde su mandato. Sólo Cristo tiene autoridad, y solamente lo que fluye de su vida posee autoridad.

Nº5)= Las autoridades oficiales siempre están establecidas en una jerarquía, pero la autoridad divina nunca está relacionada con jerarquías, nombramientos u ordenamientos. De hecho, siempre que una autoridad divina se asocia con alguna jerarquía, esta jerarquía, finalmente, se distorsiona y termina en alguna clase de abuso. La imaginería jerárquica no sólo está ausente de la Biblia sino que, virtualmente, conduce siempre a ideas falsas y prácticas enormemente dañinas.

Hay grupos cristianos que, operando con sistemas celulares y al margen de sus jerarquías superiores, se mueven con prolijo orden comandados por jerarquías menores que están al frente de cada subgrupo. En lo personal y particular, no tengo absolutamente nada en contra de este sistema, pero no puedo dejar de decir que, en todo este tiempo que llevo en este ministerio radial, la mayoría de hermanos o hermanas que han venido a verme buscando alguna clase de consejo o Palabra del Señor, son provenientes precisamente de esos sistemas. Y lamentablemente, tengo que señalar que me ha tocado tomar conocimiento, sin proponérmelo, de algunos hechos que constituyen no ya una especie de abuso espiritual, sino sencillamente barbaridades aparentemente, respaldadas por las jerarquías mayores. Será así pero lo que es la Biblia, jamás respaldará tamañas atrocidades espirituales y los tremendos daños internos y externos que se les han causado a tantos inocentes. Es que el hombre, con tal de controlar a algo o a alguien, es capaz de inventar hasta Palabra divina. No sé como se le llama a esto de un modo legítimo. Yo le llamo pecado. O peor, prevaricación, porque sabiendo lo que tienen que hacer y como hacerlo, por cuestiones de conveniencias particulares, deciden no hacerlo o hacerlo de un modo que no es de Dios. Darán cuenta.

(Mateo 20: 25)= Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.

(26) Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, (27) y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; (28) como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Fundamentalmente, el problema de la autoridad en la iglesia, nace de una aplicación vergonzosamente superficial de las estructuras de la autoridad oficial a las relaciones en la iglesia. Esta aplicación errónea, basada en una mentalidad de liderazgo al estilo de “una medida para todos”, en lugar de ayudar hace que cada esfera de la vida, ya sea el lugar de trabajo, el hogar o la iglesia, pierda su integridad incomparable.

Resumiendo todo, hay que puntualizar que la autoridad divina no fluye de arriba hacia abajo. Es decir que no funciona como una cadena regular de mando, al modo jerárquico. Pero atención, porque tampoco esa misma autoridad divina funciona de abajo hacia arriba. Lo que significa que no va desde la iglesia a la persona. Aunque alguna iglesia local decida dar autoridad a alguien para alguna tarea específica, no tendrá autoridad legítima si no refleja la mente de Cristo.

La autoridad divina, sí funciona de adentro hacia fuera. Cuando el Cristo que habita en el creyente dirige a alguien en particular a un grupo de creyentes a hablar o actuar, están respaldados por la autoridad de la Cabeza. Esta es la única autoridad que existe en el universo. Jesucristo, representado por el Espíritu que mora en el interior de los suyos es el manantial exclusivo, fundamento y fuente de toda autoridad; ¡Y no hay cobertura sobre su cabeza!

 

Capítulo Nº 9

La Sujeción Mutua

Hemos enseñado en este espacio, en alguna oportunidad, que la única sumisión posible en la iglesia, es la sumisión mutua. Hemos visto, también, que la sumisión mutua es una consecuencia de la sumisión a la autoridad de Cristo. Cuando algún creyente está expresando la autoridad divina en la iglesia, haremos bien en reconocerla y estar sujetos a ella. Rebelarse contra la autoridad divina, es rebelarse contra Cristo, porque no hay autoridad divina sin Jesucristo como su autor. En otras palabras, rechazar las palabras de alguien cuando estas expresan el pensamiento de dios, es rechazar la autoridad divina.

La sujeción que está cimentada en nuestra sumisión a Dios, que es el fundamento para todo en la senda espiritual, siempre está enmarcada en el amor. El amor siempre está abierto para aprender y escuchar lo que los demás tienen que decir. Al mismo tiempo, el amor está dispuesto a amonestar a los que flaquean, sin temor a que esto dañe la relación. El amor rechaza la espiritualidad del tipo “hazlo por ti mismo”, “estrella solitaria” y “trabaja por tu cuenta”, pero valora la interdependencia del Cuerpo. Se da cuenta que al ser miembros los unos de los otros y de que poseemos el mismo linaje, nuestras acciones tienen un profundo efecto sobre los demás. El amor reprueba el cristianismo individualista y privatizado, pero afirma su necesidad de los otros miembros del Cuerpo.

El amor es dulce, amable y agradable; sin embargo, cuando enfrenta los horrores del pecado, es perspicaz, combativa e inflexible. El amor es paciente, respetuoso y gentil, nunca es estridente, degradante o dictatorial. El amor repudia los reclamos de autoridad ostentosos y engreídos, más está marcado profundamente con humildad y mansedumbre. El amor no es fláccido o sentimental, sino vivamente perceptivo y penetrante. Si bien el amor siempre ofrece sus recursos para ayudar a los demás, nunca manipula ni impone su propia voluntad. El amor nunca se fuerza, se demanda o se obliga. Ya que la sujeción mutua siempre se expresa en amor, genera una cultura de seguridad y salvaguarda espiritual.

Mientras que al amor nos impele a aceptar la responsabilidad de ser los “guardas de nuestro hermano”, prohíbe que nos convirtamos en entrometidos impertinentes. En efecto, somos llamados a representar la voluntad del Espíritu Santo los unos a los otros, pero nunca a sustituir Su persona o reemplazar Su obra. En este respecto, la sujeción mutua no es una licencia para investigar los asuntos íntimos de nuestros hermanos para “asegurarse” que están caminando correctamente.

En ninguna parte la Biblia da libertad a los cristianos para examinar a sus hermanos acerca de sus inversiones financieras, cómo hacen el amor con sus esposas u otras áreas de intimidad. Esta clase de investigación innecesaria, que se practica a guisa de “responsabilidad legal” forma parte de las cosas de que están hechas las sectas autoritarias, y que finalmente convertirán a cualquier comunidad de creyentes en una olla de presión de inconformidad. (Por supuesto, si un creyente desea, voluntariamente, confiar a alguien más estos asuntos personales, no hay problema. Pero es una elección y no una obligación.)

(Romanos 14: 1)= Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. (¡Cuánta paz habría en las congregaciones si, al menos, un cincuenta por ciento de ellas, respetaran fielmente esta palabra!)

(2) Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro que es débil, come legumbres.

(3) El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

(4) ¿tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor está en pie, o cae, pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

(5) Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

(6) El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.

(7) Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

(8) Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.

(9) Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

(10) Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.

(11) Porque escrito está: vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.

(12) De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

Esto nos muestra que nunca jamás deberemos perder de vista el hecho de que la Biblia concede un alto valor a la libertad cristiana individual y a la privacidad. Por consiguiente el respeto por estas virtudes debe ser alto entre los creyentes. A menos que exista una buena razón para sospechar que un hermano o hermana están en pecado, es profundamente anticristiano husmear y entrometerse en los asuntos domésticos. Sin embargo, la realidad de nuestros días, nos dice exactamente lo contrario. Por cada congregación en la que, con las reservas y los pormenores del caso, al menos se respeta bastante la vida íntima y privada de sus miembros, hay no menos de cinco que se manejan exactamente a la inversa, y en algunos casos, de un modo que camina por el filo de la cornisa con relación a su similitud con una secta. Conozco por lo menos un caso, de un joven matrimonio que se decidió a abandonar una de estas congregaciones controladoras, sacudidos por las similitudes que hallaron entre su ex congregación y los testimonios relatados en el libro “¿Iglesia o Secta?” Sin comentarios.

(1 Timoteo 5: 13)= Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.

Como cristianos, no podemos andar metiéndonos en todo o diciendo cosas que no convienen. Por esta misma razón, si un creyente está luchando con algún “pecado oculto”, el amor demanda que busque y que reciba ayuda de la iglesia.

Es decir que, resumiendo, la sujeción mutua a la autoridad divina no es control, sino ayuda. No es ni oficial, ni legal, ni mecánica; es funcional, es espontánea y es orgánica. Cada vez que la transformamos, aun con las mejores intenciones, en una institución humana, surge amenazador el peligro, no importa el nombre que se le ponga.

(Proverbios 11: 14)= Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad.

(Proverbios 15: 22)= Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.

(Proverbios 24: 6)= Porque con ingenio harás la guerra, y en la multitud de consejeros está la victoria.

Cuando invitamos a que otros entren en nuestra vida, dejamos abierta la puerta para que el Señor nos anime, corrija, motive y proteja. Es por ese motivo que el libro de los Proverbios repetidamente acentúa que en la multitud de consejeros hay seguridad. El amor, entonces, es el peregrinar divino que proporciona protección espiritual (Y que gracias a Dios que no es tan estrecha como los corazones de algunos que están bajo su protección) A fin de cuentas, solamente el amor tiene una “cobertura” de poder.

(Proverbios 10: 12)= El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas.

(Proverbios 17: 9)= El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo.

(1 Pedro 4: 8)= y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.

Ya que la sujeción mutua es radicalmente diferente de la subordinación unilateral a las estructuras autoritarias, no debe confundirse con el igualitarismo altamente individualista, moralmente relativo y tolerante que distingue al pensamiento post moderno. La sujeción mutua, tenemos que admitirlo y enfrentarlo con madurez, es muy costosa. La verdad pura es que a nuestros egos no les gusta sujetarse a nadie. Como criaturas caídas que somos, queremos hacer mayoritariamente lo que a nuestros propios ojos está bien sin interferencia de los demás. Te pregunto: ¿Qué tiene más mérito a los ojos del mundo, una persona sumisa, obediente y dependiente, o una persona indomable, en permanente rebeldía y con una vida en total y absoluta independencia? Ya tienes la respuesta. Yo no la voy  a discutir en el mundo porque el mundo es lo que es desde siempre. Lo único que quiero recordarte es que el reino de Dios, tiene sus propias leyes.

A esto se nos ha enseñado en cualquiera de los lugares en que nos hayamos podido congregar. Y no ha estado mal que se hiciera, porque la Biblia está llena de esas mismas conclusiones. Lo que ha ocurrido, paralelamente, es que a favor de una verdad inexorable, aparecieron los oportunistas, mercaderes y asalariados de la religión que han cometido toda clase de abusos, desde lo espiritual hasta lo material y hasta físico. A esto también hay que decirlo. ¿Qué diciéndolo corremos a la gente de nuestras iglesias? Es preferible a que los metamos en algunas de ellas con engaños, sabiendo nosotros cómo son las cosas. La iglesia jamás podrá juzgar al mundo por su corrupción si tiene corrupción en su propio seno.

(Romanos 3: 10)= Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; (11) no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.

(12) Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

(13) Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; (14) su boca está llena de maldición y de amargura.

(15) Sus pies se apresuran para derramar sangre; (16) Quebranto y desventura hay en sus caminos; (17) y no conocieron camino de paz.

(18) No hay temor de Dios delante de sus ojos.

La proclividad a rechazar la autoridad divina está profundamente arraigada en nuestra naturaleza adámica. Por esto, recibir corrección, admonición y censura de otras personas de nuestra misma condición, no sólo es difícil sino también arriesgado. La Escritura en Proverbios 18:19 nos dice que un hermano que se ofende es más difícil de ganar que una ciudad amurallada. De aquí que la dificultad de corregir a los demás, junto con el temor a la confrontación, hace muy penoso para nuestra carne obedecer al Señor en áreas donde debemos expresar Su autoridad. Es mucho más fácil dejar pasar las cosas y orar por nuestros hermanos equivocados que intentar, al menos, confrontarlos amorosamente.

