Espada & Mortero

Un día en la vida

 

Ignacio García

 

 


“Ha sido un día muy pesado: mañana los veo”. “Estoy, muerto, me voy a casa”. “No me pases ya ninguna llamada”. “Diles que mañana les hablo”. ¿Dónde hemos oído estas expresiones? Casi todos nosotros, en algún momento, las hemos pronunciado. La carga de trabajo, las dificultades en casa, los problemas económicos, los conflictos de inter-relación con amigos y familiares, todo esto nos lleva a estas actitudes, impidiendo en nosotros dar eso que Dick Lombardi (el gran entrenador de fútbol americano) calificó como “el ultimo esfuerzo” o “la milla extra”.

Ante esto, una vez me pregunté si el Señor Jesús acostumbraba esa milla extra. Pero ¿habría en los Evangelios  algo así como 24 horas de un día en la vida del Señor? Sí, fue la respuesta. Tuve la oportunidad de armar ese día (a partir de los evangelios sinópticos) con motivo de una charla que ofrecí en el Seminario Bíblico de la Iglesia Wesleyana de El Monte, California USA. Recuerdo que en aquella ocasión preguntaba yo a los oyentes: ¿Qué tanto era lo que cada uno dábamos a los demás después de cumplido nuestro habitual día de trabajo? ¿Acostumbramos hacerlo como lo hacía Jesús a lo largo de 24 horas del día?

 

El día inicia: Buenas y malas noticias

 

El día de Jesús inicia un día cualquiera, tal vez martes 16 de Marzo, siendo Poncio Pilatos gobernador de Judea, cerca de las Fiestas de la Pascua. Jesús se levanta a las 5:00 a.m. Lo primero que hace es tomar un tiempo para orar. Se baña, desayuna, y camina, listo  para una cita  con sus discípulos quienes están de regreso después de haber sido enviados por él a una misión unos días antes (Mateo 10:1,5).  A las 8:00 a.m.  está ya reunido con sus alumnos, quienes le cuentan las grandes cosas que han sucedido durante su campaña misionera. Marcos 6:30 dice: “Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado”. El Señor está sumamente gozoso por esto; ríe y juguetea con los apóstoles.

Después de la junta,  Jesús da muestras de compasión hacia ellos; los mira cansados y dice: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco”.   Y Marcos explica porqué el Señor los estaba mandando a echar un sueño: “Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer”. Los discípulos optaron por irse “solos en una barca a un lugar desierto”. Querían evitar a la multitud, estaban fatigados y alejarse era lo más sensato. Jesús no se los reprochó, entendió ese cansancio; estimo el trabajo de ellos y fue consciente que tenían que descansar. Los discípulos habían ya hecho lo suyo.

 

La muerte de Juan el Bautista

 

No acababa Jesús de despedir a sus discípulos, cuando otros de ellos, venidos apenas por la mañana, se le acercan. Vienen de Jerusalén y traen malas noticias: Herodes ha ejecutado a Juan el Bautista. La mala noticia había tardado algo en llegar a Jesús.; de Jerusalén hasta Betsaida (lugar en el ahora se halla Jesús) hay unos 250 kms.  de distancia. (Mateo 14:1-12). ¿Cómo se sentiría Jesús ante la noticia? Esta última era realmente triste y se mezclaba en el ánimo de Jesús con el gozo que le causó la de los discípulos en su campaña. Seguro que la muerte de Juan provocó en Jesús diferentes estados de ánimo:

*  El dolor de cercanía. Juan era su  primo hermano.

*  El dolor espiritual:  Juan era un profeta de Dios, el  que había profetizado de Cristo, el más grande entre los profetas, y el hombre que lo había bautizado y reconocido como el Mesías.

*  La impotencia de hacer algo: la de Juan había sido una muerte injusta y arbitraria. Lo peor es que Jesús ni siquiera había podido asistir a su funeral; no había podido consolarle y llorar por él.

*  La amenaza sobre su propia cabeza, la muerte de Juan era como una advertencia para él mismo de parte de Herodes quien buscaba la forma de atraparlo para hacerle lo mismo que al Bautista.

 

¿Qué hizo Jesús ante este dolor que bien  pudo haberlo devastado? Para cualquier otro esta era una hora para descansar, llorar, estar solo, condolerse, enojarse  y sanar del dolor. Dice Mateo 14:13 que al oír esta noticia :  Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado...”.

