Espada & Mortero

 

Dudas y Complejos

 

Ignacio García

 

¿Puede el cristiano tener dudas o es un pecado tenerlas? ¿Si tengo dudas y complejos, quiere eso decir que no he sido “liberado”? Éstas, son preguntas que casi todo cristiano se hace y que muchas veces se  ven reforzadas en su afirmación positiva (la que las condena) por algunos que poco conocen de espiritualidad.

 

Complejos

 

Ciertamente, Cristo nos ha hecho libres (Juan 14:6). Al conocerle a Él como la Verdad  hemos sido liberados. ¿Por qué entonces aún tenemos dudas y complejos? Creo que la respuesta se halla en saber esto: si bien hemos sido liberados del pecado, aún cometemos pecados y seguimos siendo débiles e imperfectos: nuestra naturaleza con tendencia al pecado permanece. En Romanos 6:17-18 se dice:

 “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia”. Aquí, la palabra liberado (eleutheria en griego), significa “eximir de responsabilidad moral”.

 

En otras palabras, Cristo quitó a Satanás todo argumento para acusarnos,  a nosotros mismos, y a nosotros delante de Dios. Así lo pone Colosenses 2: 13-15

 

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,  y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”. 

 

Nótese que Pablo dice que todos nuestros pecados fueron perdonados.

Ahora bien, esto no quiere decir que hemos desarraigado nuestra proclividad al pecado, a ciertas prácticas, debilidades, dudas y complejos. La Biblia llama a esto “deseos pecaminosos”, y en Romanos 7:15-17, Pablo dice que él mismo no está exento de ellos:

“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.”.

 

Nótese otra vez  que Pablo subraya que el pecado (sus deseos y tendencias) aún mora en él. En otras palabras: con ser cristiano no se logra extirpar todos los pecados en la vida del creyente. No tener dudas (suponiendo que éste sea un pecado)  u otros pecados, equivaldría a decir que hemos llegado a la estatura de Cristo, lo cual realmente no sucede. Lo que la Biblia enseña es que la vida es un proceso que dura toda la vida, y que su tarea es llegar a la estatura de ese varón perfecto. En todo caso, creo que una de las armas favoritas de Satanás es hacernos creer que ya no tenemos pecado, lo cual es falso. 1 Juan 1:8 afirma que “si negamos nuestro pecado, la verdad no está en nosotros.” La otra arma favorita de Satanás no está en “hacernos dudar”, sino en acusarnos y debilitarnos cuando tenemos dudas, las cuáles parecen ser parte elemental en  nuestro proceso de crecimiento espiritual.

 

Sin ir más allá, creo que los complejos (como el de inferioridad) tienen que ver con nuestra llamada Auto-estima (qué concepto tengo de mí, cómo me valoro). El complejo parecesurgir cuando dejo que ese concepto y ese valor, sea calificado por otros y no por mí mismo. Y más aún, que como cristiano sean otros y yo mismo el que me conceptúo y valoro, y no deje yo que sea Dios quien lo haga. ¿Cómo me ve Dios, qué piensa Él de mí, cuánto valgo a Sus ojos? Si todos conocemos la respuesta, es entonces un enorme punto de partida para batallar contra los complejos. Un autor de Auto-estima llamado Don Matzat propone que en vez de Auto-estima, tengamos Cristo-estima, y habla de cómo la identidad total de Pablo estaba completamente inmersa en la persona de Jesús, por lo cual podía, constantemente, estar hablando de victoria y gloria, más que de complejos (1 Corintios 15:54, Romanos 8:37). Si soy hijo y heredero y sacerdote de Cristo, eso me debe animar a superar mis complejos. Si no puedo, no voy a dejar que Satanás me venga con el cuento de que es malo tener complejos: ésa, es una de sus armas favoritas: no el que se tengan los complejos, sino dejarse uno convencer que “es malo que se tengan”. Jesús, ciertamente, es mi abogado, pero Él no puede defenderme si en vez de oírlo a Él, estoy más atento en  escuchar a Satanás, mi fiscal acusador.

 

Dudas

 

Es muy común que el cristiano se sienta mal porque tiene dudas acerca de su fe. Se nos ha enseñado que el cristiano debe confíar “ciegamente” en lo que no ve.  Trataré de mostrar que hasta los más fervientes cristianos (Pedro, por ejemplo) tuvieron sus dudas,  sin que esto hiciera mella para nada en su carrera cristiana. La pregunta entonces sería: ¿Si tengo dudas, puedo aún ser cristiano?. Personalmente creo que la vergüenza no es que el cristiano tenga dudas, sino que se avergüencen de ellas. La duda es un elemento primordial del ser humano (en este caso el cristiano) que sirve de motor espiritual e intelectual para tener hambre de Dios. Porque, si no hubiera dudas, para qué tanta investigación arqueológica, bíblica y teológica? Muchos portales cristianos de la Internet poseen una sección para despejar las Dudas que se tengan. A nadie se le ha ocurrido que estos sitios están en pecado porque promueven la duda entre los creyentes; ni a ningún creyente se le condena porque pregunta, por el contrario, se le anima a que lo haga. ¿De dónde pues sacan algunos que tener dudas es pecado o que por ellas mismas algunas oraciones nuestras no dan resultado?