Ya que la sujeción mutua está enmarcada en el amor, tiene sus raíces en la misma naturaleza de la Deidad. Por naturaleza, Dios es Comunidad. Es decir que el Dios único incorpora una Comunidad de tres personas que eternamente comparten sus vidas una con la otra. A esta verdad se la conoce con el histórico nombre de Trinidad. Dentro de lo que es la Deidad, el Padre se derrama en el Hijo, el Hijo se da a sí mismo sin reservas al Espíritu y el Espíritu se ofrece a sí mismo al Padre. Y dentro de esta danza divina de amor y sujeción, no existen jerarquías. Hay solamente sacrificios y sujeción mutuos. Ahora mira estos textos:

(Juan 14: 28)= Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al padre; porque el Padre es mayor que yo.

(1 Corintios 11: 3)= Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y dios la cabeza de Cristo.

En contra, incluso, de lo que puedan haberte enseñado en relación a estos textos, ninguno de los dos contradice el principio que te mostré, porque salta a la vista, aquí, la sujeción voluntaria del Hijo al Padre como la parte que le corresponde en esta relación de mutua sujeción.

(1 Juan 4: 8)= El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

El mutuo compartir que ocurre consistentemente en la Trinidad es la piedra angular del amor, y es la razón misma por la que Juan pudo decir que “Dios es amor”. Si Dios no fuera comunidad, no podría haber habido nadie a quien Él amara antes de la Creación, por el hecho de que amar requiere la presencia de dos o más personas. La iglesia, como la comunidad del rey, debe reflejar la relación recíproca de amor que ocurre dentro de la Deidad. Y ya que no hay jerarquía en la Deidad, tampoco la hay en la iglesia, no tiene razón, motivo ni respaldo alguno para que la haya. Existe solamente sujeción mutua gobernada por una preocupación que lleva al auto sacrificio.

El Nuevo Testamento es muy explícito cuando usa el tema de la familia para aplicarlo a la iglesia. Por naturaleza, la iglesia es una extensa familia, una comunidad que cara a cara examina mutuamente sus valores, discute mutuamente sus sentimientos, confiesa mutuamente sus pecados, y conversa mutuamente sobre sus decisiones pendientes. Dentro del entorno familiar de la iglesia, la sujeción mutua y la responsabilidad de rendirnos cuentas crean unidad, construyen el amor y proveen estabilidad, fomentan el crecimiento y dan un significado más rico a la vida cristiana. Por contraste, en las jerarquías, la sujeción y la responsabilidad legal son típicamente punitivas y legalistas. Por estas razones, las jerarquías generalmente producen temor, inseguridad, sospecha, dominación y control.

Conocí a un matrimonio, (Que desde ya, no es el único), que andaba con problemas. El punto era que mientras ella, que no era un dechado de virtudes, al menos tenía algo de madurez y estabilidad, él era un chico tremendamente inestable, inmaduro y, para colmo de todos los colmos, tremendamente machista. Tan machista como el pastor que ambos tenían, ya que sin siquiera preocuparse por saber como eran verdaderamente las cosas, el consejo transformado casi en mandamiento que les dio, fue que, sea como sea, y se tratara de lo que se tratara, ella debía hacer lo que su marido le ordenara, ya que para eso él era la cabeza del hogar y ella, como decía la palabra, debía estar en callada sujeción a él. Sé perfectamente que a una gran cantidad de hermanos, no les estoy contando nada nuevo. Sé que a muchos, también, les podría hasta parecer una herejía que yo dijera otra cosa diferente porque, piensan, la Biblia dice exactamente eso, nadie puede discutirlo. Es verdad, pero ahora te voy a mostrar, mi amado hermano que te guías por el “Pequeño Tiranus Despóticus Ilustrado”, que la Biblia, en realidad, no dice solamente eso.

(Efesios 5: 22)= Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; (23) porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y Él es su Salvador.

(24) Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también lo estén las casadas lo estén a sus maridos en todo

Está todo muy claro. La razón parecería estar del lado masculino. Porque yo te vengo diciendo que la sujeción es mutua, pero tú lees este verso y tienes derecho a preguntarme: ¿Y adónde dice aquí que la sujeción es mutua? ¡Aquí, hermano, lo que dice, es que la mujer tiene que estar sujeta al marido EN TODO y punto! ¡Y punto, eh? ¿Y qué hacemos con lo que sigue?

(25) Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, (26) para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; (27) a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

(28) Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

Después que terminé de leerle este pasaje al matrimonio del cual te contaba, le pregunté a la chica: Hermana, ¿El pastor, por una casualidad, te dijo también que tú no estabas obligada a amar a tu marido, ya que esa era una obligación para el hombre solamente? - ¡No! –me contestó- ¡No me dijo eso en absoluto. Es más, ni siquiera hablamos de eso! - ¿Sabe que pasa, hermano? -terció el muchacho-, nunca podría haberle dicho eso porque la palabra dice que tenemos que amarnos los unos a los otros. ¡Usted debería saberlo a esto! Ah, sí, le contesté. Por supuesto que debería saberlo. Y lo sé. La palabra dice, a quien quiera leerla, exactamente eso, tienes razón hermano. Pero, pregunto: ¿No dice también por allí, que debemos someternos, que es sujetarnos, unos a otros? – Bueno, sí, pero no es lo mismo. - ¿Ah, no? ¿Y quien dijo que no es lo mismo? – Bueno; el pastor me dijo que siempre se habló de la sujeción en esos términos y no puede él venir a modificarlo ahora. – Ah, ¿Y la esposa del pastor, piensa lo mismo? - ¡No!, casi gritó ella. ¡La pastora piensa como usted, pero el que manda en la iglesia es el marido, entiende? Sí, entiendo. Lo que entiendo es que, evidentemente, ya no tenemos un matrimonio con problemas, tenemos dos.

Ya que la iglesia local es un clan familiar, debe seguirse un modelo circular de poder y autoridad en vez de uno vertical. El enfoque del Nuevo Testamento al liderazgo de la iglesia, enfatiza el poder A FAVOR DE y el poder ENTRE, en lugar del poder SOBRE; la concesión de poder a todos en vez de a unos pocos; relaciones en vez de programas; vinculación en lugar de separación; conexión en ve de aislamiento; organismo en vez de organización, participación en vez de la pasividad del espectador; integración en vez de fragmentación; solidaridad en lugar de individualismo; espíritu de servicio en vez de dominación; interdependencia en vez de independencia; y enriquecimiento en lugar de inseguridad.

Nuestra cultura estimula la confianza en uno mismo, la autosuficiencia, el individualismo y la independencia, pero todas estas cosas son incompatibles con la tónica de la iglesia del Nuevo Testamento. Ya que Dios es Comunidad, nosotros como hijos de Dios, fuimos diseñados para vivir en comunidad. Nuestra nueva naturaleza, (Por medio de la regeneración), nos llama a esto. Cuando Dios dice que no es bueno que el hombre esté solo, no está otorgando una franquicia a la promiscuidad sexual ni nada que se le pueda parecer. Aprende que cuando Dios habla de hombre, no habla de género masculino, habla de Varón y Varona, porque Él no hace acepción de personas.

Así que, nosotros los cristianos no somos seres aislados. Como el Dios Trino, somos comunitarios y desarrollamos relaciones con los demás. Mientras que la doctrina moderna de la cobertura oscurece esta visión luminosa, el principio de la sujeción mutua la pone en un marcado relieve. En palabras sencillas, la naturaleza trinitaria de dios es fuente y modelo para toda comunidad humana.

Es dentro de la relación de amor que ocurre en el seno de la Deidad el principio de la sujeción mutua encuentra su verdadero valor. La sujeción mutua, por consiguiente, no es de manera alguna un concepto de origen humano. Ningún ser humano está capacitado carnalmente o a través de su alma, para ejercer sujeción mutua. Mas bien el hombre, por esencia, está formado para controlar, si lo dejan, a todos los demás hombres que pueda. Cuando eso se ve en el mundo ateo, pecador, incrédulo y pagano, se llama Tiranía. Me pregunto cómo deberemos llamarlo cuando sucede en algo que se llame iglesia.

Este tipo de sujeción, entonces, no surge de un concepto humano, sino de la naturaleza comunitaria y recíproca del Dios Eterno. Y es esta misma naturaleza que la iglesia está llamada a llevar. De esta manera, la sujeción mutua nos capacita para contemplar el rostro de Cristo en la misma trama y urdimbre de la vida de la iglesia.

Tomando prestado el lenguaje de cierto escritor, el concepto de autoridad y sumisión presentados en este día, pueden resumirse de esta manera: Otorga más autoridad a la iglesia que la que Roma da, confía más al Espíritu Santo que el Pentecostalismo, tiene más respeto por el individuo que el mismísimo humanismo, hace de los estandartes morales algo más obligatorio que el puritarismo, y está más abierta a cualquier situación dada que la Nueva Moralidad.

Capítulo Nº 10

El Asunto de la Cobertura

En nuestra última entrega, estuvimos hablando bastante de la sujeción mutua. Ahora bien; en contraste con el principio bíblico sobre la sujeción mutua, la noción de “responsabilidad denominacional” es realmente una ficción. En su esencia, la llamada “Cobertura Denominacional” está construida sobre la idea más o menos supersticiosa de que, si yo pertenezco a una organización denominacional, estoy de alguna manera que no se termina de explicar, “cubierto” o “protegido” mágicamente del error. Pero el hecho de que la gente en el sistema denominacional rutinariamente está equivocada al pensar así, es prueba indiscutible de que esta idea es una mera chantada. La noción de que estoy cubierto por estar conectado en mi “responsabilidad legal” con una remota organización o individuo, tal como la Iglesia Católica, por dar un ejemplo, lo está con el Papa, es una falacia. Bíblicamente, siempre será mejor que humanamente por mejor que estemos ubicados.

(1 Juan 2: 20)= Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

(Verso 27)= Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Esto te está mostrando algo, que la única protección del error está en someterse a la dirección del Espíritu de verdad y en sujetarnos atentamente a aquellos creyentes maduros y dignos de confianza a quienes conocemos personalmente, porque el consejo de los sabios nos ayuda a discernir qué es lo que nos mueve. Por consecuencia, la idea de Dios con respecto a la responsabilidad legal funciona de persona a persona, no de ministro religioso a la persona. La protección espiritual viene de la relación con el Espíritu y la conexión con otros cristianos. En esto está el temple y el espíritu de la comunidad del Nuevo Testamento. Por contraste, el complicado y reglamentado sistema oficial de la responsabilidad legal al estilo “Alguien encima-alguien debajo”, es un sustituto artificial de la sujeción mutua. Como resultado, la enseñanza bíblica con respecto a la sujeción mutua continua siendo oscurecida en la niebla de la intelectualidad religiosa al calor y vigor de los debates entre facciones.

Trágicamente, los que se atreven a poner a prueba los soportes bíblicos de la doctrina de la “Cobertura”, saben que pueden echar abajo los motores retóricos del sector religioso y ven volar chispas. La espantosa verdad es que la gente que cuestiona la autoridad oficial eclesiástica, está haciendo estremecer al sistema eclesiástico conocido. Como resultado de esto, se los denigra, se los difama y se los estigmatiza con adjetivos tales como: “Herejes”, “Agitadores”, “Perturbadores”, “Alborotadores”, “Entremetidos”, “No Autorizados” y “Rebeldes Insumisos”. Semejante invocación de la retórica religiosa está planeada para sofocar la reflexión y quitar del camino a los que manifiestan una disconformidad honesta con el status quo. Por consiguiente, la casa de Dios todavía sufre por los que, animados de un espíritu de censura, expulsan de la sinagoga del Señor a los que son preciosos a sus ojos, y cierran la puerta de la casa a los miembros de la familia. Ya fue escrito.

(3 Juan 9)= Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe.

(10) Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohibe, y los expulsa de la iglesia.