¿No era esta una noticia tan mala como para que allí terminara el día? ¿No había allí un buen pretexto para alejarse y ensimismarse por algunos días; no escuchar ni atender a nadie? Seguro que todo mundo lo entendería. La gente, sin embargo, tenía otros planes. Dice Mateo 14:13b que “... cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades...”; y Marcos 6:32-33: “Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. Pero muchos les vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron con ellos”. La gente, no informada de lo que había sucedido a Jesús, lo siguió cuando él tomó el camino del desierto, del lugar apartado. Todo esto sucedió como a la 1:00 p.m.

¿No tenía derecho Jesús a la privacidad? ¿Por qué no huye y se oculta verdaderamente  donde nadie lo encuentre, o le dice a la gente: “Ustedes entiendan, hoy no puedo atenderlos? Porque la realidad del asunto fue otro cuando se encontró con que la multitud lo seguía por donde él iba. ¿Qué hizo cuando se halló frente a esta multitud? ¿Se enojó? ¿Pidió una tregua y les dijo: luego los atiendo, compréndanme por favor? ¡No! Esto es lo asombroso en Jesús;  Mateo 14:14 cuenta que cuando Jesús vio a la multitud, en vez de contrariarse o buscar su propio y justo descanso y despedirlos, se dice que: “Tuvo compasión de ellos, y sanó a los de ellos que estaban enfermos...” y  Marcos 6:34 dice:  Y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas muchas cosas” . Lucas 14:10 añade: “Y cuando la gente lo supo, le siguió; y Él les recibió”.

La lista de verbos (acciones) ejecutadas por Jesús en este pasaje tan breve, es de verdad asombroso.

*  Tuvo compasión de ellos. Cuando el momento ameritaba que alguien tuviera compasión por él, Jesús le opone a su estado de ánimo su propia misericordia hacia los demás.

*  Los recibió. Sin objetar, sin poner pretextos o hacer el uso justo de su dolor, Jesús dejó que la gente entrara a su conversación, su amor, sus enseñanzas. Compartió con ellos en medio de su sufrimiento.

*  Los sanó. La compasión no es sólo una caricia, una sonrisa, sino interesarse por el hombre total; gastar un tiempo en preguntarle ¿qué te pasa, cómo te sientes hoy? Y entonces entrar en acción.

*  Comenzó a enseñarles. Jesús sabía que no existe acción alguna que por buena que sea dé al hombre solución a su problema existencial. Así es que comenzó a enseñarles las cosas del reino de Dios. No sé cuánto tiempo gastó en ello... El que haya gastado demuestra un interés mayúsculo de Jesús en la gente.

 

Tremenda actitud la de Jesús ¿no cree usted? Sobreponiéndose a su propia pena y cansancio, decide tener compasión, recibir a la gente, sanar, enseñar y … Siempre dando más a los demás…

 

Un problema mayúsculo

 

La pena causada por la muerte de Juan, fue apenas parte del problema en este día. Como a las 4:30 de la tarde se presentó  una dificultad mayor. Mateo 14:15 y  Marcos 6:35-36 registran que a esa hora los discípulos (notémos que, finalmente, tampoco se fueron a descansar como lo tenían planeado) se preocuparon y dijeron a Jesús:  El lugar es desierto y la hora ya pasada; despide a la multitud,  para que vayan por las aldeas y compren de comer”. ¿No se parece esta actitud a la nuestra en su mayoría? “Despide a la multitud”, es la forma más fácil de evitar la milla extra. Pero, veamos cuál es la respuesta de Jesús. No tienen necesidad de irse... Dadles vosotros de comer...”.

La respuesta de Jesús es inclusiva y de un siempre dar a los demás. Al dar esa orden, involucra fuertemente a los discípulos a terminar con un empujón más la acción que se ha iniciado a favor del prójimo. Ciertamente, ni Jesús ni los discípulos tenían porqué dar de comer a tanta gente; lo lógica enseña que cada uno tiene que irse a su casa y comer. Pero Jesús no piensa así. ¿Tienen hambre? ¡Involucrémonos también en esa área de la gente!

