El arte y los cristianos

Jerry Solomon
James F. Williams

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Jerry Solomon, ex Director de Ministerios de Campo y Coordinador de Mind Games de Probe Ministries, sirvió como pastor adjunto en Dallas Bible Church después de dejar Probe. Recibió un B.A. (summa cum laude) en Biblia y el M.A. (cum laude) en historia y teología de Criswell College. También asistió a University of North Texas, Canal Zone College y Lebanon Valley College. Justo antes de la Navidad de 2000, Jerry partió para estar con el Señor a quien amaba y servía.

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James F. Williams es el fundador y ex presidente de Probe Ministries International, y actualmente sirve como ministro itinerante. Ha recibido títulos en Southern Methodist University (B.A.) y Dallas Theological Seminary (Th.M.). También ha realizado estudios interdisciplinarios doctorales (a.b.d.) en humanidades en University of Texas at Dallas. Durante los últimos treinta y cinco años ha viajado, ha dado conferencias y ha asesorado en más 180 universidades de Estados Unidos, Canadá, Europa y la ex Unión Soviética. También ha servido en las facultades de institutos de estudio bíblico norteamericanas, latinoamericanas y europeas. Jimmy puede ser contactado por correo electrónico en jwilliams@probe.org.

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El arte en nuestras vidas

¿Dónde se encuentra usted mientras lee esto? Tal vez esté sentado en su oficina, reclinado en un sillón en su casa, apoltronado en su patio trasero, sentado en el escritorio de su dormitorio, o en algún otro escenario. Piense un momento si el arte forma parte de su percepción. Si está sentado en una oficina, ¿hay arte en alguna parte de su visual? Si está reclinado en un sillón, ¿tiene el mueble alguna dimensión artística? Si está apoltronado en su patio trasero, ¿puede usar la palabra "arte" para describir alguna faceta de lo que está viendo? Si está en su dormitorio, ¿está escuchando música que sea arte?

Si tuviera el placer de dialogar con usted con relación a estas preguntas, sin duda tendríamos una conversación muy interesante. Algunos de ustedes podrían decir: "No, el arte no describe nada de lo que veo en este momento." O algunos podrían afirmar: "No había pensado en esto antes. Tendrá que darme más tiempo para pensar." Otros tal vez digan: "Sólo pienso en el arte dentro de los museos, las salas de concierto y lugares así que veneran nuestro arte." Otros podrían decir: "Sí, el arte tiene mucho que ver con mi vida diaria." Pero, dado que no puedo dialogar con usted para saber qué está haciendo en este momento, y ciertamente no puedo ver lo que usted ve, déjeme decirle dónde me encuentro yo y lo que estoy viendo mientras escribo estos comentarios. Estoy sentado en mi estudio, detrás de mi escritorio, mientras escucho música de Bach. Veo un reloj en uno de los estantes, un plato pintado a mano que compré en Eslovenia, una poesía enmarcada que me dio mi hija, varias sillas, dos lámparas de pie, un espejo con un marco de caña de bambú, dos remos de canoa que compré en las islas San Blas, en la costa de Panamá, una estatua de madera que compré en Ecuador, y una escultura colorida y particular que hizo mi hijo. Mientras menciono estas cosas, tal vez usted esté intentando imaginarlas. Está tratando de "verlas" o "escucharlas" y, al hacerlo, hay ciertos de estos ítems que podría describir como arte. Su primera respuesta podría ser que la música de Bach, el plato pintado a mano de Eslovenia o la estatua de Ecuador pueden describirse como arte. Pero, ¿qué pasa con el sillón donde estoy sentado, el escritorio, los estantes, las sillas o las lámparas? Mejor aún, ¿qué pasa con ítems similares que se encuentran donde usted vive? ¿Son arte?

Este tipo de preguntas son indicativos de los desafíos que enfrentamos cuando comenzamos a pensar en el lugar que ocupa el arte en nuestras vidas. Como cristiano evangélico, puedo afirmar que el arte y las dimensiones estéticas de la vida no han recibido mucha atención dentro de mi capacitación formal. Sólo a través de mis propios esfuerzos he comenzado a pensar en el arte desde una cosmovisión cristiana. Y he encontrado que mi experiencia es similar a la que muchos han experimentado dentro de la comunidad evangélica. Demasiado a menudo, hemos tendido a rotular el arte como irrelevante o aún perjudicial para la vida cristiana.