Los que usurpan la autoridad, que son muchos más de lo que suponemos, a menudo se deshacen en elogios elocuentes acerca de cómo ellos salvaguardan a las ovejas de Dios de los peligros del aislamiento y el individualismo. Lo más triste del caso, es que muchos de ellos, realmente se creen esto. Es evidente que las sectas se multiplican interminablemente porque algunos se aíslan del Cuerpo de Cristo y siguen, sin reservas, las ideas y pensamientos de un líder u organización. Irónicamente, sin embargo, la “Cobertura denominacional” está mucho más cerca de la noción torcida de liderazgo tipo “amo-esclavo” que distingue a las sectas que del modelo bíblico de la sujeción mutua dentro de la asamblea local. Esto se debe a que el modelo bíblico enfatiza la sujeción de los unos a los otros en contraste con la obediencia absoluta a un líder humano, personal u organización.

Para poner de relieve un punto aún más fino de este asunto, la doctrina de la “Cobertura” se usa muy frecuentemente como un garrote para rechazar y acabar con aquellas iglesias que no están bajo una bandera denominacional. La utilizan grupos religiosos partidistas como un arma temible para asegurar el terreno teológico. Esta arma ha sido provista por la intolerancia y el fanatismo sectarios y ha provocado la fractura de la comunión del pueblo de Dios, cortando en pedazos el cuerpo de Cristo, y reduciendo a la iglesia a astillas. El moderno pantano denominacional ha contaminado el paisaje Cristiano, convirtiendo al “Un cuerpo” en una entidad trágicamente dividida con una tradición que lo estrangula.

No cabe la menor duda de que muchos defensores del denominacionalismo creen que este sistema es inofensivo. En su opinión, las diferentes denominaciones meramente representan a las distintas partes del cuerpo de Cristo. Pero el sistema denominacional es ajeno al Nuevo Testamento e incompatible con la unidad Cristiana, porque está basado en divisiones que son bíblicamente injustificables. Los tres primeros capítulos de la Primera carta de Pablo a los Corintios, lo expresa con bastante amplitud. En efecto, el denominacionalismo se deriva de una visión fracturada del cuerpo de Cristo.

Virtualmente, cada iglesia que nació dentro de los primeros quince años a partir del Pentecostés, fue engendrada por la iglesia de Jerusalén. Sin embargo, estas nuevas iglesias no tenían una relación formal ni subordinada con la asamblea de Jerusalén. En este respecto, el Nuevo Testamento siempre describe iglesias locales autónomas pero fraternalmente relacionadas. Esto significa que en la mente de Dios, cada iglesia local, aunque es una vida con todas las demás iglesias, es independiente, se gobierna a sí misma, y es responsable solamente ante Dios con respecto a sus decisiones. De aquí que el concepto de una “iglesia madre” que gobierna o de una sede denominacional no solamente está basado en una interpretación acartonada de la Escritura, sino que es netamente partidista. Y que conste que esto no implica que le demos un golpe de muerte al denominacionalismo, sino sacar a la luz el problema esencial que está detrás de él y aportar cosas de un modo que se pueda construir algo más cercano a la idea de Dios.

Nunca fue el deseo de nuestro Señor que las asambleas locales se combinaran para formar una organización denominacional, una super federación, una asociación organizada o un centro de control diocesano. Por el contrario, el principio escritural afirma que cada iglesia local debe ser independiente cuando toma decisiones y en su supervisión. Esto puede verse con toda claridad en las palabras del Señor a las siete iglesias de Asia, en las que cada una de ellas fue tratada específica y singularmente de acuerdo con sus propios problemas particulares. Esto también se subraya en las cartas de Pablo en las que trató consistentemente a cada asamblea local como un organismo autónomo que se gobierna a sí mismo. De acuerdo a Pablo, cada asamblea local era directamente responsable de obedecer la palabra divina. Mira lo que dice al respecto:

(1 Corintios 11: 2)=Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.

(2 Tesalonicenses 2: 15)= Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.

(2 Tesalonicenses 3: 6)= Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.

En otro sentido, Pablo también va a dejar muy en claro lo de la dependencia denominacional, jerárquica catalogada como “Cobertura” por la iglesia moderna. Él iba a puntualizarle a todos los que tomaran contacto con sus cartas, que las cuentas espirituales y materiales de su tarea, debían rendírsela directamente a Dios. Lo dejó escrito:

(Efesios 5: 24)= Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.

(Colosenses 1: 9)= Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, (10) para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios.

Por lo tanto, es un tremendo error tejer iglesias locales con el hilo del federalismo religioso. Es indudable, cada iglesia local está bajo la misma Cabeza y es una en Vida. Por esta razón, cada una debe cooperar con las demás, aprender de ellas y ayudarse una a otra en la medida de lo posible. También aquí tengo escrituras que lo relatan:

(Hechos 11: 28)= Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.

(29) entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; (30) a lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.

(Romanos 15: 25)= Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.

(26) Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.

(27) Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles en los materiales.

(28) Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.

(1 Tesalonicenses 2: 14)= Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos.

Cabe consignar que esta era la práctica de las asambleas primitivas y que, también, cada asamblea local está obligada a seguir la tradición que los apóstoles establecieron en cada iglesia. De esta manera, si una iglesia local se pone a trabajar por su propia cuenta en una línea meramente individualista en lo que respecta a sus prácticas eclesiásticas, esto significará que se ha apartado del principio Divino.

Al mismo tiempo, Dios tiene el propósito de que cada iglesia local desarrolle su propia supervisión y ministerio y que no se una a otras iglesias en una especie de organización externa. Mientras una iglesia local esté siguiendo los principios generales formulados en el Nuevo Testamento para la vida corporativa, que es lo que se llama “La tradición apostólica”, el Señor indudablemente conducirá a cada asamblea en una dirección diferente con respecto a cómo debe de dar testimonio especial a su comunidad. De modo que hay una relación espiritual y de ayuda entre las asambleas locales, pero cada iglesia es responsable directamente a su Cabeza, que es Cristo, y está bajo su control inmediato. Importante: La Biblia nunca se refiere a un ser humano, a una persona, como “Cabeza” de una iglesia. Este es un título que le pertenece exclusivamente a Jesucristo y, pretender compartirlo, es incursionar en algo muy cercano a la herejía o la blasfemia.

Mientras que las iglesias locales tienen un fuerte vínculo interno que las une en Cristo, mantienen una fuerte independencia local en su organización. Esto significa, entre otras cosas, que es antibíblico que una asamblea local dirija o discipline a otra asamblea. En la mente de Dios, una iglesia no tiene derecho s regular, controlar o entrometerse en los asuntos, enseñanzas o prácticas de otra. Aquí es donde el sistema denominacional viola todos estos principios. Para resumir, la unidad y relación de las iglesias preserva el testimonio de que el Cuerpo es uno, mientras que la independencia y autonomía de las iglesias preserva el testimonio de que la Cabeza, es soberana.

Otro problema que presenta el sistema denominacional moderno es que aplasta lo que afirma proteger y preservar. Derriba eficazmente con lo que pretende edificar. El denominacionalismo Protestante, al igual que el celo sectario mal orientado que impulsa el Catolicismo Romano, se han deteriorado hasta convertirse en una institución humana que chasquea el látigo del despotismo ante sus disidentes, defiende solícitamente a sus adeptos, y condena a otros por supuestas violaciones doctrinales.

Es por esta razón que Pablo se enciende contra los cristianos de corinto cuando se asignaban a sí mismos algún nombre y se deslindaban unos de otros en campos separados dentro de la misma comunidad. Hoy en día no es menos escandaloso que a la familia de Dios se le imponga con violencia la camisa de fuerza partidista de la ortodoxia religiosa. Cabe destacar aquí porque debemos decirlo, que muchas de las iglesias así llamadas no-denominacionales, Inter.-denominacionales o post-denominacionales, son tan jerárquicas y sectarias como las grandes y antiguas denominaciones. De aquí que estas también pertenecen al sistema denominacional.

Pro es aun más sorprendente que el sistema denominacional realmente perpetua la herejía, que entre paréntesis, es la misma cosa que afirma refrenar. Vale la pena pensar en esto. Si la naturaleza autónoma de cada iglesia se preservara, la propagación del error se localizaría en su mayor parte. Pero cuando una sede denominacional se infecta de una falsa enseñanza, cada iglesia conectada con ella cae en la misma falsedad y la herejía se difunde.

Además, cuando cada iglesia es autónoma, es más difícil que algún falso maestro ambicioso surja y tome el control de un grupo de asambleas. Cuando las iglesias son independientes y no están afiliadas de manera organizacional, “La figura de un Papa”, es prácticamente imposible. Pero esto no ocurre así en una denominación, donde todas las iglesias relacionadas están en pie o caen. Puede discutirse más profundamente si formar una denominación es cometer una herejía. El pecado de herejía consiste en seguir los propios dogmas. En consecuencia, una persona puede ser un hereje con respecto a la verdad si la usa para fracturar el cuerpo de Cristo.

Mientras que la iglesia institucional moderna puede jactarse de estar “cubierta” por una denominación, en realidad se permite mucho menos el “dar cuentas” cara a cara que en la mayoría de las iglesias no tradicionales que se reúnen de acuerdo con las líneas trazadas por el Nuevo Testamento. En la típica iglesia evangélica, se dice de manera corriente que el pastor “cubre” a la congregación. Pero en la mayoría de las iglesias de esta clase, el grueso de la congregación apenas si conoce al pastor, y mucho menos se conocen el uno al otro. No es raro que “los cristianos practicantes” empleen menos de tres frases cuando se dirigen a otra persona en un típico servicio de domingo por la mañana. En contraste, en la asamblea del Nuevo Testamento, todos los hermanos se conocen uno al otro íntimamente, y esto incluye a sus líderes. La Biblia da cuenta también de esto.

(1 Tesalonicenses 5: 12)= Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan.

Viendo todo esto en conjunto, la “cobertura denominacional” es artificial y nominal, y está confinada a los límites seguros de su propia superficialidad. El deseo de Dios es que su pueblo encarne los valores de la vida y la enseñanza de su Hijo en una comunidad en la que pueden estar cara a cara íntimamente. Y este deseo constituye lo más preciado de su propósito eterno. En una palabra, la sujeción mutua preserva a la iglesia como una comunidad estrechamente unida, mientras que la “cobertura” denominacional la convierte en una sociedad jerárquica.

Es muy claro que el mero empleo de estructuras eclesiásticas tradicionales como el sistema del pastor del Protestantismo, el sistema sacerdotal del Catolicismo Romano y el sistema denominacional de la Cristiandad, jamás podrán salvaguardar al pueblo de dios del error doctrinal. Poniendo entre paréntesis al gran número de iglesias independientes que se han apartado de la ortodoxia Cristiana, muchas denominaciones guiadas por líderes han seguido el mismo camino. Por ejemplo: La Sociedad de la Torre del Vigía, Los Testigos de Jehová, El Camino Internacional, Los Santos de los Últimos Días, es decir: los mormones, etc.

Además de la sujeción mutua, la enseñanza Cristiana histórica con respecto a las doctrinas esenciales de la fe juega un papel crucial guardando a la asamblea local en el sendero Escritural. A través de los siglos, los cristianos han preservado las creencias medulares de nuestra fe. Estas creencias se han estructurado en forma de credos en medio de una plétora de herejías doctrinales. El Credo de Nicea, El Credo de los Apóstoles y otros más, no pertenecen a alguna tradición eclesiástica o denominación. Más bien, son la herencia de todos los cristianos genuinos, y reflejan adecuadamente la voz unificada de la iglesia a lo largo de su historia. Aunque el lenguaje utilizado en los credos tempranos suena arcaico o vetusto a nuestros oídos modernos, su significado refleja la enseñanza bíblica histórica.