 

Las limitaciones y el reto

 

En la acción de empujar hacia la milla extra, muchas veces ponemos pretextos (válidos a nosotros mismos y delante de los otros)  y decimos como los discípulos: “Sólo tenemos cinco panes y dos peces... Y eran como cinco mil hombres”. Jesús, sin embargo, demuestra que en el empujar hacia el último esfuerzo es más fácil contar con las limitaciones: Marcos: “¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces”, que con lo que ya se tiene y sirve de pivote para impulsarnos hacia el último empujón. Jesús les enseña que lo que tenemos Dios lo va a usar, aunque sea limitado.

Marcos dice: “Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, BENDIJO, y partió los panes y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos” El festín fue en grande, Lucas apunta: “Y comieron, y se saciaron, y recogieron

 

El compañerismo de más

 

Una vez servida la comida y recogida la basura... ¿era hora de irse? Parece que no. En verdad Jesús pudo (como muchos líderes que conozco), ser el primero en irse, escoltado por sus discípulos y dispuesto a tomar, ahora sí, un buen descanso en un buen hotel de Betsaida.  Mas no lo hizo así. Veamos este cuadro de verdad sorprendente de un Jesús dispuesto a servir a la gente hasta el último instante. Dice Marcos 6:45 “En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida ... entre tanto que él despedía a la multitud.

Imagino que Jesús despidió a la gente no con un atavoz, ni con un boletín de prensa que se publicó al otro día, sino de mano y preguntando todavía si habían estado a gusto, palmeando el hombro de algunos y deseándoles buen regreso a casa. Puedo imaginar a la multitud tratando de acercársele y a Él con una sonrisa aceptando el apretón de manos de cada uno... ¡Ufff!

 

La fuente de la milla

 

¿No era ya hora de descansar? No para Él. Lo que había mostrado entre la gente, su compasión, enseñanza, compañerismo, surgía de un empujón que a veces nadie veía: la oración y la comunión con el Padre. Ese era su secreto; de ahí le nacían tantas fuerzas y energía para hacer lo que hacía. Dice Marcos que: Y después que los hubo despedido... !Se fue al monte a orar!

 

En horas desusadas

 

Y ahí no paró la cosa. Jesús había enviado a sus discípulos por delante, cruzando el lago de Genesareth; otra vez, con un espíritu compasivo no quiso retardar a sus discípulos ni los obligó a quedarse con él. Todo un líder.

Pero algo sucedía con la barca de los discípulos en su viaje a la otra orilla del lago. “Y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra”

Los discípulos se hallan en peligro, en medio de la noche, con fatigas y miedos, y para más señas con el viento contrario. ¿Dónde se hallaba Jesús? ¿Se había olvidado de sus discípulos? ¿Acaso dormía?

Está bien, está orando por ellos, y eso bastaba... A veces esa es la postura asumida. Orar por el prójimo solamente se nos parece mucho a la milla extra...Sin hacer acto de presencia para actuar y materializar el ruego que hacemos por nuestro prójimo. No sucede así con Jesús, porque: “Y viéndolos remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar;  Viéndolo ellos andar sobre el mar, pensaban que era un fantasma, y gritaron, porque todos le veían y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: !Tened ánimo; soy yo, no temáis

 

El interés de Jesús por sus discípulos se materializa en una hora realmente inusual; la cuarta vigilia eran las tres de la mañana. A esa hora Jesús está presente, atento a la necesidad de sus seguidores. Cierto, era hora de dormir, de descansar, y, sin embargo, Jesús nos aproxima a la milla extra de manera contundente: A pesar de su tristeza por la muerte de Juan, de su cansancio físico, de sus ganas de ir a la cama y dormir, Jesús termina su día dando ánimo a sus discípulos.

 

Y cuando terminó su día...

 

Deseo terminar con una cita otorga a Jesús el verdadero sentido de servicio al hombre. El lector debe imaginar. Marcos 6:53 “Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesareth, y arribaron a la orilla. Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente les reconocía. Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que El estaba

 

Sin dormir, sin descansar, afligido, totalmente vapuleado después de 24 horas de tratar con la gente y sus discípulos, Jesús por fin alcanza la otra orilla en donde seguro le espera un buen desayuno y una cama tibia. Pero Marcos pinta un panorama distinto: la gente quería estar con Jesús. ¿Se negó el Señor a esta petición? ¡No! En vez de eso comenzó a recorrer toda la tierra alrededor...Buscaba dónde y cuándo alguien necesitaba de su amor y compasión. La milla extra comenzaba de nuevo.

 

 

Ignacio García

Ezra Michelet Ediciones