En realidad, esto no tiene nada de nuevo. Nuestros antepasados espirituales debatieron sobre este tipo de cuestiones. Estaban rodeados por culturas griegas y paganas que los desafiaban a considerar seriamente cómo debían expresar sus nuevas creencias. El arte los rodeaba, pero ¿podría la verdad de Cristo ser expresada legítimamente a través del arte? ¿Podrían los cristianos dar una atención positiva al arte de los no cristianos? A la luz de estas luchas, es mi intención en este artículo alentarlo a prestar atención a algunos de los elementos básicos de la cosmovisión cristiana del arte y de la estética. Creo que encontrará que nuestra discusión puede tener una aplicación significativa en su vida.

El arte y la estética

Hace unos años, estaba cenando con un grupo de jóvenes cuando nuestra conversación giró hacia el tema de la música. Durante la discusión, hice un comentario sobre cómo creía que había una diferencia cualitativa entre la música de Bach y la de un músico que era popular entre los cristianos al momento de nuestra discusión. Cuando uno de los que estaban en el grupo en nuestra mesa escuchó esto, inmediatamente respondió airadamente y me acusó de tener un prejuicio flagrante y un espíritu de juicio. Aun cuando intenté explicar lo que había dicho, el joven había determinado que yo era elitista y ya no quiso escucharme más.

Este incidente sirve como recordatorio de que una de las formas predominantes de encarar el arte es decir simplemente que "la belleza está en el ojo (oído) del que lo contempla." También sirve para mostrar que los conceptos de "bueno" o "malo," o "bello" o "feo," u otros adjetivos, forman parte de nuestro vocabulario cuando hablamos de arte. Esto es cierto, sea que creamos que dichos términos se aplican sólo a algunos individuos o a todos. El vocabulario pertenece a un campo de la filosofía que se denomina estética.

Todos nosotros tratamos con la estética en distintos momentos de nuestras vidas, y muchos de nosotros incorporamos afirmaciones estéticas en conversaciones cotidianas. Por ejemplo, podremos decir: "Esa fue una gran película." O "esa fue una película horrible." Cuando hacemos este tipo de afirmaciones generalmente no pensamos seriamente en cómo estos términos se aplican a lo que hemos visto. Estamos dando nuestras opiniones, pero esas opiniones suelen ser el resultado de una respuesta emocional inmediata. El desafío aparece cuando intentamos relacionar afirmaciones cualitativas acerca de la película como parte de una búsqueda de pautas universales que puedan ser aplicadas a todo el arte. Cuando aceptamos este desafío, comenzamos a explicar por qué algunos artistas y su arte son grandes, algunos meramente buenos, y otros son intrascendentes.

La estética y la naturaleza

Tal vez una de las formas más claras de comenzar a entender la dimensión estética de nuestras vidas es pensar cómo reaccionamos ante la naturaleza. ¿Alguna vez escuchó a alguien decir: "Ese es un atardecer feo?" Probablemente no, pero seguramente ha escuchado la palabra hermoso aplicada a los atardeceres. Y cuando escucha la frase "un atardecer hermoso" seguramente no escucha una opinión contraria. Suele haber un consenso entre quienes ven el atardecer: es hermoso. Desde un punto de vista cristiano, estas personas están ofreciendo un juicio, tanto del "artista" como del "arte." Tanto la "causa" como el "efecto" han sido ensalzados estéticamente. Las cataratas torrenciales y las montañas majestuosas, así como los atardeceres, evocan rutinariamente la respuesta estética humana. El cristiano sabe que la trama misma del universo expresa la presencia de Dios con una belleza y grandiosidad majestuosas. El Salmo 19:1 dice: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos." La naturaleza ha sido llamada "la estética del infinito." Por medio de un telescopio o un microscopio, uno puede dedicar toda una vida a estudiar alguna parte del universo-la piel, el ojo, el mar, la flora y la fauna, las estrellas, el clima. Toda la naturaleza puede ser apreciada por sus cualidades estéticas que encuentran su origen en Dios, su Creador. De hecho, podemos aseverar que "la premisa mayor de la cosmovisión cristiana, incluyendo la estética cristiana, es que Dios es el Creador." [1]