Para decirlo de otro modo, los Credos Ecuménicos encarnan lo que un escritor llamaba “Cristianismo y nada más”, es decir, “La creencia que ha sido común a casi todos los cristianos en todos los tiempos”. Mientras que los credos por sí mismos no son un disuasivo suficiente par no caer en el error doctrinal, sirven como signos para alertarnos de si nos estamos desviando de la sana enseñanza. Aunque los credos no deben verse como declaraciones teológicas perfectas, funcionan como señales en el camino indispensables para nuestra fe común. Los credos no sustituyen a la Escritura, ni están más allá de ser ampliados. Pero cuando se los maneja adecuadamente, ayudan a salvaguardar la doctrina pura.

Por consiguiente, las modernas congregaciones Neotestamentarias y las llamadas “iglesias hogar”, deben valorar los instrumentos útiles que nuestros antepasados espirituales nos legaron en su búsqueda por seguir fielmente a Cristo. Estos instrumentos están representados en las confesiones de la iglesia primitiva. Por ejemplo, los Credos Ecuménicos. Constituye un grave error el pragmatismo de despreciar indiscriminadamente sus contribuciones simplemente porque algunos de ellos formaban parte de la iglesia organizada de sus días.

No olvidemos que cada uno de los principios escriturales que todos tenemos en alta estima fue defendido y compilado formalmente por aquellos que estaban dentro de las estructuras eclesiásticas institucionales. Esto último no les impidió juntar sus voces a las de los apóstoles con respecto a los sagrados oráculos de Dios. No debemos dejar de recordar que el Cuerpo de Cristo incluye a todos los cristianos de cualquier época, sin importar a qué asamblea local pertenezcan.

Por esta causa, el llamado a recobrar las bases esenciales de la iglesia del Nuevo Testamento, no incluye ni puede incluir una especie de convocatoria a reinventar la rueda religiosa en cada tema teológico. En el mundo secular, se asegura que debatir un tema, lo enriquece, da pie a un caudal informativo mucho mayor al que se poseía antes y, en suma: lo potencia. Allí es donde notamos la enorme diferencia que existe entre el secularismo y el reino de Dios. El debate teológico no sólo no aporta nada espiritualmente concreto y favorable, sino que incluso, anexa una confusión aún mayor a la que ya estamos expuestos los creyentes desde la implantación de las diversas denominaciones, algo que todavía muchos le “agradecen” a Dios como si hubiera sido idea suya, ya que, dicen, permite llegar con el evangelio a todos los estratos sociales. La historia no nos dice precisamente eso, sino todo lo contrario.

Tampoco incluye un rechazo a todo lo que nos ha sido transmitido por nuestros antepasados espirituales. En lo personal, siempre he asegurado a quien quisiera oírme, que lo que hoy por hoy yo pueda estar enseñando, y que pueda parecerle tremendamente novedoso y nuevo a mucha gente, no viene necesariamente a reemplazar lo que se aprendiera antes, sino a completarlo. Salvo, claro está, cuando lo que se ha enseñado obedece más a los intereses personales o particulares de determinadas personas y no a la auténtica Palabra de Dios. Más bien toma partido por toda voz del pasado que ha permanecido fiel a la revelación apostólica, no importa a qué segmento de la iglesia histórica pudo haber pertenecido en aquel tiempo.

Si bien las asambleas modernas deben marcar nuevas fronteras a medida que se mueven a la realización del propósito eterno de Dios, sólo podrán hacerlo en la senda de la ortodoxia bíblica. La iglesia primitiva estaba enraizada en el fértil suelo de la verdad Cristiana. Y permanecer en ese suelo requiere que estemos sobre los hombros de los que han estado antes de nosotros.

Ministerios Competentes

Capítulo Nº 11

El Sello del Apostol

Si bien una discusión completa del ministerio del apóstol está más allá de la capacidad y la autoridad de este estudio, la manera en que me he referido a la anatomía de la autoridad apostólica descansa en la creencia firme de que los apóstoles todavía existen en la iglesia de hoy, convicción que, obviamente, está contrapuesta a la de muchos hermanos que entienden otra cosa. No hay ninguna duda que los doce apóstoles que escogió el señor Jesús durante su ministerio terrenal, tienen un lugar único en la consideración de Dios. Esto último está referido, naturalmente, contabilizándolo a Matías, reemplazante de Judas Iscariote, cuya acción cayó en descrédito luego de su traición, pero no así antes, cuando la Biblia misma da testimonio de que formó parte de todas las cosas tremendas que hicieron los enviados. Cuando en el evangelio de Lucas se relata la polémica surgida en el seno de los doce con relación a cuál sería el mayor en el reino de los Cielos, Jesús es muy claro al respecto:

(Lucas 22: 29)= Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, (30) para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

Sin embargo, a lo largo de todo el libro de los hechos, la Escritura se refiere a otros apóstoles aparte de los doce. Pablo y Bernabé, Santiago el hermano del Señor, Timoteo y Silas, son sólo algunos de los apóstoles que aparecen en las páginas del Nuevo Testamento.

El ministerio apostólico, por lo tanto, continuó después de la muerte de los doce apóstoles originales. Este ministerio no desapareció después del primer siglo, ni fue transmitido formalmente a través de una jerarquía institucional. Mientras que los apóstoles contemporáneos no están produciendo Escritura, todavía están comisionados para edificar el Cuerpo de Cristo junto con los profetas, evangelistas, pastores y maestros. La obra principal de un apóstol, es levantar asambleas locales. Esto significa, claramente, que una iglesia no puede nacer sin la mano de un apóstol presente, porque las iglesias de Antioquia de siria, Cesárea, tiro y Tolemaida no parecen haber sido fundadas por alguno. No obstante, todas estas recibieron ayuda de un obrero apostólico después de su nacimiento.

Los apóstoles no establecen misiones, denominaciones, grupos, células, organizaciones para-eclesiásticas o iglesias institucionales. En lugar de esto, plantan Eklesías Neotestamentarias que están cimentadas y sostenidas por Jesucristo, el Arquitecto principal de la iglesia. Ojo que no estoy diciendo en absoluto “Del Gran Arquitecto del Cielo”, ya que así denominan a Dios los cultores de la Masonería. Dije arquitecto por diseño, por principado, por Arque, que es la palabra que se traduce como Principado. Es tremendo como, las doctrinas falsas a veces se apropian de las palabras de tal manera que, por poco, se las dejan vedadas a los hijos de Dios que, como sabemos, tienen total y absoluta libertad para estar en todo, hablar de todo y examinarlo todo. Los apóstoles, son hermanos dotados que están comisionados especialmente por Dios para realizar este trabajo, y son enviados por un grupo representativo de la asamblea local para llevarlo a cabo.

(Hechos 13: 1)= Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquia, profetas y maestros: Bernabé, simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Máname el que se había criado junto con herodes el tetrarca, y Saulo.

(2) Ministrando estos al señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

(3) Entonces habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

(4) Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.

 La comisión de un apóstol, es personal, mientras que el ser enviado, es algo corporativo. Comisión, te recuerdo, es una co-participación, una misión de dos o más de dos. En este caso específico, algo que hacen Dios y tú. Entonces, un apóstol es, por lo general, un maestro, profeta o evangelista que ha sido llamado directamente por Dios a una obra regional y enviado públicamente por los creyentes locales. Es esta comisión interna y separación externa lo que constituye a un apóstol. Cabe consignar que, los obreros apostólicos, también pueden ser enviados por la mano de un obrero de más edad que los aconseja.

De modo significativo, la palabra griega APÓSTOLOS, que se traduce apóstol, literalmente significa “uno que es enviado”. Por consiguiente, el Nuevo Testamento no dice absolutamente nada de un apóstol que se auto nombra o se envía a sí mismo. Los apóstoles, en el sentido Neotestamentario, son gente itinerante y móvil, que evalúan la cultura, proclaman el evangelio, plantan y nutren a las asambleas del Nuevo Testamento. Como realizan estas tareas y cuanta autoridad poseen son temas que consideraremos a continuación.

La noción de la “cobertura apostólica” es semejante a la “cobertura denominacional”, pero con un matiz propio. Dicha enseñanza sostiene que una iglesia está protegida del error doctrinal si se somete a un apóstol actual (O sea: Uno que planta iglesias) Esto se basa en la idea de que los apóstoles tienen autoridad oficial para controlar y dirigir los asuntos de una iglesia local. La Biblia, sin embargo, se opone a este concepto, porque en ninguna parte del Nuevo Testamento encontramos que un apóstol haya asumido la plena responsabilidad de una iglesia local una vez que esta es plantada. No es lo que ocurre por estas zonas en este tiempo. Sé de nuevas iglesias abiertas por autodenominados apóstoles que, a muchos meses de esa apertura, todavía siguen teniendo mando sobre ellas.

Los apóstoles del Nuevo Testamento reconocían y respetaban la autonomía espiritual de cada asamblea, una vez que esta nacía. Aunque la iglesia estaba en las manos del obrero durante el tiempo en que se ponía el fundamento, una vez que terminaba y se iba, la responsabilidad de la iglesia quedaba en las manos de ella. La carga de la supervisión pertenecía a la hermandad local y no al obrero apostólico. Los apóstoles eran responsables de sus propios ministerios regionales, y los santos locales eran responsables de los asuntos propios de la iglesia. Una vez más, cuando un apóstol daba nacimiento a una iglesia, esta estaba parcialmente en sus manos. Este período se asemeja a la fase de incubación. El obrero pasaría algún tiempo ministrando a Cristo a los santos y equipándolos para el servicio. Fue por esta razón que Pablo alquilaba una casa para realizar reuniones apostólicas junto a las reuniones de la iglesia.

(Hechos 28: 30)= Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, (31) predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

Fíjate que hizo algo similar cuando estuvo en Efeso, llevando a cabo reuniones apostólicas en la escuela de Tirano, mientras que los creyentes se reunían en las casas.

Hechos 19: 9)= Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno.

(Hechos 20: 20)= Y como nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas.

(1 Corintios 16: 19)= Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.

Estas eran las reuniones de la obra, planeadas para habilitar a los santos para que funcionaran en las reuniones de la iglesia. Pero una vez que el obrero dejaba solos a los santos, delegaba toda la supervisión y la responsabilidad en las manos de los creyentes locales. De esta manera, los apóstoles nunca se establecían en una iglesia para controlarla. Siempre partían de allí. Aunque Pablo algunas veces pasaba un largo período de tiempo plantando una iglesia, (En Efeso tres años, en Roma dos años y en Corinto dieciocho meses), siempre dejaba a  estas iglesias por su cuenta una vez que el fundamento estaba establecido. Y después de salir ya no asumía la responsabilidad de ellas.

Por otra parte, sabemos que Antioquia sirvió a Pablo como base de operaciones para sus dos primeros viajes apostólicos, pero no hay evidencia que señale que él dominaba a la iglesia mientras estaba allí. En efecto, los primeros apóstoles nunca gobernaron a las iglesias locales que servían. Esto explica por qué el Nuevo Testamento menciona a los ancianos de Efeso, a los supervisores de Filipo, etc., pero nunca a los apóstoles de aquellos lugares.

(Hechos 13: 2)= Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que os he llamado.

(Hechos 14: 26)= De allí navegaron a Antioquia, desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido.

(Hechos 15: 38)= Pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra.

Si bien la misión de los primeros apóstoles era más amplia que la esfera local, complementaba el ministerio de las asambleas locales. El ministerio apostólico, también llamado ÉRGON, que traducido es “La Obra”, existía como una especie de entidad separada de las iglesias locales. La obra en cuestión, entonces, era transitoria, pero las iglesias estaban establecidas. La Obra, era una suerte de asociación itinerante, mientras que las iglesias eran comunidades residentes. Los apóstoles, por consiguiente, eran viajeros y no colonizadores, o sea: pioneros. Gente que siempre estaba en movimiento.