 

Las dudas de los más cercanos seguidores

 

Pero pasemos al asunto ¿Tenían dudas los seguidores más cercanos a Cristo? ¡Por supuesto! Pedro lo negó y los otros huyeron. No lo hubieran hecho de estar convencidos; de no tener dudas. Aunque Tomás  es siempre puesto como ejemplo de incredulidad (y nos decimos a nosotros que jamás seremos como él) los ejemplos de duda e incredulidad entre los creyentes que vieron y vivieron con Jesús sobrepasan los tres o cuatro casos.

Aún las mujeres, que tan valiente y fielmente siguieron a Jesús, dudaron de su resurrección. En Lucas 24:1 leemos que:

 

“ El primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro, llevando las especias aromáticas que habían preparado. Encontraron que había sido quitada la piedra que cubría el sepulcro  y, al entrar, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús”.

 

La pregunta aquí es: ¿A qué iban las mujeres con hierbas aromáticas al sepulcro si, en todo caso, estaban seguras que no hallarían cuerpo alguno pues Cristo ya había resucitado? Ahora, vea usted la respuesta de los discípulos cuando las mujeres les informaron que el Señor había resucitado: Lucas 24:9-12    

 

“Al regresar del sepulcro, les contaron todas estas cosas a los once y a todos los demás. Las mujeres eran María Magdalena, Juana, María la madre de Jacobo, y las demás que las acompañaban. 11   Pero a los discípulos el relato les pareció una tontería, así que no les creyeron”.

 

El relato de las mujeres pareció a los discípulos ¡una tontería! ¿Dudaban?

 

El caso de Pedro el incrédulo

Ahora bien, nosotros decimos que esta situación se presentó así porque aún no recibían al Espíritu Santo, el cuál los iba a convencer de toda verdad... Ergo, nosotros que tenemos el espíritu Santo, no debemos de dudar para nada en nada. ¿De verdad? Veamos un pasaje en donde se demuestra que todos los creyentes dudaron, a pesar de haber sido ungidos con el Espíritu Santo. El Pasaje se encuentra en Hechos 12.7-15. Allí se dice que Herodes había mandado matar a Jacobo y que ahora también había aprehendido  a Pedro para hacerle lo mismo:

Después de arrestarlo, lo metió en la cárcel y lo puso bajo la vigilancia de cuatro grupos de cuatro soldados cada uno. Tenía la intención de hacerlo comparecer en juicio público después de la Pascua”. 

Esto era un asunto serio pues Pedro podía correr con la misma suerte que Jacobo. Así es que ¿qué creen ustedes que hizo la iglesia?

“Mientras mantenían a Pedro en la cárcel, la iglesia oraba constante y fervientemente a Dios por él.”

Nótese que oraban ferviente y constantemente por el pobre apóstol encarcelado  ¿Qué cree usted que pedía la iglesia a Dios? Supongo que varias cosas estaban incluidas en esa oración fervorosa:

1.     Que lo librara de la cárcel

2.     Que si se quedaba en ella, por lo menos  no le fuera a pasar lo de Jacobo

3.     Que le echaran sólo 72 horas y luego lo dejaran salir bajo fianza

 

La gama de peticiones podría ser más amplia e incluir cosas que ahora no puedo imaginar. ¿Cree usted que la iglesia tenía dudas? decir que sí parecería una blasfemia. Luego veremos. En tanto vamos al mismísimo Pedro, líder de la iglesia y apóstol de Jesucristo lleno del Espíritu Santo, y poseedor de las llaves del reino. Hechos de los Apóstoles dice que Dios sí contestó a su oración. Lo que demuestra que el hecho de que halla o no dudas en sus seguidores no quiere significa  que Él no va a intervenir en su plan divino. La cosa es que, seguramente, Pedro también estaba ORANDO con todo su corazón solicitando la intervención de Dios en este asunto tan de vida o muerte. Y el Señor contestó:

 “La misma noche en que Herodes estaba a punto de sacar a Pedro para someterlo a juicio, éste dormía entre dos soldados, sujeto con dos cadenas. Unos guardias vigilaban la entrada de la cárcel. De repente apareció un ángel del Señor y una luz resplandeció en la celda. Despertó a Pedro con unas palmadas en el costado y le dijo: ´¡Date prisa, levántate!’ Las cadenas cayeron de las manos de Pedro. Le dijo además el ángel: ‘Vístete y cálzate las sandalias.’ Así lo hizo, y el ángel añadió: ‘Échate la capa encima y sígueme.’