La creatividad humana

"¡Tiene una imaginación asombrosa! ¿Es usted un artista?" Le ha dicho alguien algo parecido? Si es así, tal vez usted contestó diciendo algo que rechazara la percepción de la persona de usted. La mayoría de nosotros no nos vemos como personas imaginativas y artísticas. Por cierto, la mayoría de nosotros tiende a pensar en el artista y en la imaginación como términos que sólo se aplican a ciertos individuos de élite que han dejado un legado de trabajo. "La verdad es que al hablar de arte estamos hablando de algo que es universal para la humanidad." [2] Por ejemplo, los antropólogos nos dicen que todos los pueblos primitivos pensaban que el arte era importante. [3] ¿Por que es cierto esto?

Desde la perspectiva de una cosmovisión cristiana, la respuesta se encuentra en cómo hemos sido creados. Dado que hemos sido hechos a la imagen de Dios, esto debe incluir el concepto glorioso de que nosotros también somos creativos. Después de crear al hombre, Dios le dijo que sojuzgara la tierra y la gobernara. Adán debía cultivar y cuidar del huerto (Gn. 2:15) que fue descrito por Dios como "bueno en gran manera" (Gn. 1:31). La implicación de esto es muy importante. Dios, el Creador, un amante de la belleza en su mundo creado, invitó a Adán, una de sus criaturas, a compartir el proceso de "creación" con Él. Él ha permitido a los humanos tomar los elementos de su cosmos y crear nuevas configuraciones con ellos. Tal vez esto explique por qué nos resulta tan satisfactorio crear cualquier cosa. Podemos expresar un impulso dentro nuestro que nos permite hacer algo que los humanos comparten en forma única con su Creador.

En consecuencia, Dios ha puesto delante de la raza humana una mesa para un banquete, repleta de exquisiteces estéticas. Él ha provisto los ingredientes básicos, e invita a quienes han sido hechos a su imagen a ejercer sus capacidades creativas en la mayor medida posible. Hemos sido privilegiados como ninguna otra criatura para hacer y disfrutar del arte.

Sin embargo, hay un lado oscuro en esto, porque el pecado entró y afectó a toda la vida humana. Ha surgido una naturaleza torcida y desviada, que ha manchado cada campo de acción o expresión humana, arruinando los resultados consistentemente. La verdad desafortunada es que la creatividad otorgada divinamente siempre estará acompañada en la vida terrenal por la realidad y la presencia del pecado expresadas a través de una raza caída. El hombre es el Dr. Jekyll y el Sr. Hyde: un noble portador de imagen y un animal moralmente lisiado. Por lo tanto, sus obras de arte son agridulces.

Entender esta dicotomía permite a los cristianos apreciar genuinamente algo de la contribución de cada artista, compositor o autor. Dios es soberano y dispensa los talentos artísticos sobre quienes Él quiere. Mientras que las Escrituras nos impiden emular los estilos de vida de algunos artistas o condonar algunas de sus perspectivas ideológicas, no obstante podemos admirar y apreciar su talento, que en última instancia encuentra su fuente en Dios.

El hecho es que si Dios puede hablar a través de un arbusto ardiente o el asno de Balaam, ¡también puede hablar a través de un artista hedonista! La pregunta nunca puede ser cuán digno es el recipiente sino, más bien, ¿ha sido expresada la verdad? La verdad de Dios sigue sonando hoy desde la Biblia, desde la naturaleza, y aun desde la humanidad caída.

Gracias a la Caída, la belleza absoluta ya no está en el mundo. Pero la participación el la dimensión estética nos recuerda la belleza que existió alguna vez, y anticipa su brillo futuro. ¡Con tanta belleza presente hoy capaz de quitarnos la respiración, aun en este mundo no redimido, uno sólo puede especular acerca de lo que espera a quienes aman a Dios!