Un estudio cuidadoso de los viajes apostólicos de Pablo revelará el hecho sorprendente de que, por lo general, pasaba muy poco tiempo con las iglesias que plantaba. Como era su costumbre, pasaba varios meses estableciendo la planta baja de una comunidad de creyentes, sólo para dejarla por su cuenta por largos períodos de tiempo. Siempre estaba dispuesto para darles consejos, tal como vemos en 1 Corintios 7:1: En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer;  y las visitaba periódicamente para comprobar sus progresos, como se ve en Hechos 15:36: Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver como están. Pero no se hacían cargo de sus asuntos. Esta práctica de dejar a las iglesias en su infancia nos deja ver el hecho sobrecogedor de que Pablo creía que la iglesia era un organismo viviente capaz de desarrollarse por sí mismo, por el poder de la vida de Dios que estaba en su interior. Él sabía que, cuando dejaba una iglesia, el Espíritu se quedaba.

Al mismo tiempo, las asambleas que Pablo plantaba recibían ayuda de otras iglesias y estaban en contacto con él. En cuanto a esto, es absolutamente esencial que las asambleas Neotestamentarias modernas inviten periódicamente a otros ministros a que las animen y desafíen. Esto podría incluir a “obreros” itinerantes así como a maestros, profetas, etc., que se reúnen en otras asambleas locales. Cuando una asamblea local no abre sus puertas para recibir ayuda de afuera y se juzga a sí misma “autosuficiente” por completo, sufrirá una pérdida tremenda. Las iglesias Neotestamentarias modernas deben evitar aislarse y deben buscar interconectarse con otros cristianos y aprender de ellos.

La obra, entonces, existe a favor de las iglesias y no para su propio beneficio, y las iglesias producen obreros, no dirigentes hábiles en politiquería religiosa. En este orden de ideas, el principio del Nuevo Testamento afirma que la obra nunca debe rivalizar, sustituir o eclipsar a la iglesia local; porque la meta de la obra es establecer y fortalecer a las iglesias. Por consiguiente, todo el fruto que la obra produce en una localidad dada debe derramarse en la iglesia local. La iglesia no pertenece a la obra, sino a la localidad. De este modo, cuando los cristianos modernos pasan más tiempo siguiendo a los ministerios regionales de obreros populares translocales y asisten continuamente a conferencias en donde la obra se conduce, están colocando a la obra por encima de la iglesia. Esta es una triste contradicción que siempre termina lastimando a la iglesia, porque transforma el objetivo Divino de la obra.

En una palabra, los apóstoles son responsables de plantar y de nutrir a las asambleas locales en muchos lugares diferentes. Los ancianos son responsables de supervisar los asuntos de la iglesia en las asambleas locales donde viven. Los apóstoles Neotestamentarios nunca se establecen permanentemente en las iglesias que plantan ni asumen autoridad exclusiva sobre ellas. A este respecto, el rol pastoral moderno es una versión deformada de un apóstol estacionario, lo que significa una contradicción bíblica.

(1 Corintios 4: 1)= Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.

Esto demuestra que, aunque los apóstoles eran siervos valiosos para aquellas primeras iglesias, jamás estuvieron en ellas con ánimo de usurparlas. No se conducían como presidentes ejecutivos o como jefes distantes por encima de las asambleas. Dicho de otra manera, los apóstoles del Nuevo Testamento eran plantadores  y no suplantadores de iglesias. Ese es uno de los problemas más graves que todavía sufren los líderes bien intencionados: invitar a alguien para colaborar por un tiempo y que ese alguien se le quede con la iglesia por tener mayor carisma. Ellos eran asistentes, y no siervos aristócratas espirituales, ni fundadores déspotas de iglesias, ni celebridades de altos vuelos. Los apóstoles del Nuevo testamento instruían y persuadían a las iglesias y nunca interferían en sus asuntos, ni las controlaban.

Hoy en día, y a favor de toda una onda de estrellato que ha invadido también el evangelio, la vocación apostólica se ha rodeado de glamour, de un aura de importancia tremenda, pero Pablo consideraba que los apóstoles eran, dice, “Como la basura del mundo... como el desperdicio de la humanidad”. ¿Qué diferencia, no?

(1 Corintios 4: 9)= Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.

(10) Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.

(11) Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija.

(12) Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos, nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos.

(13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.

Esto deja muy en claro algo que no siempre se ve con los personajes importantes del evangelio moderno: que los verdaderos apóstoles, jamás buscan la gloria. No tratan en absoluto de impresionar a la gente.

(2 Corintios 11: 5)= Y pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandes apóstoles.

(6) Pues aunque sea tosco en la palabra, no lo soy en el conocimiento; en todo y por todo os lo hemos demostrado.

(1 Tesalonicenses 2: 5)= Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; (6) ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.

Asimismo y también como para diferenciarse notoriamente de tanta buena gente que anda caminando por esos caminos de Dios, aquellos apóstoles no trataban (y los verdaderos, legítimos de hoy tampoco) de aprovechar su ministerio para obtener poder económico.

  (2 Corintios 2: 17)= Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, (Esto bien pudo haber sido escrito hace un rato nada más) sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.

(2 Corintios 11: 20)= Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas. (Esta es la palabra que más deja en evidencia que muchas de las cosas que se hacen bajo el amparo de la obligatoriedad de la sujeción y de la bondadosa pasividad cristiana, no es más que un artilugio ideado por el diablo para llevar al sufrimiento de la esclavitud a muchos hermanos utilizando, para ello, a otros supuestos hermanos influenciados y vulnerables a todo demonio que ande volando por la zona)

Asimismo, ellos jamás trabajaron con la intención de hacer discípulos para sí mismos, incurriendo en una dominación de la vida y la intimidad de otros que, lamentablemente, hoy parecería ser moneda corriente en muchas denominaciones, sobre todo en algunas que, curiosamente, hacen del amor y de  la familia baluartes, mientras que la fría realidad muestra que todo no pasa de una tiranía de sonrisas y buenas palabras, pero tiranía al fin de la cual muchos han salido y otros saldrán en este tiempo.

(2 Corintios 1: 24)= No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes.

Tampoco fueron aquellos personas que, cuando se movilizaban, hicieran valer ciertas credenciales especiales que les proporcionaban privilegios, honras y atenciones. Eso sucede hoy. Eso es lo que la reforma que Dios ha puesto en marcha, va a derribar, arruinar y destruir para luego edificar y plantar lo real y verdadero, lo que viene del Espíritu Santo de Dios.

(2 Corintios 3: 1)= ¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros?

(2) Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; (3) siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

Tampoco es gente altisonante que afirme poseer una herencia superior, proclamando a quienes quieran escucharlos que son enviados del Dios Altísimo como personas especiales dueñas de un mensaje también especial.

(2 Corintios 11: 21)= Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles. Pero en lo que otro tenga osadía (hablo con locura) también yo tengo osadía.

(22) ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo.

Tampoco se jactan de experiencias espirituales extraordinarias. Para Pablo, los apóstoles no son elitistas espirituales que se llaman o proclaman o promueven a sí mismos. Por el contrario, ¡Son los que quitan con pala el estiércol después que termina el desfile y derraman su sangre por las iglesias! Es el enorme trayecto que va desde el servir de Cristo al ser servidos de los hombres. El sello de un verdadero apóstol es plantar eklesías que sobreviven en su ausencia.

Todo esto es consistente con la práctica de Pablo, cuyo ministerio apostólico recibe enorme atención en el Nuevo Testamento. En vez de utilizar metáforas imperiales, Pablo las toma de la familia para describir su rol en las iglesias que plantaba. Describe su relación con las iglesias como la de un padre, una madre y una nodriza, y no como señor, maestro o rey. Es evidente que, a partir de las alusiones persuasivas que impregnan sus cartas, Pablo trataba a las iglesias como un padre lo haría con sus hijos adultos, y no como a niños pequeños.

De esta manera, Pablo daba su opinión acerca de los asuntos de la iglesia en vez de emitir decretos unilaterales. 1 Corintios es un claro ejemplo de esta orientación. Alcanza su punto crítico cuando Pablo ofreció su consejo con respecto al incestuoso que estaba entre ellos para luego pedir a toda la iglesia que lo disciplinara por su cuenta. En efecto, las iglesias que plantó progresivamente dejaron de depender de él y crecieron en su dependencia de Cristo. Pablo les exhortaba a andar por este camino.

Capítulo Nº 12

La Autoridad Apostólica

Es notable las diferencias que existen entre aquella iglesia inicial, primaria y primitiva y la que hoy ha tomado ese rótulo. Leyendo con atención los hechos de aquellos primeros tiempos, encontramos situaciones realmente llamativas que, con el correr de los tiempos, han ido quedando atrás hasta ser olvidadas por completo. Por ejemplo, Pablo. Desde el comienzo mismo de su conversión, él aprendió a depender de la provisión de sus hermanos en el Cuerpo de Cristo. Aprendió su primera lección de sujeción al Cuerpo, no a hombre-jerarquía, de un tal Ananías, de cuyas manos recibió el Espíritu y su segundo llamado. Posteriormente, fue enviado por los creyentes de Berea, fortalecido por sus colaboradores en Corinto, refrenado por los discípulos de Efeso y aconsejado por los hermanos de Jerusalén. En una palabra, Pablo sabía como enriquecer su espíritu y también sabía como recibir ayuda de los demás. Con todas estas alternativas, vemos con claridad que una de las características más dinámicas del método de poner en marcha, iniciar, plantar iglesias que tenía el apóstol, era su consistente sujeción a los demás Cristianos. A todos. Al Cuerpo.

Pablo estaba bien provisto, ciertamente, de una historia de madurez con Dios y también con muchos dones poderosos. No entendía su autoridad como oficial, sacralizada o jerárquica, tal como hoy se la ve, sino como algo funcional y relacional. Para el apóstol, la autoridad divina estaba cimentada en la aprobación del Señor, y no en algún oficio formal. Siempre buscó persuadir a las asambleas locales con respecto a la mente de Dios, en lugar de promulgar o decretar mandamientos de corte imperial. De aquí que las dos palabras favoritas de Pablo para dirigirse a los santos, son PARAKALEIN, utilizada veintitrés veces en sus cartas. Es una expresión que denota una súplica. La otra palabra es EROTAO, que significa una petición hecha entre iguales. Lo que es más, Pablo se abstuvo de usar el muy fuerte vocablo EPITAGI, que se traduce como ·”Mandamiento”, para ordenar que se le obedeciera. Vamos a considerar algunos textos que tienen que ver con esto, que de alguna manera, lo que significaría una base de los principios esenciales de un supuesto “liderazgo” bíblico.

(1 Corintios 7: 6)= Más esto digo por vía de concesión, no por mandamiento.

(Verso 25)= En cuanto a las vírgenes, no tengo mandamiento del Señor, mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.

(2 Corintios 8: 8)= No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro.

(Filemón 8 y 9)= Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte a lo que conviene, más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo.

Observa que cuando Pablo llamó a los creyentes a algún tipo de acción, o bien a que guardaran ciertas actitudes adecuadas para alguna determinada ocasión, utilizó siempre los mismos términos: “Rogando, Suplicando, Rogando con Insistencia, Implorando, Pidiendo”. Todo eso en lugar de promulgar decretos autoritarios que, es probable, hubiesen sido obedecidos sin chistar ni discutir, ya que estaba muy bien considerado. No hay modelos paulinos en los liderazgos modernos. Es más: no hay modelos bíblicos, se podría decir. La iglesia de los comienzos, a diferencia de la verticalista que encontramos hoy, era de un neto corte cooperativo. Es decir que para Pablo, el consentimiento voluntario de su audiencia y la profundización interna de la verdad, eran mucho más deseable que una obediencia nominal a las cosas que escribiera.