¡Lo sucedido aquí fue un verdadero milagro! Pero veamos cuál es la reacción de Pedro ante tan poderosa intervención de Dios:

Pedro salió tras él, pero no sabía si realmente estaba sucediendo lo que el ángel hacía. Le parecía que se trataba de una visión. Pasaron por la primera y la segunda guardia, y llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad. El portón se les abrió por sí solo, y salieron. Caminaron unas cuadras, y de repente el ángel lo dejó solo. Entonces Pedro volvió en sí y se dijo: "Ahora estoy completamente seguro de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme del poder de Herodes y de todo lo que el pueblo judío esperaba."

Por mucho menos de esto que le sucedió a Pedro, algunos estarían de ya dispuestos a darle gloria a Dios, y a reconocer, creer, no dudar que era Dios mismo  quien actuaba en mi favor. Sólo habría que considerar la cadena de  milagros que ocurrieron a Pedro para anular cualquier tipo de duda:

1)     había 16 guardias cuidándolo en la cárcel 

2)     No tenía posibilidad alguna de escapar:  estaba encadenado 

3)     Le apareció un mismísimo ángel del Señor  

4)     El ángel despertó a Pedro con palmaditas en la espalda  

5)     Le quitó las cadenas y sugirió que se vistiera

 

Hasta este punto, Pedro, el que estaba orando y pidiendo por su vida ¡sólo creía que se trataba de una simple visión! No realizó Pedro que se trataba de algo real o milagroso. Lo mejor viene ahora:

6)     El ángel y Pedro pasaron (sin ser vistos) por la primera guardia

7)     Pasaron por la segunda guardia  

8)     Llegaron al portón de la ciudad, y éste se abrió 

9)     El ángel lo acompañó hasta la calle, y allí lo dejó.

 

Fue ¡hasta entonces! que Pedro repara en la intervención divina. Al fin, declara:

"Ahora estoy completamente seguro de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme del poder de Herodes y de todo lo que el pueblo judío esperaba."

¡Claro! Necesitó de nueve pasos para que le aclarara el asunto. Y la pregunta ¿Por qué no creyó, ya no digamos a la primera, sino a la quinta etapa del milagro? ¿No acaso oraba y pedía y suplicaba por esto? ¿En dónde estaba la fe del apóstol?

 

Peor se la pasa la iglesia.

Cuando Pedro sale de prisión, va directo a la casa de Juan Marcos, y toca a la puerta. Como se lee, allí había “muchas personas que estaban reunidas orando.” Otra vez la pregunta: ¿Cuál sería la oración de estas personas y a quién estaría dirigida? ¿No acaso estaban orando a Dios por la libertad y salud de Pedro? Pero vean la reacción de los fervientes oradores cuando Rode, “Al reconocer la voz de Pedro, se puso tan contenta que volvió corriendo sin abrir: “Pedro está a la puerta!, exclamó”.

Rode no podía mentir. Quien estaba vivo y entumecido por el frío, era Pedro, el que antes estaba preso, aquel por el que la gente de la iglesia oraba ferviente y constantemente. Pero vean la preciosa respuesta de esta gente piadosa y llena de fe:

“¡Estás loca! ¾le dijeron. Ella insistía en que así era, pero los otros decían: Debe de ser su ángel.”

¿Se da usted cuenta? Una de dos: o la iglesia dudó del testimonio de la muchacha, o lo hizo de sus propias oraciones y de su confianza en Dios: creo que la segunda opción es la acertada. ¿Por qué dudaban? ¿Dudaban de sus propias peticiones? Su respuesta es asombrosa para una iglesia recién investida con el poder del Espíritu Santo y acostumbrada a la oración constante: “¡Estás loca!” . Y, como una especie de consuelo a sus dudas y falta de fe, añaden “Debe ser su ángel”…En otras palabras: Pedro está muerto por más que hayamos orado por su vida.

REMATE

Lo sucedido en la iglesia con el asunto de Pedro, para nada fue tomado como un ataque o arma de Satanás, sino como una prueba innegable de que Dios supera la medida de nuestra fe. La vida cristiana es un esfuerzo de crecimiento constante en donde la duda nos ayuda a alcanzar el siguiente escalón. Estoy seguro que ese día la iglesia creció enormemente; se dio cuenta de sus dudas y honestamente las puso en manos de Dios, diciendo, tal vez: “Señor, creemos, ayuda a nuestra incredulidad”

 

Ignacio García

Ezra Michelet Ediciones