El arte y la Biblia

¿Qué dice la Biblia acerca del arte? Felizmente, la Biblia no pide a los cristianos que desprecien el arte. De hecho, el arte es imperativo cuando se lo considera desde el mandato bíblico de que todo lo que hagamos debe ser hecho para la gloria de Dios (1 Co. 10:31). Debemos ofrecerle lo mejor que tengamos-intelectualmente, artísticamente y espiritualmente. Además, en el centro mismo del cristianismo se encuentra la encarnación ("la Palabra hecha carne"), un evento que identificó a Dios con el mundo físico y le dio dignidad. Un Hombre real murió en la cruz y fue depositado sobre una tumba real y dura como una piedra. Las ideas griegas de "otro mundo" que fomentaron una perspectiva manchada y depravada de la naturaleza (y, por ende, de la estética) no encuentran lugar en el cristianismo bíblico. La dicotomía entre lo sagrado y lo secular es, por lo tanto, ajena a la fe bíblica. La afirmación de Pablo, "todas las cosas son puras para el puro" (Tit. 1:15), incluye el arte. Si bien podemos reconocer que la creatividad humana, como todos los demás dones que Dios nos ha otorgado, puede ser usada incorrectamente, no hay nada inherente malo o más malo en el arte que en otras áreas de la actividad humana.

El Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento está repleto de ejemplos que confirman la dimensión artística. Éxodo 25 muestra que Dios ordenó la arquitectura hermosa, junto con otras formas de arte (labrado de metales, diseño de vestimenta, tapicería, etc.), en la construcción del tabernáculo y luego el templo. Aquí encontramos algo único en la historia: ¡obras de arte concebidas y diseñadas por el Dios infinito y luego transmitidas y ejecutadas por sus aprendices humanos!

La poesía es otra evidencia del amor de Dios por la belleza. Una gran parte del Antiguo Testamento, incluyendo los Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, porciones de los profetas, y Job, ciertamente contienen poesía. Dado que Dios inspiró las palabras mismas de las Escrituras, sigue lógicamente que Él inspiró la forma poética de estos pasajes.

La música y la danza se encuentran frecuentemente en la Biblia. En Éxodo 15, los hijos de Israel celebraron la victoria de Dios sobre los egipcios en el Mar Rojo con cantos, danza y tocando instrumentos. En 1 Crónicas 23:5, encontramos músicos en el templo, y sus instrumentos han sido hechos específicamente por el rey David para alabar a Dios. Y debemos recordar que la poesía lírica de los Salmos fue hecha inicialmente para ser cantada.

El Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento también incluye perspectivas artísticas. El ejemplo más obvio es Jesús mismo. Antes que nada, su oficio era carpintero, un artesano habilidoso (Mr. 6:3). Segundo, sus enseñanzas están llenas de ejemplos que revelan su sensibilidad ante la belleza que lo rodeaba: el zorro, el nido del ave, el lirio, el gorrión y la paloma, los cielos refulgentes, una vid, una semilla de mostaza. Jesús también era un experto contador de historias. Hizo buen uso de su propio contexto cultural para impartir su mensaje, y a veces lo hizo bastante dramáticamente. Muchas de sus parábolas eran historias ficticias, pero no obstante fueron usadas para enseñar verdades espirituales a través de la imaginación.

También debemos recordar que toda la Biblia no es sólo revelación, sino que es en sí misma una obra de arte. Y esta obra de arte "ha sido la mayor influencia individual sobre el arte. Arroja más luz sobre el proceso creativo y sobre el uso del arte que ninguna otra fuente, porque en ella se encuentran las grandes verdades acerca del hombre y de Dios, que son los manantiales del arte." [4]

Cómo evaluar el arte

¿Puede ayudarnos la Biblia a evaluar el arte? Pensemos en los conceptos que encontramos en Filipenses 4:8:

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Pensemos por un momento en este versículo para ver si podría al menos darnos el comienzo de un marco para evaluar y disfrutar el arte.