A veces, cuando su tono era necesariamente severo, exhortaba y recomendaba que los santos obedecieran a Cristo, y no a él. En 1 Corintios 1:10, él dice: Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. ¡Qué notable! ¿No? Y mucho más notable todavía es la tergiversación de la Palabra en la actitud clásica que muchos cristianos han tenido en todos los tiempos por lo que podría llamarse como “exceso de religiosidad”. El pueblo evangélico ha criticado durante mucho tiempo al catolicismo romano en razón de que sus sacerdotes enseñaban a su feligresía aquello de “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, que según se dijera, aparecía como una suerte de licencia para incursionar en algunos “pecadillos”. Sin embargo, nosotros hemos llegado a decir lo mismo con otras palabras: “No me mire a mí, mire a Cristo”. Pablo no dice eso en 1 Corintios 4:16, sencillamente exclama: Por tanto, os ruego que me imitéis. En otra palabra él dice que lo imiten a él porque él mira a Cristo. Me pregunto y le pregunto qué creyente, hoy, podría pararse delante de una cantidad regular de personas y decir esto mismo sin ser exonerado por soberbio o blasfemo. Sin embargo, es Biblia. Porque el objeto de la obediencia no era Pablo como persona, sino Cristo cuyo pensamiento estaba expresando en ese momento. Dicho de otra manera, cuando Pablo manifestaba la mente de Cristo, sus palabras eran autoritativas, si bien, por rara paradoja, él nunca se mostró autoritario. Mire estos textos:

(Romanos 14: 14)= YO sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; más para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es.

(1 Corintios 7: 10)= Pero a los que ya están casados, les doy este mandato, que no es mío, sino del Señor.

(1 Corintios 14: 37)= Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor.

(2 Corintios 2: 17)= Pues no somos como muchos, que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios hablamos en Cristo.

(2 Corintios 4: 5)= No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor; nosotros no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús.

(2 Corintios 12: 19)= ¿Todo este tiempo han venido pensando que nos estábamos justificando ante ustedes? ¡Más bien hemos estado hablando delante de Dios en Cristo! Todo lo que hacemos, queridos hermanos, es para su edificación.

(2 Corintios 13: 3-4)= Pues buscáis una prueba de que Cristo habla en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros. Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros.

(1 Tesalonicenses 2: 13)= Así que no dejamos de dar gracias a Dios, porque al oír ustedes la palabra de Dios que les predicamos, la aceptaron no como palabra humana, sino como lo que realmente es palabra de Dios.

(1 Tesalonicenses 4: 2)= Ustedes saben cuales son las instrucciones que les damos de parte del Señor Jesús.

(1 Tesalonicenses 4: 15)= Conforme a lo dicho por el Señor Jesús.

(2 Tesalonicenses 3: 12)= A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo.

Hay dos cosas que quedan muy claras de la personalidad de Pablo: no tenía un carácter autoritario ni trabajaba por su cuenta. De su propia boca dejó en claro que no consideraba su llamado apostólico como una licencia para ejercer dominio sobre los asuntos de las iglesias. Nunca sacó ventajas de su derecho como apóstol obteniendo ayuda económica de aquellos a quienes servía. De hecho, su principio inalterable era no aceptar dinero de las iglesias que auxiliaba. Solamente aceptaba ayuda financiera por parte de creyentes moradores de otras localidades, para no ser una carga a los que eran recipientes de su ayuda inmediata. En efecto, todo el panorama de la autoridad apostólica de Pablo se cristaliza en esta máxima: No es que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino que contribuimos a vuestro gozo. De esta manera, difería inmensamente de sus adversarios.

La autoridad que Pablo poseía estaba ligada a su competencia para hablar la palabra del Señor a las comunidades que fundaba; era una autoridad dada “para la edificación y no para la destrucción”. Por lo tanto, siempre ejercía autoridad con el único propósito para la que le fue dada, es decir: para edificar a los santos. Nunca abusó de ella para obtener un lugar prominente, algún tipo de poder terrenal o ciertas ventajas materiales. Una pregunta interesante para formularnos a nosotros mismos, sería: ¿Qué haría yo con una autoridad como la de Pablo? ¿Cuál sería mi comportamiento?

(Gálatas 1: 8)= Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

(9) Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Pablo reconocía claramente de que la fuente de su autoridad era Cristo, tal y como está encarnado en el evangelio. Esto explica por qué invitaba con firmeza a los santos a que juzgaran lo que decía y les apremiaba a que rechazaran su mensaje si no era consistente con el evangelio. Si los creyentes de este siglo veintiuno hiciéramos exactamente lo que Pablo dice que tenemos que hacer, varios predicadores muy importantes desaparecerían de los púlpitos. Pero no; no hacemos eso. Sólo nos limitamos a soportar el tedio de un discurso humanista que no nos deja nada y orar “Para que el Señor le cambie la palabra al siervo”. Jamás nos atrevemos a preguntarle a Dios o a preguntarnos a nosotros mismos: “Señor, ¿Ese es tu siervo o es un lobo rapaz vestido de oveja?

De vez en cuando Pablo se vio obligado a censurar a las iglesias, pero siempre encontraba difícil tomar esta acción. El amor que le profesaba a los Corintios, por ejemplo, rebosaba de compasión paternal, de tal manera que después de escribirles, temía que sus palabras fueran demasiado fuertes para ser soportadas. Sin embargo y teniendo en cuenta que lo que Pablo hablaba era la auténtica palabra del Señor, podía decir con total tranquilidad y certeza que, aquellos que decidían rechazar sus palabras, no lo rechazaban a él sino a Cristo mismo. Ese es el modelo de mensaje para este tiempo. Yo sólo puedo decir: “Quien no recibe mis palabras no recibe a Cristo”, si efectivamente predico o enseño SU Palabra, pero si en lugar de eso echo mano a mi propia sabiduría humana, entonces no podré censurar ni ofender a quienes no la crean. Justicia.

Todos estos hechos nos permiten afirmar que: la fuente de la autoridad Divina es Cristo, el medio de la autoridad Divina es la palabra de Dios, el ejercicio de la autoridad Divina es el quebrantamiento y el servicio, y la meta de la autoridad Divina es la edificación espiritual. En la mente de Dios, la autoridad y el espíritu de la cruz van mano con mano, y este principio es evidente en todo su ministerio apostólico. Sin embargo, hay una gran diferencia entre aquella autoridad y algunas de las actuales. Cuando consideramos los ministerios de los apóstoles a través de esta óptica, descubrimos que ninguno de ellos fue autoritario.

Observa que Pablo recomendó a Timoteo que exhortara a los santos con mansedumbre. Nunca le permitió que ejerciera algún tipo de poder formal sobre ellos. El consejo que le da a Tito, no es demasiado diferente. En su carta a este joven, en 2:1, Pablo escribe: Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina. En 2:15, añade: Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Que nadie te menosprecie. Es notorio que Pablo parecería estar más interesado en que los santos lo imitaran a que obedecieran sus palabras.

Este mismo aire no autoritario respiran las cartas de Juan. En ningún momento reclamó derecho alguno a gobernar las iglesias. Cuando Diótrefes usurpaba la autoridad en la iglesia, no hay indicios que muestren que Juan intentara obligarlo a salir de ellas. Sí, en cambio, animó a la gente a que no se fuera detrás de los que hacen el mal. Una vez más, la inevitable conclusión de todo ello es que los apóstoles no tenían autoridad oficial sobre las asambleas locales. No asumieron una posesión formal de las iglesias de las que fueron padres, ni las convirtieron en expresiones de sus propios ministerios. Esto arma una frase digna de colocarse en un cuadro: Los apóstoles usan sus ministerios para servir a las iglesias; no usan a las iglesias para fabricar sus ministerios.

El ministerio del apóstol del Nuevo Testamento es un servicio y no una expresión de dominio que implica alguna clase de jerarquía. Es por esta razón que Pablo se refiere a las iglesias que plantaba en términos explícitamente no jerárquicos, llamándoles “hermanos” y “partícipes” en el ministerio. Cuando se dirigía a ellos, no les hablaba como si estuviera por encima de ellos, sino como a uno de los suyos.

Es bastante significativo el hecho de que Pablo tenía una gran confianza en las iglesias que él había levantado. A diferencia de muchos líderes modernos, él estaba seguro que esas comunidades de creyentes recién nacidas, obedecerían a Dios y funcionarían adecuadamente de acuerdo con sus dones. Esto es exactamente lo opuesto al pensamiento actual de la mayoría de los líderes reconocidos: ahora no se permite que los hermanos funcionen libremente en la medida de sus dones, para que “no se salgan de control”. Pablo no se veía a sí mismo con derecho alguno a prohibir o permitir nada. Tenía absoluta razón. ¡Ningún hombre tuvo ni podrá tener jamás este derecho! Sólo un espíritu de manipulación puede llevar a hacer lo contrario.  

Muy por el contrario, cuando los modernos líderes expresan su falta de confianza en el pueblo de Dios para ministrar eficazmente en una reunión abierta de la iglesia, están criticando severamente sus propios ministerios. Porque nada podría probar mejor si los santos están equipados adecuadamente, que ver como se ministran unos a otros en una reunión participativa y abierta. Cuando vemos el panorama cristiano desde esta perspectiva, las cosas cambian radicalmente. Pero después vamos a confrontarnos con la dura realidad: ¡Está demás decir que los creyentes jamás podrán estar verdaderamente equipados oyendo sermones de cuarenta y cinco minutos cada domingo! Escuchar sermones mientras se congelan en los bancos, lejos de generar desarrollo espiritual, da lugar a un sacerdocio anquilosado y atrofiado.

La otra perspectiva muy interesante, es: ¿Cómo trataba Pablo a los hermanos que eran parte de su equipo apostólico? Porque es cierto que la autoridad Divina se expresaba dentro de la esfera de la obra apostólica misma, y que Pablo era indudablemente el centro de su grupo, pero eso no se trasuntaba en el tratamiento habitual. Note que Pablo y los otros apóstoles no andaban cada uno por su cuenta. Siempre se movían en asociación con un círculo de colaboradores. Esto, virtualmente, jamás ocurre con los apóstoles autodesignados de nuestros días. Es evidente que Pablo asumió la responsabilidad de la dirección de la obra y no tenía problemas para administrar los movimientos de sus colaboradores. Hay suficiente registro bíblico de que así haya sido. Sin embargo, entre sus compañeros no operó jamás un sistema jerárquico fijo. Pablo no era presidente ni director en jefe de la obra. Por esta razón, nunca vemos que Pablo demande obediencia ciega de sus colaboradores. Más bien, como ocurría con las iglesias, buscaba el consentimiento voluntario de sus colegas siempre que solicitaba algo de ellos.

La noción que sostiene que los apóstoles tenían autoridad de gobierno sobre las iglesias locales, así como sobre otros apóstoles, es insostenible. Es una invención de la mente natural y está en desacuerdo con la práctica concreta de Pablo. Los apóstoles, así como los otros ministerios en el cuerpo de Cristo, dependen del Cuerpo para que reciban la plenitud de Cristo. Esto es evidente a partir de las palabras de apertura de la carta a los Romanos en donde establece que estaba deseoso no sólo de bendecidles por medio de los dones que tenía sino de recibir ayuda de ellos a través de los dones que poseían.

Muy cierto es que no escasean los apóstoles posteriores a Pablo, autollamados y autoproclamados que corren de un lado a otro en la iglesia de hoy promulgando decretos autoritarios, reclamando seguidores y construyendo Imperios Cristianos. Como resultado, muchos cristianos perspicaces han concluido que no hay apóstoles en existencia en la iglesia moderna y que hay necesidad de recobrar este ministerio. Sea notorio, sin embargo, que Dios ha levantado muchos apóstoles en este siglo que han caminado y están caminando en el espíritu de Pablo. (Los apóstoles modernos no son escasos, sino un recurso en vías de desarrollo) Pero como sucede con Pablo, estos obreros no están interesados en construir imperios ni en iniciar movimientos. Ellos, al igual que Pablo, no ambicionan alcanzar un status de celebridad y lanzan un fuerte reproche a los que los engrandecen de esta manera.

(1 Corintios 1: 13)= ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?

(1 Corintios 3: 7)= Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.

(Verso 21)= Así que, ninguno se gloríe en los hombres, porque todo es vuestro.

¿A qué se parece, por lo tanto, un apóstol contemporáneo? Si usted forma parte de la escena de la iglesia institucional, probablemente nunca haya visto uno. Es inconcebible como, a favor de la valoración superlativa del ministerio del pastor, han quedado no ya relegados u olvidados, sino prácticamente desconocidos los restantes. Salvo los maestros, recluidos por allí hacia algún salón alejado del templo y los evangelistas, empujados a las carpas móviles en las plazas, de apóstoles y profetas, la iglesia contemporánea prácticamente no tiene conocimiento.

Allí están muchos que afirman ser apóstoles, (O quizás que los adornan con la palabra “apóstol”), pero que a menudo carecen de la competencia de un obrero genuino. A modo de contraste, los verdaderos apóstoles son los que se ocultan a sí mismos y no los que se introducen a los empellones. Su obra está en gran parte oculta, y su servicio pasa frecuentemente desapercibido. Los apóstoles verdaderos no construyen denominaciones, programas, misiones, edificios u organizaciones; ellos construyen exclusivamente la “eklesía” de Jesucristo. Es más que evidente que Dios utiliza siempre al humilde de corazón para construir su casa.

(Isaías 66: 1)= Jehová dijo así: el cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿Dónde está la casa que me habéis de edificar, y donde el lugar de mi reposo?

(2) Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.

(3) El que sacrifica buey, es como si matase a un hombre: el que sacrifica oveja, como si degollase un perro; el que hace ofrenda, como si ofreciese sangre de cerdo; el que quema incienso, como si bendijese un ídolo. Y porque escogieron sus propios caminos. Y su alma amó sus abominaciones, (4) también yo escogeré para ellos escarnios, y traeré sobre ellos lo que temieron; porque llamé, y nadie respondió; hablé u no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me desagrada.

(5) Oíd palabra de Jehová, vosotros los que tembláis a su palabra; vuestros hermanos que os aborrecen, y os echan por causa de mi nombre, dijeron: Jehová sea glorificado. Pero él se mostrará para alegría vuestra, y ellos serán confundidos.

Y lo que es más, no andan anunciando que son apóstoles. Y ya que no forman parte de las últimas novedades espirituales ni sus nombres son publicados en los periódicos cristianos, medios de comunicación “sin fines de lucro”, por lo general no pertenecen a ninguna iglesia organizada o movimiento. Debido a que los apóstoles genuinos virtualmente nunca aparecen en las marquesinas de las iglesias, la mayoría de los cristianos modernos suponen que no existen.

Sin embargo, mientras que estos son menos en número que los extravagantes y llamativos “súper apóstoles” de nuestro tiempo, estos verdaderos obreros incursionan cada vez más profundamente en el eterno propósito de Dios en Cristo, porque están construyendo SU iglesia a SU manera. Todo esto se traduce en la siguiente fórmula sencilla: Los Cristianos modernos deben de ser sabedores de su necesidad del ministerio apostólico, generosa en el sostén de los obreros apostólicos y, sin embargo, cauta con respecto a los que reclaman poseer status apostólico.

Capítulo Nº 13

Yo Tampoco se los Diré

Cuando Cristo estaba en la tierra, los líderes religiosos de su tiempo, lo acusaron con una pregunta polémica: “¿Con qué autoridad haces esto?” “¿Quién te dio esa autoridad?”. Irónicamente, no pocos de la clase dirigente religiosa de nuestros días están haciendo la misma pregunta a los sencillos discípulos que se reúnen en torno a Cristo nada más, sin control clerical o partidismos denominacionales. Fíjate que estas preguntas que he mencionado, son exactamente del mismo tenor que la que veíamos en las primeras entregas: “¿Quién es tu cobertura?”, “¿A quién le rindes cuentas?”, o “¿Quién te controla?”

Como hemos podido ver, esta pregunta tiene su origen en una falsa interpretación de la Escritura. En el fondo, la noción moderna de “cobertura” eclesiástica es un eufemismo de “control” apenas disimulado. Por esta razón, es una pobre representación de la idea de Dios de la sujeción mutua y representa una enorme desviación del principio del Nuevo Testamento. Mientras que los que siguen el ejemplo de la iglesia institucional insisten en ella a voz en grito, todos los Cristianos del primer siglo, sin duda, la repudiarán.

Las divisiones ideológicas, herejías doctrinales, independencia anárquica y el subjetivismo individualista son problemas severos que atormentan al cuerpo de Cristo en nuestros días. Pero la “cobertura” denominacional o clerical es una muy mala medicina para purgar la patología de estos males. En realidad, esta clase de “cobertura” es un síntoma del mismo problema disfrazado de solución. Como tal, agrava el problema de un individualismo e independencia tenaces, desdibujando la distinción entre autoridad oficial y divina, creando una falsa sensación de seguridad entre los creyentes e introduciendo más divisiones en el Cuerpo de Cristo.

Esto es tan grave que la doctrina de la “cobertura” inocula al sacerdocio de los creyentes, impidiéndole que asuma la responsabilidad ordenada por Dios para servir y funcionar en asuntos espirituales. Deliberadamente o no, la enseñanza de la “cobertura” llena de temor a los corazones de multitudes de cristianos, llevándoles a creer que si asumen su responsabilidad en las cosas espirituales sin el conocimiento del clérigo, serán presa fácil del enemigo. La enseñanza contiene una amenaza implícita de que los “descubiertos” serán acusados de todas las cosas horribles que podrían ocurrir. En este respecto, pocas cosas paralizan tanto al ministerio del cuerpo que esta doctrina de la “cobertura”.

Si tratamos de ingeniárnosla para sanar los males de la iglesia empleando una técnica de “cobertura”, terminaremos con un padecimiento que es peor que las enfermedades que se pretenden curar. La enseñanza de la “cobertura!” Trae consigo tonos, texturas y resonancias muy específicas que poco tienen que ver con Jesús, Pablo o cualquiera de los otros apóstoles. Aunque permite rascar una comezón peculiarmente moderna, es ajena al método elegido por Dios para mostrar Sí autoridad. Por lo que el antídoto espiritual para los males de la herejía, independencia e individualismo es, por una parte, la sujeción mutua al Espíritu de Dios y, por la otra, de los unos a los otros por reverencia a Cristo. Nada menos que esto puede proteger al Cuerpo de Cristo o sanar sus llagas abiertas.

No nos equivoquemos. Si estamos funcionando de acuerdo al deseo de Dios, estaremos mutuamente sujetos a los hermanos con quienes nos reunimos. Y con mucho gusto recibiremos ayuda y consejo de los hermanos que pudieran no vivir en nuestra comunidad, pero que nos llevan la delantera en Cristo y hayan probado que son obreros dignos de confianza en la viña de Dios. Es necesaria cierta madurez para poder ver al pueblo de Dios de este modo. No son pocos los líderes que tienen la idea fija de que el cuerpo de Cristo, la iglesia, es el grupo que se congrega en ese templo. En una ocasión fui ministrado por un siervo de Dios itinerante y su oración produjo en mi vida un verdadero impacto. En la iglesia donde me congregaba en ese momento, se me dijo que eso no era legítimo, ya que no lo había recibido dentro del Cuerpo. Cuando respondí que sí, que si bien no lo había recibido dentro del templo, sí lo había recibido dentro del cuerpo, se me miró con cierta compasión y si no se me trató como endemoniado, simplemente fue porque el correr de los días fueron evidenciando otra cosa que no les quedó más remedio que aceptar, aunque a regañadientes.

Bien entendida, la sujeción mutua no es idealista; es práctica y vital. Existe cuando una piedra viviente de la casa del Señor recibe humildemente de una manera viva ayuda y consejo de otras piedras vivientes. Se deriva de la conciencia sobria de que ya que estoy conectado con mis hermanos y hermanas en Cristo, mis acciones y actitudes afectan profundamente a las suyas. De este modo, la sujeción mutua crea una cultura que tiene en estima el liderazgo espiritual sin absolutizarlo o convertirlo en un instrumento de opresión y control.

Cuando las “relaciones de consejo”y las “sociedades de responsabilidad legal” son gobernadas por la sujeción mutua, son espiritualmente sanas y mutuamente enriquecedoras. Y no tienen ningún parecido con la práctica moderna de la “cobertura” jerárquica. Si no fuera de esta manera, no se pudiese comprender como el pueblo de Dios, es un pueblo llamado a ministrarse los unos a los otros. Claro que no es eso lo que se observa normalmente, sino a ciertas jerarquías ministrando a una mayoría de menor rango, pero ya ha quedado muy en claro que no es así como Dios plantó a su iglesia, y que no debemos culpar a Él si ahora está operando bajo esas características.

Frank Viola, autor de un profundo y extenso trabajo del cual he tomado muchos conceptos para este estudio, relata textualmente sus experiencias en el tema de la sujeción mutua. Dice, en su trabajo, que: “Como uno que ha conocido varias iglesias desde 1980 y que ha buscado reunirse de acuerdo a los lineamientos del Nuevo Testamento, he experimentado el inmenso beneficio de la sujeción mutua. En particular, he descubierto –dice Viola- la seguridad que surge cuando someto asuntos cruciales de mi vida y de mi ministerio ante la opinión de la asamblea local y al esperar un consenso antes de ir adelante.

También, -continua Frank Viola-, he sido ayudado tremendamente por aquellos probados y esforzados obreros Cristianos en otros lugares con quienes he desarrollado relaciones. Si bien no hay ni el más leve indicio de alguna relación oficial o formal entre nosotros, gozosa y abiertamente recibo consejo de ellos siempre que me enfrento con un asunto difícil. He madurado para confiar en su discernimiento. Muchas veces sus consejos confirmaron lo que el Señor me había revelado personalmente. En otras ocasiones, Dios les usó para ajustar mis pensamientos cuando descubría algún flanco débil en mi vida. Cierto es que de no haber atendido a sus consejos en aquellas ocasiones, habría naufragado en aguas tormentosas. Por la misma razón, estos hermanos han sido suficientemente humildes para recibir ayuda de mí, afirmando así que la sujeción espiritual, siempre es mutua.”

Estas relaciones son maravillosamente refrescantes y espontáneas por naturaleza, y son increíblemente informales. Las relaciones de esta clase son vitalmente necesarias para mantener y profundizar el desarrollo espiritual. Además, hacen que crezca nuestro amor por Cristo y por los demás y nos salvaguardan del error. También mantienen un balance delicado entre los exclusivistas y los que dependen patológicamente de otros seres humanos; porque cuando se deifica a los que crean relaciones caracterizadas por mandamientos, estas terminan desembocando casi siempre en idolatría. Al mismo tiempo, cuando éstas están ausentes o se rompen, conducen a una alineación atroz.

La sujeción mutua discrepa de aquellos sistemas que crean un contexto donde la gente termina obsesionándose de las relaciones y de los que promueven un aislamiento enfermizo del Cuerpo de Cristo.

Por último, es necesario resaltar la razón o las razones del por qué de esta discusión creada acerca de la “cobertura protectora” merece el tiempo y el esfuerzo que se le ha dedicado. Afecta, fundamentalmente, la Jefatura ejecutiva del Señor Jesucristo. Las falsas interpretaciones y aplicaciones que el liderazgo mayoritario le ha dado a esa cobertura, han terminado por ahogar tanto en autoridad como en responsabilidad legal, el Señorío de Jesús en su iglesia.

Esto, de alguna manera, se supone que explica por qué estos asuntos son tan delicados. Satanás sabe que si puede engañar al pueblo de Dios en estos puntos, entonces puede suplantar el lugar legítimo de Jesús en la comunidad de los creyentes, y así frustrar el pleno propósito de Dios. Por consiguiente, el intento de examinar críticamente la enseñanza de la “cobertura” y todo lo que está estrechamente ligado con ella es más que un mero ejercicio teológico. Toca el mismo propósito de Dios, un propósito que se ocupa por completo de la soberanía absoluta y supremacía de Jesús en su iglesia.