Pablo comienza con la verdad. Al considerar el arte el cristiano se ve obligado a preguntar: "¿Es esto realmente verdadero?" Opera la vida auténticamente de esta forma a la luz de la revelación de Dios? Y los cristianos deben recordar que la verdad incluye los aspectos negativos además de positivos de la realidad.

La segunda palabra se refiere al concepto de honestidad o dignidad. Esto puede referirse a lo que dijimos antes en este artículo acerca de la naturaleza del hombre: tenemos dignidad aun cuando seamos pecadores. Esto da una base, por ejemplo, para rechazar las afirmaciones en la obra del artista Francis Bacon. Bacon pintaba medias verdades. Presentaba un deterioro y un desaliento desesperanzado, pero no presentaba el honor y la dignidad del hombre.

La tercera clave para la comprensión estética tiene que ver con la dimensión moral: lo justo o lo correcto. No todo arte hace una afirmación moral, pero cuando lo hace el cristiano debe enfrentarlo, y no ignorarlo. Por ejemplo, el cuadro de Picasso, Guernica, es una poderosa declaración moral que protesta por el bombardeo de los alemanes a un pueblo de ese nombre justo antes de la Segunda Guerra Mundial. Una protesta contra la injusticia es un clamor por la justicia.

La pureza es el cuarto concepto. También está relacionado con la moral, contrastando lo que es inocente, casto y puro con lo que es sórdido, impuro y mundano. Por ejemplo, no hace falta ser un crítico profesional de teatro para reconocer y apreciar el amor fresco e inocente de Romeo y Julieta, ni para distinguirlo de las correrías eróticas de un Don Juan.

En tanto que los primeros cuatro conceptos tienen que ver con las afirmaciones artísticas, el quinto se centra en la belleza pura: "Todo lo amable [agradable]. Si hay poco para evaluar moralmente y racionalmente, aun estamos libres para apreciar lo que hay de bello en el arte.

El sexto concepto, todo lo que es de buen nombre, nos impulsa a evaluar la vida y el carácter del artista. El estilo de vida lejos de ejemplar de un artista puede manchar en algo su contribución artística, pero no la borra necesariamente. El arte más grande es verdadero, expresado hábilmente, imaginativo y no obstaculizado por los problemas personales y emocionales de sus generadores.

La excelencia es otro concepto mas. Es un término comparativo; supone que alguna otra cosa no es excelente. El foco está en la calidad, que merece mucha discusión. Pero una señal segura de ella es la artesanía: la pericia técnica. Otra señal es la perdurabilidad. El gran arte perdura.

El último concepto es la alabanza. Aquí nos interesa el impacto o el efecto del arte. El gran arte puede tener poder y, por lo tanto, es una herramienta de comunicación vigorosa. He aquí el carácter de "espada de dos filos" del arte. Puede impulsar a la cultura a grandes alturas, y puede ayudar a llevar a la cultura a la ruina. Pablo refuerza este versículo sustancioso diciendo que debemos dejar que nuestras mentes "piensen en esto," un recordatorio de que el cristianismo florece en la inteligencia, y no en la ignorancia, ni siquiera en el mundo artístico.

Por lo tanto, mi esperanza es que seguiremos la dimensión artística de nuestras vidas con inteligencia e imaginación. El mundo necesita ver y oír a los cristianos comprometidos con el arte para la gloria de Dios.

Notas

1.                 C. Nolan Huizenga, "The Arts: A Bridge Between the Natural and Spiritual Realms" (El arte: un puente entre el mundo natural y el mundo espiritual), en The Christian Imagination, ed. Leland Ryken (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1981), 70.
2. Nicholas Wolterstorff, Art in Action (El arte en acción - Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1980), 4.
3. Ibid.

4. Frank E. Gaebelein, "Toward a Biblical View of Aesthetics" (Hacia una perspectiva bíblica de la estética), en he Christian Imagination, ed. Leland Ryken (Grand Rapids, Mich.: Baker, 1981), 48-49.

 

 

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Actualizado: 14/04/2004