(Efesios 1: 9)= Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, (10) de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

Quiero puntualizar, una vez más que donde dice “Reunir todas las cosas en Cristo”, no debemos leerlo de corrido como si fuera una frase más. Está diciendo “Re-unir”, es decir: volver a unir algo que estaba unido, que se separó y que es necesario reconstituir. La sujeción mutua ayuda a subrayar el motivo central de la Biblia, que es la preeminencia universal de Cristo. Hay otra escritura en la carta a los Colosenses sobre este mismo tópico. En 1: 15-20, dice: Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Cuando la iglesia aprende a sujetarse a Jesucristo en todo, entonces se cumplirá el eterno propósito de Dios de hacer que todas las cosas estén sujetas en obediencia a su Hijo. Es increíble, pero este principio, que se predica mayoritariamente en nuestras iglesias, es frecuentemente desobedecido, no ya por los creyentes rasos, cosa que podría llegar a ser comprensible dentro de la inmadurez ambiente que se observa, sino que también por los líderes, que eligen y deciden hacer sus voluntades personales o sectoriales por encima de lo que Cristo ha dicho que debe ser su iglesia.

(Santiago 1: 18)= Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Como los “primeros y mejores frutos de la creación” nosotros, los Cristianos, debemos aprender primero a sujetarnos a la autoridad Divina. A medida que lo hagamos, toda la creación seguirá el ejemplo. Esto es lo que hace que la sujeción a la autoridad de Dios sea preciosa y significativa.

Espero que todo esto que hemos compartido durante varios sábados, haya ayudado a tomar conciencia de las formas indispensables para desmantelar las barreras sectarias que se derivan de la doctrina moderna de la “cobertura”. Por lo menos, confío que estas bases sólidas para erigir un auténtico Liderazgo Bíblico, hayan provocado la sensación de que esa premisa de “rendir cuentas” o sujetarse a ciertas responsabilidades legales, son aspectos que deberán ser examinados en una luz más plena que la que hemos ejercitado hasta estos días. En una palabra: corremos graves riesgos en los planos espirituales siempre que elegimos actuar de manera condenatoria y petulante hacia las iglesias y ministerios que han escogido no plegarse a una denominación o a una institución nominalmente religiosa.

Por consiguiente, en vez de repetir frases hechas y muletillas de cliché, tales como el de la “no cobertura” y además elogiar irreflexivamente ciertas expresiones populares como “Responsabilidad legal”, mejor vamos a reconocer la unción y la vida del Señor en nuestras congregaciones y ministerios que Él ha bendecido, en lugar de cancelarlas porque no encajan en los estilos de liderazgo que nos hemos inventado. También tengamos un poco más de cuidado cuando hablemos acerca de estos asuntos y cesemos de hacer declaraciones inclusivas acerca de la “cobertura” y “la responsabilidad legal” que están basadas en un mal uso del Nuevo Testamento. Basta con leer atentamente y con prolijidad las escrituras para ver con meridiana claridad que la crisis actual del liderazgo cristiano tiene sus causas más notorias precisamente en que, como sustentado en Cristo que debe ser, termina no conteniendo bases bíblicas que lo fundamenten tal cual lo conocemos.

En nuestros días, el Señor está buscando recobrar plenamente el plan original de la vida corporativa de su amado pueblo. Nos convoca a que recibamos la medida íntegra del vino nuevo de su Espíritu, y nos invita a desechar los viejos odres agujereados que han estorbado su fluir. Es impensable que la iglesia del Señor se convertirá en algo sin mancha y sin arruga, en más que vencedora y en decididamente victoriosa cuando, en su seno, se tejen y entretejen tantas cosas que no tienen absolutamente nada que ver con la presencia del Espíritu Santo al comando de sus decisiones de fondo. No hace mucho tiempo, en una reunión de las tantas que se cumplen en el mundo, una hermana recibió una palabra del Señor que dejó alelados a todos los que la oyeron. Les dijo: “Hijos, los amo y deseo fervientemente que ejecuten la victoria que yo ya les entregué desde la cruz, pero por favor y por amor a mi nombre: No jueguen más con mi iglesia”.

No cometamos el mismo error de nuestros antepasados de hace ya varias décadas, cuando el Señor estaba haciendo entonces el mismo llamado de hoy. Es decir, no seamos sometidos a los mismos conceptos erróneos de autoridad, sumisión y responsabilidad legal que ellos abrazaron. Estas mismas equivocaciones causaron la desaparición de muchas, sino de la mayoría, de estas expresiones florecientes de la vida de la iglesia primitiva. Que no ocurra así en nuestros días. Mientras que estamos sujetos a las mismas debilidades como los que fueron antes que nosotros, no hay razón del por qué tengamos que sucumbir a sus errores. Si tenemos que cometer errores, cometamos otros nuevos, no los que ya han frenado la prosecución de la obra de la iglesia, del propósito de Dios y de la razón de ser de todos nosotros.

Entre la bibliografía que Frank Viola detalla como bases de su trabajo, hay una mención para un libro muy singular, se trata de “La Autoridad Espiritual”, de Editorial Vida. Se trata de una de las piezas de literatura escritas en el siglo veinte de las que más se ha abusado. Prácticamente todo movimiento autoritario reciente ha sacado provecho de este libro para respaldar el poder de un liderazgo de mano dura. Si bien el libro contiene algunas ideas preciosas, sus debilidades lo hacen peligroso si llega a caer en las manos equivocadas. Lamentablemente, el libro de Watchman Nee hace un tanto borrosa la distinción que hay con respecto al concepto de autoridad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y no es capaz de distinguir entre la manera en que esta funciona entre dignatarios y con referencia a la iglesia. En defensa de su autor, se puede decir que este libro nunca se planificó para una audiencia general. Es meramente una trascripción de los mensajes que Nee dio a sus colaboradores en China.

Me ha tocado en muchas ocasiones dialogar con líderes que, como queja y lamento, me han señalado que no saben qué tipo de liderazgo y autoridad pueden tener sobre una iglesia que, a la hora de hacer negocios, compras o ventas, sus miembros se lo cuentan a todo el mundo, pero que ellos son los últimos en enterarse. Me han dejado pensando muy seriamente si, efectivamente, están convencidos de que cada paso que da un creyente en su intimidad, tiene que ser conocido, examinado y aprobado por ellos. ¿Eso es autoridad o autoritarismo? ¿Es bíblica una posición así o meramente humana? La sujeción es en todos los órdenes o en el ámbito espiritual que es donde radica su propia autoridad? ¿No es sujeción sujeta a una autoridad que, a su vez, está sujeta a autoridad? Claro, esto siempre se interpretó como la prosecución de una cadena de mandos, cuando en realidad de la última autoridad de la que allí se habla, es la autoridad de Cristo, cabeza, poder y liderazgo total de la Iglesia real del Señor.

Hay una realidad. O varias, según como se mire. Una de ellas es que, la mayoría de los creyentes, ya sospechan desde hace mucho tiempo que no todo anda bien en Sión, pero han sido y son bastante lentos para definir los rumbos y cuestionar los status, si así debiera hacerse. Claro; ¿A quién le gustaría que se lo tilde de perturbador, conflictivo o alguna cosa más gruesa? Pero, de todos modos, la mayor parte de los hermanos sin distinción de rangos, ya saben que una gran parte de las cosas que hoy por hoy estamos haciendo en la iglesia en lo concerniente al liderazgo, no tiene ropaje escritural.

Las preguntas que más han circulado en los pocos debates que se han desarrollado al respecto, han manejado estas consultas: ¿Quién exactamente tiene autoridad sobre quién en la iglesia? ¿Debe un pastor, o aun una pluralidad de ancianos, controlar una iglesia? ¿Realmente las denominaciones proporcionan protección del error doctrinal o del fracaso moral? Los pocos pastores que verdaderamente están preocupados por estas y otras cosas similares, ya han descubierto que la gran mayoría de sus consiervos en actividad, jamás han pensado en ellas. Ninguno ha evaluado, seriamente, que debería dejar de ser pastor único de la congregación, cosa que no existe en el Nuevo Testamento, para dejarle paso a una pluralidad de ancianos, por ejemplo, que es algo que sí encontramos.

Ahora me voy a permitir una irreverencia, si es que la tomamos con espíritu religioso. Voy a tomar un texto que se encuentra en el evangelio de Mateo, para compararlo con este tiempo, con una serie de hombres y mujeres que andan predicando un evangelio con Denuedo, que quiere decir Sin Adulteraciones causando, entre otras cosas, bastante fastidio en las estructuras de la iglesia institucional clásica organizada, que cree verse agredida por esta gente, sin darse cuenta que lo que realmente los incomoda, no es la actitud de ciertas personas, sino las consecuencias espirituales de la Palabra de Dios. Primero el texto original, luego el de otra traducción y, finalmente, una evaluación personal que usted podrá tomar, dejar o darle el destino que guste.

(Mateo 21: 23-27)= Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad?

Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.

El bautismo de Juan, ¿de donde era? ¿Del cielo o de los hombres? Ellos, entonces, discutían entre sí, diciendo: Si decimos del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?

Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.

Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas (Ahora en la versión más amplia)

 Jesús entró en el templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo.

¿Con qué autoridad haces esto? – lo interrogaron - ¿Quién te dio esa autoridad?

Yo también voy a hacerles una pregunta. Si me la contestan, les diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿De donde procedía? ¿Del cielo o de la tierra?

Ellos se pusieron a discutir entre sí: “Si respondemos: Del Cielo, nos dirá: ¿entonces por qué no le creyeron? Pero si decimos “De la tierra”, tememos al pueblo, porque todos consideran que Juan era un profeta” Así que le respondieron a Jesús:

No lo sabemos. – Pues yo tampoco les voy a decir con qué autoridad hago esto.

El hombre, supuestamente, termina de predicar un mensaje dramático, lleno de Palabra y portador de una tremenda contundencia para con todo lo que la iglesia está haciendo en contraposición con lo que la Biblia dice. Se acerca un grupo de líderes nucleados en un agrupamiento determinado; póngale el título que desee, y le pregunta: “Hermano, ¿De donde viene usted?” – De mi casa. – “Le preguntamos de qué iglesia viene”.- De la iglesia del Dios Todopoderoso.- “No se haga el gracioso, hermano; de qué congregación queremos saber” – De ninguna definida; voy a todas. –“Ajá, entonces, ¿Con qué autoridad dice usted estas cosas?” Entonces el hombre recuerda el pasaje de Mateo, pero también recuerda que él no es Jesús, que puede equivocarse en alguna cosa y, con temor santo, responde: Con la autoridad que me da la Palabra escrita y mi calidad de hijo de Dios. – Lo suyo es sólo una interpretación personal de la Escritura, hermano. – No. Yo me limito a leer la Biblia. Ella se interpreta sola. Los que sí utilizan interpretaciones humanas, denominacionales y de comentaristas prestigiosos, son ustedes...

Esta es una discusión que, si se produce verdaderamente, puede durar horas, días, meses, años. ¿Sabes por qué? Porque no es lineal, bíblica ni teológica, es espiritual. Quien defiende una posición de este lado, lo hace por certeza, convicción y sin participación de hombres consejeros. Los que defienden la otra, ya tienen decidido cuál es la única verdad y no están dispuestos ni siquiera a escuchar otra cosa que no coincida con lo que ellos mismos ya han decidido. Lo más práctico, entonces, es responder como Jesús respondió. Aunque las épocas sean otras y las condiciones ambientales también sean diferentes, a lo que habrá que agregarle que Jesús era Jesús y nosotros, apenas, meros imitadores, ahí va la respuesta: Yo tampoco les diré con qué autoridad digo esto. Si tienen dudas, averígüenlo en las Escrituras y pidan revelación al Espíritu Santo, es en el único terreno en el cual podemos dialogar.